Con el apoyo de los senadores Guillermo Jenefes y Marcelo Guinle, el oficialismo logró emitir el despacho que será debatido el próximo viernes. Fue clave para el kirchnerismo el reemplazo de dos posibles senadores díscolos del plenario de comisiones.
El ajustado margen con el que el oficialismo logró las firmas necesarias para conseguir el dictamen, explica el carácter estratégico que tuvieron los reemplazos de los senadores Elida Vigo y Roberto Urquía, en las comisiones de Comunicación y de Industria. En Comunicación –presidida por Jenefes–, si no hubieran reemplazado a la misionera Vigo por el santacruceño Nicolás Fernández, no habrían llegado al piso necesario para lograr el dictamen.
Tampoco lo habrían conseguido si el chubutense Guinle, a pesar de su disidencia, no hubiera firmado junto al bloque K en Asuntos Constitucionales y en Presupuesto. El dato conlleva una lectura política. Su comprovinciana, Silvia Giusti, privilegió sus críticas al proyecto y no firmó con el Gobierno. A diferencia de Guinle, Giusti, cuyo mandato finaliza el 10 de diciembre, tiene mayor adhesión al gobernador de Chubut, Mario Das Neves.
Por teléfono, el catamarqueño Ramón Saadi pidió que incluyeran su firma acompañando la iniciativa del Gobierno en la Comisión de Industria. Algo que Cristina Fernández había desterrado de las prácticas de la Cámara alta y que la actual conducción de la bancada está recuperando por necesidad.
El oficialismo se mostró eficaz a la hora de encolumnar a los suyos. La mendocina Mónica Troadello, que había evitado pronunciarse durante todo el debate, ayer confió a este diario que su principal cuestionamiento estaba puesto en el artículo 161 de la iniciativa. Después de destacar que la habían convencido, subrayó que el voto tiene una clara "decisión política".
El jefe del bloque K, Miguel Ángel Pichetto, aventuró que el proyecto "es una muy buena ley". Y el interventor del Comfer, Gabriel Mariotto, dijo que la oposición pretendió dilatar el tratamiento del proyecto. Sobraron las palabras y aparecieron las lápiceras. La primera fue la de Jenefes. En su despacho los teléfonos no descansan y reciben todo tipo de mensajes y críticas del público. Incluso el de un hombre que se identificó como un ex secretario de Perón. Llegan tarde, Néstor se impuso.






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