Cristina y su tierna afición por esos animalitos de Dios

Por: Julio Blanck.

Más respeto y mucho cuidadito con pasarse de listos. No es promoción de algún zoológico privado y elegante. Tampoco es propaganda subliminal de Animal Planet. Quizá sea sólo una efusión de verano. O el enamoramiento con las propias palabras y ocurrencias, a favor del aplauso fácil de públicos situados allí para hacer exactamente eso: aplaudir. La cuestión es que la Presidenta viene insistiendo desde enero con sus alusiones a diversos animalitos.

En general esas menciones tienen tono chacotero. Se las atribuyó a un intento por ablandar su propensión a la diatriba y el reproche. Pero pronto quedó claro que el talante de Cristina va para ese lado y ella no tiene intención de contradecirlo. Así, los animalitos quedaron como adorno, más o menos feliz, de sus innumerables discursos.

En enero, arrancó con la más festejada de sus incursiones zoológicas. En la Casa Rosada dijo así: "La carne de cerdo siempre ha tenido mala prensa. Pero acá acaban de agregar un dato que yo desconocía y que era que la ingesta de cerdo mejora la actividad sexual. No es un dato menor. Además, yo estimo que es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra".

Días después volvió a la carga. Y dijo:"Yo también creo que los pollos tienen sus virtudes. Tal vez no sean afrodisíacas, como las de los cerditos, pero sí adelgazan. Uno cuando come pollo es una carne muy magra, sobre todo la pechuga. A lo mejor comer pollo nos hace volar también, pero volar con cosas buenas. Volemos con pollos y comamos cerdos".

Esa vez, en Capitán Sarmiento, abundó: "Yo quiero hablar de otro animalito, que no es tan lindo como los cerditos o los pollitos. Yo quiero hablar de los buitres. Esos pájaros feos, negros, que siempre sobrevuelan anunciando desgracias y cataclismos. Hay fondos buitres afuera. Y quiero hablar de los buitres de adentro. Hay una política buitre en la Argentina".

Arremetió de vuelta en Misiones. Al inaugurar el ciclo escolar dijo: "Cuando llegué me recibió un maestro con una madera, con un loro que está en extinción. Es un loro precioso. Le dicen de pecho vinoso porque es medio rosado el pecho. Yo decía: qué lástima este loro tan bonito en extinción. Tantos loros que hay por allá. A veces parece que se multiplicaran. Y hay de esas que se arrastran, que no hay que mencionarla porque dicen que es mala suerte. Yo también he visto algunas. No muchas. Pero algunas hay".

Esta semana a la Presidenta se le dio por la merluza. En plena presión a los productores de carne para bajar los precios astronómicos, se apersonó a unos carritos estacionados junto a la Casa Rosada, parte de una campaña para abaratar ese pescado, y compró algunos filetes que pagó el siempre diligente Oscar Parrilli, secretario de la Presidencia, a quien ella ordenó en voz alta: "Pagá, Parrilli, pagá".

Cerdos, pollos, buitres, loros, víboras y merluzas. Si la Presidenta, como figura rectora, nos señala que ésa línea se impone, ya podemos intuir quiénes serán protagonistas en los agitados tiempos políticos que vienen.

Seguirá siendo influyente El Chivo Agustín Rossi, hombre de Rosario, kirchnerista recalcitrante y eficaz jefe del bloque de diputados oficialistas. Y habrá que mantener un buen rato más entre los nombres de peso político a El Mono José María Díaz Bancalari, peronista áspero y frontal de San Nicolás.

En la oposición, atención con La Hormiguita Graciela Ocaña, batalladora contra la corrupción en el bando en el que le toque actuar. Y mejor apostarle unas fichas a La Mula Roberto Iglesias, radical que supo ser gobernador de Mendoza antes de Julio Cobos.

En el sindicalismo los que pueden tallar fuerte son varios. Con apodo de origen mitológico El Centauro Andrés Rodríguez, mandamás del mayor gremio de trabajadores públicos. También El Caballo Omar Suárez, patrón del sindicato de obreros marítimos. Y desde el gremialismo clasista El Perro Carlos Santillán, municipal jujeño.

En fin, que habrá animaladas por largo tiempo. Claro que en esto no hay nada demasiado nuevo: los políticos con apodo zoológico vienen de la historia. Tanto que tuvimos como presidentes a El Peludo Hipólito Yrigoyen y también a Arturo Illia, a quien sus detractores acosaban llamándolo La Tortuga.

En la década pasada, sin ir más lejos, supieron relucir dos hombres que llegaron alto en posiciones de gobierno. A uno, que presumía de cierto favor entre las damas, los que no lo querían le decían Hipocampo, porque "se cree un potro pero es un pescado". A otro, que trajinó varias gestiones peronistas salvando siempre el pellejo propio, sus enemigos lo llamaban Murciélago, porque "no pone el hombro ni siquiera para dormir".

¿Sus nombres? Sepan disculpar. Se mantendrán en reserva.

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