Cristina, Alfonsín y sus juegos de palabras

Fernando Laborda

El toque de misterio, no exento de ciertos tintes dramáticos tan caros a la tradición peronista, que Cristina Kirchner le puso a su candidatura a la reelección presidencial ha provocado efectos contradictorios.

Por un lado, le permitió a la Presidenta seguir en el centro de la escena. Desató una suerte de incertidumbre positiva, que hizo que últimamente se hablara en todos los medios más de ella que de la oposición. Y alimentó gestos, declaraciones y ruegos de dirigentes y militantes kirchneristas, que constituyeron el primer paso del operativo clamor, otra tradición siempre venerada aunque cada vez menos espontánea y más artificial.

Por otro lado, el "que sí, que no" de Cristina Kirchner despierta una percepción de inseguridad, de confusión y hasta de debilidad. Por cierto que la actual primera mandataria tiene muy poco en común con Isabel Perón, pero a veces, quizás inconscientemente, parece poner empeño en parecerse a la ex presidenta.

Sus apelaciones a los inmensos esfuerzos emocionales y físicos que ha debido hacer para seguir adelante, y a las dificultades familiares que ha debido enfrentar, seguramente conmoverán a parte de la ciudadanía. Mas también pueden provocar que algunos votantes se pregunten si esa mujer que se declara cansada , que afirma que ya lo dio todo y que, públicamente, no se muestra entusiasmada por continuar en la Casa Rosada es la mejor postulante.

Con todo, Cristina Kirchner sigue comportándose como candidata. Nadie podría explicar por qué se preocupa tanto por Hugo Moyano si no estuviera pensando en continuar al frente del Poder Ejecutivo. Y mucho menos podría entenderse por qué nadie en el oficialismo está pensando en un plan B si ella no se va a postular para su reelección. Como señalamos hace una semana, sigue siendo más candidata que nunca.

Con este juego casi teatral, la Presidenta opaca a los actores de la oposición, relegándolos a papeles de reparto. Sin embargo, los plazos van llegando a su término.

Este domingo, todos concentrarán sus miradas en las elecciones primarias para designar candidatos a gobernador de Santa Fe. Los temores de que el mandatario provincial, el socialista Hermes Binner, abandone la alianza nacional con Ricardo Alfonsín si triunfa su delfín, Antonio Bonfatti, se fueron diluyendo en las últimas horas.

Alfonsín intentó calmar a los socialistas al aclarar que el acuerdo que procura con Francisco de Narváez se limitaría al distrito bonaerense . El tema fue objeto de una charla personal entre el candidato presidencial del radicalismo y el postulante a gobernador bonaerense. La reunión transcurrió con gran cordialidad, pero las diferencias subsisten: De Narváez aboga por una coalición nacional lo más amplia posible, que no puede excluir al peronismo no kirchnerista; aboga también por mostrar en el último tramo de la campaña electoral un posible gabinete de ministros emergentes de esa coalición electoral. Alfonsín no puede, no quiere o no sabe si debe avanzar tanto. "Queremos ganar, pero no a cualquier precio", sugirió. Una frase que será la comidilla de analistas políticos y semiólogos hasta el 14 de junio, cuando venza el plazo legal para definir las alianzas.

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