Una crisis política hunde aún más en el caos a Irak

Una crisis política hunde aún más en el caos a Irak

El presidente nombró a un nuevo primer ministro para formar gobierno, pero Al-Maliki se niega a dejar el cargo

 Mientras los jihadistas sunnitas prosiguen su feroz ofensiva en el norte del país que amenaza con provocar un desastre humanitario, una crisis política hundió ayer aún más en el caos a Irak, después de que el presidente Fuad Masum nombrara al chiita Haider al-Abadi como primer ministro, en reemplazo del muy cuestionado Nouri al-Maliki, que no esta dispuesto a dejar el cargo.

"El país está ahora en sus manos", le dijo Masum a Al-Abadi, hasta ahora vicepresidente del Parlamento, que tendrá la titánica tarea de formar un gobierno de unidad en los próximos 30 días y salvar al país de la desintegración.

El caos político no sólo resonó en Bagdad, sino que complicó aún más a los cientos de miles de refugiados que huyen del avance del grupo jihadista Estado Islámico (EI) y se encuentran atrapados en el monte Sinjar, sin agua ni comida.

Tanto Estados Unidos, que comenzó la semana pasada a bombardear posiciones de los extremistas islámicos en el país, como la Unión Europea (UE) aplaudieron de inmediato la designación del nuevo premier en lugar de Al-Maliki, a quien acusan de dividir a Irak y alienar a la minoría sunnita.

"Este nuevo liderazgo tiene la difícil tarea de recuperar la confianza de sus ciudadanos con un gobierno inclusivo", declaró desde la isla de Martha's Vineyard, donde pasa sus vacaciones, Barack Obama, que urgió a una transición pacífica del poder en Bagdad. "La única solución es que los iraquíes se unan y formen un gobierno inclusivo", dijo el presidente, que realizó reiteradas críticas a Al-Maliki por gobernar en forma excluyente para favorecer a la mayoría chiita iraquí.

Minutos más tarde, un combativo Al-Maliki dijo que la nueva designación "no tendrá efectos".

"Yo continúo con mi nominación. Estados Unidos se puso del lado de los que violaron la Constitución", añadió el primer ministro saliente.

Sus declaraciones tuvieron el mismo tono desafiante de anteanoche, cuando en un discurso televisivo amenazó con demandar a Masum por abuso de autoridad, y desplegó luego a sus fuerzas de elite en las principales calles de Bagdad, en una demostración de fuerza.

Pese a las fuertes críticas por su autoritarismo y su política sectaria, que condujo a ganarse la animosidad de los sunnitas, Al-Maliki, en el poder desde 2006, quería ser elegido para un tercer período basándose en su victoria en las elecciones del 30 de abril, en las que su partido, Estado de Derecho, resultó la fuerza más votada.

La Constitución iraquí estipula que el presidente debe encargar formar gobierno al candidato del principal bloque del Parlamento. Pero semanas atrás se abrió una disputa jurídica para determinar si este bloque es la coalición Estado de Derecho, de Maliki, o la ahora más amplia Alianza Nacional, que presentó la candidatura de Al-Abadi para reemplazar al premier. Tras el nombramiento de Al-Abadi, Estado de Derecho anunció que impugnará ante la justicia su designación. El bloque comunicó que 43 legisladores de los 53 que tiene el partido en total confirmaron su oposición al nombramiento de Al-Abadi como primer ministro. Por el contrario, la también chiita Alianza Nacional respaldó su nombramiento con el apoyo de 127, del total de 173 diputados que tiene.

Ante el temor a un golpe de Estado, el representante especial de la ONU en Bagdad, Nikolai Mladenov, instó a las fuerzas iraquíes a "abstenerse de interferir en la transferencia democrática de la autoridad política", máxime cuando Al-Maliki cuenta con muchos apoyos en el seno de las fuerzas armadas.

El vicepresidente norteamericano, Joe Biden, por su parte, afirmó que el nombramiento de Al-Abadi constituye "una etapa crucial", tras meses de bloqueo político en Bagdad.

Al-Abadi, que pasó décadas en el exilio en Gran Bretaña durante el mandato del dictador sunnita Saddam Hussein, instó a la unidad nacional ante la campaña "barbárica" del EI, que provocó el desplazamiento de miles de personas de sus hogares en su intento por llegar a Bagdad desde el Norte y el Oeste para consolidar su "califato" declarado en Irak y Siria. "Todos tenemos que cooperar para enfrentar la campaña del terrorismo lanzada en Irak y detener a los terroristas", dijo Al-Abadi, cuyo nombre ya había sonado como posible relevo de Al-Maliki en 2010.

La comunidad internacional reclama desde hace tiempo la formación de un gobierno de unidad para detener la ofensiva del EI, lanzada el 9 de junio, que obligó a cientos de miles de personas, en especial a las minorías religiosas, a abandonar sus hogares. Muchos de ellos se encuentran atrapados en las áridas montañas alrededor de Sinjar, donde tratan de sobrevivir al hambre y a los jihadistas. Su meta es alcanzar la frontera con Siria, otro país en guerra civil, pero por ahora sólo un 40% logró recibir las ayudas de primera necesidad, como comida y agua, lanzadas en paracaídas desde aviones occidentales.

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