La medida fue cuestionada tanto por sus aliados como por la oposición; sí habrá un plebiscito sobre las propuestas políticas y potenciales enmiendas a la carta magna
El gobierno convocará antes de octubre próximo una consulta popular en la que se inquirirá a los brasileños sobre el contenido de la reforma política que reclaman las manifestaciones que desde hace dos semanas sacuden a Brasil.
"Hay una polémica constitucional: si hay espacio en la Constitución brasileña para una constituyente de esa naturaleza o no. Varios juristas de peso sustentan que hay. Sin embargo, no tenemos tiempo hábil para realizar una constituyente. Por eso, la presidenta habló en su discurso de un plebiscito", dijo ayer el ministro de Educación, Aloizio Mercadante.
Horas antes, el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, había señalado que aunque el gobierno estudiaba otras alternativas a la asamblea constituyente, en lo que no estaba dispuesto a ceder era en la consulta popular. "El objetivo es la reforma política y la sociedad toda debe participar en el proceso", dijo.
Sus dichos llegaron luego de que Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), se reunió con los presidentes de la Orden de Abogados de Brasil (OAB), Marcus Vinicius Coelho, y del Movimiento de Combate a la Corrupción Electoral, Marlon Reis, quienes indicaron que la constituyente no sería necesaria, ya que la cuestión puede resolverse con enmiendas específicas, que volverían más rápido el proceso.
Además de la reforma política, en su reunión de anteayer con gobernadores y alcaldes, Rousseff había presentado propuestas para aumentar las inversiones en transporte, educación y salud, así como para mantener el equilibrio fiscal para combatir la inflación.
"Buscamos mostrar que es posible, necesario, urgente, más rápido y efectivo hacer una reforma política alterando la ley de elecciones y la de partidos políticos, sin cambiar la Constitución, dijo Coelho.
Otras autoridades criticaron la decisión de Dilma, expresaron su temor a modificar la Constitución de 1988 y advirtieron sobre el riesgo institucional que implicaría un proceso semejante.
"El prestigio que Brasil tiene hoy en el exterior está vinculado al progreso institucional, al respeto de las reglas de juego y a la independencia de poderes. Anoche [por anteanoche], Brasil se fue a dormir parecido a Alemania, España, Italia y Portugal en términos de estabilidad institucional, y amaneció como Venezuela o Bolivia", comentó el juez Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal, órgano que tendría la última palabra sobre la constitucionalidad o no de la reforma.
Su colega de la Corte Suprema Joaquim Barbosa, presidente del máximo tribunal, opinó que aunque el país atraviesa una grave crisis, no está en peligro y abogó por incluir a la sociedad en el proceso de reforma.
"La democracia brasileña no corre riesgo; Brasil tiene una democracia sólida para pasar por turbulencias como éstas. Hay necesidad de incluir al pueblo en las discusiones sobre las reformas. Brasil está cansado de reformas de cúpula", dijo tras un encuentro con la mandataria en el Palacio del Planalto.
Incluso el vicepresidente, Michel Temer, del aliado Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), rompió filas con su jefa y se opuso a una asamblea constituyente limitada a hacer modificaciones del capítulo político de la Carta Magna.
"Es inviable, y lo digo hace años; una constituyente no es específica, es romper el orden jurídico porque por más que sea específica, se abren muchos temas", dijo Temer.
En el Congreso, la oposición, liderada por el Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), defendió la idea de una reforma, pero no a través de una constituyente, sino por enmiendas realizadas por los propios legisladores. "Creemos que éste es el lecho más seguro, más natural. Una reforma que pueda ser discutida por el Congreso y, si es aprobada, sometida a un referéndum" , destacó el senador Aécio Neves, precandidato presidencial del PSDB para las elecciones del próximo año.
Mientras tanto, en las calles la tensión iba en aumento pese a que las nuevas protestas que se realizaron ayer fueron mucho menos multitudinarias que las de la semana pasada. De cualquier modo, las autoridades de Belo Horizonte temen que hoy se produzcan fuertes enfrentamientos entre la policía y los manifestantes que marcharán hacia el estadio Mineirão, donde Brasil y Uruguay se enfrentarán en una semifinal de la Copa de Confederaciones..


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