La orden funcional de un juez de faltas reavivó un conflicto social que lleva años sin una solución aparente, en torno a una obra millonaria pero resistida por los vecinos.
Si bien el superintendente de Zona Norte de la policía de la provincia de Buenos Aires, comisario Guillermo Britos, confirmó que se actuó en base a la orden “de decomiso” de los elementos de los manifestantes librada por el Juzgado de Faltas Nº3 de Vicente López, en la práctica se trató de un desalojo encubierto, ya que los manifestantes finalmente fueron sacados del lugar y a los que permanecían sobre los árboles se les negó la posibilidad de permanecer en el lugar. Y quienes intentaron flanquear el retén policial, terminaron “demorados”, como el concejal Gustavo De Benedetti y el abogado Miguel Quintabani.
Desde bien temprano se desplegó el operativo policial que arrasó con los elementos de los acampantes en la zona del “bosquecito”. Allí fue donde la protesta por la construcción de Vial Costero encontró refugio. Primero habían estado en los metros donde se inicia la obra hasta que las topadoras tiraron abajo los locales gastronómicos, luego se instalaron en el campo de deportes Nº3 junto a Boy Scouts y los defensores de la pista de bicicross. De cada uno de esos lugares fueron corridos mediante el uso de la fuerza policial a medida que pasaron los meses.
La jornada vivida este miércoles en Vicente López es la lamentable reiteración de la represión de una protesta que no se limita al sector que logró visibilidad en los medios, y es apoyada por una serie de presentaciones en sede judicial y ante la Defensoría del Pueblo sobre las carencias legales que envuelven a la obra, de costo millonario y objetivos poco claros.
Bajo la argucia de una orden de un Juez de Faltas municipal se escondía la liberación del sector donde se refugió el último bastión de resistencia, donde un grupo de pibes le ponían el cuerpo a las topadoras y hormigoneras que avanzan. Los árboles que allí crecen fueron plantados por una iniciativa apoyada en su momento por el municipio a través del Concejo Deliberante para homenajear a los héroes de Malvinas. “Sólo” una docena de ellos –según el municipio- serán talados, pero quienes siguen de cerca la evolución de los proyectos inmobiliarios fogoneados por la administración que encabeza Enrique García, saben que para este lugar existe un proyecto para levantar un centro comercial. Existen grises en los planos –lo poco que se conoce dentro de tamaño proyecto- que permiten pensar que si ya se avanzó tanto sobre lo público, nada parece indicar que ésta sea la excepción, y que finalmente “el bosquecito” termine desapareciendo por completo o reducido a su mínima expresión de naturaleza en un distrito con conocida falencia de espacio público.
Cuando anoche el Fiscal John Broyard medió con los manifestantes, su propuesta era que por la propia seguridad de los manifestantes descendieran de los árboles, y que luego pudieran permanecer en el lugar. Pero la policía contaba con sus propios negociadores (como los que habitualmente actúan en otro tipo de casos, como tomas de rehenes), y el “encargado” del operativo desde el municipio de ningún modo adhería a esta posibilidad, con el ronco argumento de que es una “zona de obras”.
Finalmente los jóvenes optaron por descender de los árboles con la seguridad de que uno de sus objetivos estaba cumplido, que el país entero sepa del conflicto existente, de su defensa del espacio público, de su convicción que la obra es más para servir a los intereses inmobiliarios que se erigen en los extremos del Vial que a crear un espacio recreativo y seguro para las familias que utilizan la zona para su esparcimiento.
Esta mañana InfoBAN constató que “el bosquecito” es una “zona de obras”. Custodiado por un cordón policial ubicado detrás de la vallas sobre el inicio de la calle San Martín, el lugar es un hervidero de camiones y maquinaria que avanza y al que no se permite el acceso.
Delante del vallado los restos de colchones y otros elementos que utilizaron durante el acampe, y el tizne de una fogata ya extinguida completan el paisaje.
Frente a la municipalidad un grupo comenzaba a concentrarse e instalar mesas informativas, y por las redes sociales se convoca a participar de una concentración allí y posterior marcha a partir de la 19.
Esta es una incompleta descripción de una parte de la larga historia de un proyecto que desde sus oscuros inicios siempre fue mal presentado, quizá adrede, por el Ejecutivo municipal, que hasta reniega del nombre de Vial Costero e intenta rebautizarlo como Paseo de la Costa, cuando el Paseo de la Costa ya lo habían creado una década atrás recuperando la zona, pero por algún extraño motivo decidieron que había que volver a hacerlo, pero tirando abajo la parte buena. Triste presentación para una obra que le cuesta millones a los vecinos, y visiblemente resistida.


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