La Presidenta lanzó la idea en el almuerzo que compartió con la CGT. Dijo que los salarios no generan inflación y que no habrá reclamos de aumentos "desestabilizadores"
"Este Gobierno ha sido el que ha decidido pagar la deuda que no contrajo y esa decisión seguirá siendo así", reiteró la Presidenta a la vez que insistió en los ejes de sus últimos discursos, en los que blandió la denuncia de la existencia de un complot destituyente contra su gestión, maniobra en la que involucró a la oposición política y a la Justicia.
La novedad del encuentro llegó con la convocatoria al acuerdo social. Y el Gobierno se encargó de preparar el terreno para que, en la consideración de los gremios, la iniciativa no cayera en saco roto. Por eso, antes del encuentro de Olivos, la primera línea sindical ya estaba al tanto de dos decisiones del Ejecutivo que le garantizarán unos $ 800 millones adicionales a la caja de las obras sociales sindicales.
El resto de estrategia para sumar el respaldo sindical a la convocatoria al diálogo tripartito fue obra del discurso de Cristina. Fiel a la línea con la que machacan los gremios ante la inminencia de cada ronda de paritarias, la jefa de Estado pidió "terminar con el verso recurrente de que los salarios generan inflación" y aseguró que no habrá reclamos de aumentos "abusivos ni desestabilizantes" en las discusiones salariales ya en marcha, donde los planteos de recomposición se ubican entre el 25% y el 30%. Esas palabras, que cosecharon fuertes aplausos entre gremialistas, gobernadores, ministros y funcionarios que colmaron las mesas del quincho de Olivos, fueron interpretadas en la conducción cegetista como una señal de que el Gobierno no busca imponer un techo rígido a la negociación salarial y que entiende "al salario como una variable clave para sostener el consumo interno", según la descripción de un importante referente cegetista.
Esa lectura pareció reforzada, además, por los ejes que Cristina mencionó como la base del "acuerdo (social) superador" que aspira a poner en marcha en los próximos meses. "Este acuerdo debe tener como presupuesto la certeza de que el desarrollo del mercado interno es condición sine qua non de cualquier proyecto en la Argentina para que haya viabilidad institucional y social", enfatizó. Y, mirando de reojo al ex presidente Néstor Kirchner, ubicado en una mesa central, consideró que es "el momento apropiado"
para avanzar en la meta del diálogo "por la experiencia de las ultimas décadas, cuando han querido instalar un monetarismo que no es que pasó de moda, sino que fracasó".
Junto con la apuesta por el sostenimiento del mercado interno, la mandataria mencionó que el resto de las bases de la propuesta de acuerdo social contemplan la protección de la producción nacional, el financiamiento productivo, la capacitación de recursos humanos y el desendeudamiento del país, un dato insoslayable en medio de la polémica por el uso de las reservas del Central.
La propuesta reunió cierto entusiasmo cerca de Moyano y entre los referentes de los "gordos" que se llegaron hasta Olivos. Las dudas se concentraron en la factibilidad política de su implementación. "El Gobierno quiere recuperar protagonismo, pero avanzar en un acuerdo también requiere de señales políticas que hoy están ausentes", advirtió un dirigente.
Otro sindicalista, más próximo a Moyano, explicó que el nuevo llamado del Gobierno al diálogo social es diferente de la propuesta de conformar un Consejo Económico y Social, con el cual trabajaron el año pasado representantes sindicales y empresarios, y adelantó que la próxima semana comenzarán las conversaciones con funcionarios del Ejecutivo para dar forma al proyecto. "Es muy importante un acuerdo de estas características para definir claramente el país que queremos", remarcó el sindicalista.
En la CGT avalaron el nuevo llamado al diálogo, pero plantearon dudas sobre su aplicación



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