Cristina primero contra los rulos, ahora contra el verso

Por Jorge Oviedo

La inflación no sólo no existe en las estadísticas ni en las preocupaciones oficiales, tampoco es considerada por la presidenta Cristina Kirchner cuando recita cifras que valora como positivas en sus apariciones en la cadena nacional de radio y televisión. Si se considera el aumento de los precios, los números pueden tener otra interpretación.

Porque, además, también confunde otros temas. Por ejemplo, en su última aparición en cadena para anunciar que reglamentaría la ley de regulación de las prepagas pareció señalar que las bondades de un marco normativo se deciden por la simple constatación de si las empresas ganan dinero o no.

Lo dijo así: "Siempre se identifica -y quiero comenzar a desmitificar un poco esto de la regulación- como que si la regulación impidiera la rentabilidad. Pocas cosas deben tener mayor grado de regulación y contralor que, por ejemplo, las entidades financieras. (...) Y, sin embargo, fíjense, debe ser uno de los sectores hoy más rentables de la economía". Y agregó: "Con lo cual, regulación no significa afectar rentabilidad; ese verso fue un verso de las políticas neoliberales de los años '90 que ya, sinceramente, no se lo traga más nadie".

Sin necesidad de recordar el apoyo que el matrimonio Kirchner dio a Carlos Menem, y convertibilidad y la privatización de YPF, vale la pena observar algunos problemas del discurso actual.

Uno de los problemas del discurso oficial es saber si la rentabilidad se mide o no en términos reales .

El primero es saber si la rentabilidad se mide o no en términos reales. Es decir, si supera a la inflación. Y en muchos casos, justamente en el sistema financiero, parece que no. Si las empresas se están descapitalizando, entonces no existen tales ganancias, que son simplemente nominales. Como el asalariado al que le actualizan 15% los haberes, mientras el costo de vida se encarece más de 20.

Pero además, aunque las empresas ganen dinero ¿quiere decir eso que las regulaciones son buenas? No necesariamente. Si las regulaciones eliminan la competencia, por ejemplo, o protegen a sectores imponiéndoles sobrecostos a sus usuarios o consumidores obviamente habrá ganancias empresariales, pero costo para el público en general.

Y en el caso del sistema financiero no sólo importan las regulaciones, sino también la orientación que impone la política monetaria y cambiaria. En la actualidad, el nivel de emisión monetaria impulsa la inflación y desalienta el ahorro. El Gobierno ha fracasado, además, en hacer retornar el crédito de largo plazo, en particular el hipotecario.

El Gobierno ha fracasado, además, en hacer retornar el crédito de largo plazo, en particular el hipotecario.

La razón es sencilla: nadie deposita a mediano y largo plazo para ver cómo a sus pesos los devora la inflación. Y sin depósitos a mediano y largo plazo tampoco hay crédito.

Tampoco consideró la inflación la Presidenta cuando habló de los multimillonarios ingresos de las obras sociales, que se multiplicaron por más de seis entre 2003 y 2010.

Por supuesto que fue porque aumentaron el empleo y los salarios. También porque se subió la presión impositiva sobre los salarios que las favorece, cosa que Cristina Kirchner reconoció aunque mencionó con otras palabras. Y también por la inflación, de modo que parte de ese aumento es "espuma". También habría que pensar que si parte del aumento de la recaudación es por mayor empleo, también aumentó el número de afiliados, por lo cual el incremento real es todavía menor.

También la Presidenta tiende a señalar que cuando hay pocas empresas en una actividad o que se concentran la mayor parte de los usuarios o consumidores en pocos prestadores, hay automáticamente ganancias. Lo dijo en el caso de las prepagas.

Pero no es necesariamente así. Por ejemplo, la telefonía fija está en muy pocas manos. Pero con las tarifas congeladas hace más de una década, la rentabilidad sólo viene por la aparición de otros servicios, como los de banda ancha y telefonía IP. Sin posibilidad de agregar esas fuentes de facturación, pocas cosas deben ser menos rentables hoy que un teléfono público, un mercado donde los prestadores están mucho más concentrados que en la mayoría de las actividades.

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