Crece la rebelión al negarse Mubarak a dejar ya el poder

Dijo que no se presentará a la reelección, pero le exigen que renuncie ahora; la protesta de ayer reunió a un millón de personas en todo el país; Obama pide acelerar la transición

EL CAIRO.- Al grito de "¡erhal Mubarak!" ("¡andate Mubarak!"), una impresionante marea humana se congregó ayer en las principales ciudades de Egipto en la denominada "marcha del millón" para exigir el fin del gobierno de Hosni Mubarak.

Anoche, en un giro dramático que, sin embargo, no logró satisfacer a los protagonistas de las protestas que desde hace más de una semana reclaman a gritos su cabeza, Mubarak anunció que no se presentará para un sexto mandato en las elecciones que deberían tener lugar en septiembre.

Acorralado, Mubarak, de 82 años y con tres décadas en el poder, hizo el anuncio antes de las 11 de la noche (hora local), presionado por ocho días de protestas ininterrumpidas que dejaron por lo menos 300 muertos y que hundieron al país en el caos, y al cabo de una jornada en la que alrededor de un millón de personas se sumaron a una jornada de pacíficas protestas convocadas por fuerzas antigubernamentales en todo el país.

Desde Washington, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, mantuvo una comunicación telefónica con Mubarak y, según manifestó en un discurso televisado, le pidió que la transición comience "ahora".

Video: Mubarak no piensa en la reelección (C5N)

"Lo que está claro, y lo que indiqué esta noche [por anoche] al presidente Mubarak, es mi creencia de que una transición ordenada debe ser significativa, debe ser pacífica y debe comenzar ahora", dijo Obama en su primera reacción pública al discurso que horas antes había pronunciado Mubarak para declarar que va a dejar el poder en septiembre. El mandatario habló de momentos "críticos" para Egipto, que le imponían elegir "entre el caos y la estabilidad", y prometió implementar una "transición de poder pacífica", así como reformas políticas y sociales.

"Soy un hombre del ejército y no está en mi naturaleza dejar de asumir mi responsabilidad", dijo, en un discurso evidentemente muy estudiado, que apeló a la emotividad de los egipcios. "Luché por este país, voy a morir en esta tierra y la historia me juzgará", concluyó, y dejó en claro que no quiere un final como el del tunecino Ben Alí, que el pasado 14 de enero debió abandonar su país en medio de las protestas.

Pero no fue suficiente. Los manifestantes reaccionaron al discurso con furia y el mismo grito de "¡Erhal Mubarak!", y se comprometieron a quedarse en las calles protestando hasta que el mandatario deje el poder.

El discurso del presidente egipcio llegó al cabo de un día histórico para Egipto. Cientos de miles de egipcios ignoraron el toque de queda y desafiaron el bloqueo de las autopistas, la falta de servicios ferroviarios y los checkpoints militares para sumarse a la revuelta pacífica contra el régimen, que se desarrolló en un clima de fiesta.

En esta capital bajo sitio, aún paralizada, con los negocios cerrados y sacudida por los saqueos de los últimos días, cientos de miles de personas coparon la plaza Tahrir, epicentro de la revuelta. Pero también hubo manifestaciones en Alejandría y otras ciudades importantes de Egipto.

Video: La marcha del millón (YouTube)

Tal era el flujo de gente que se habían puesto algunos vallados. No se veían policías, sí militares en uniformes camuflados, pero quienes controlaban los accesos a la plaza eran civiles, hombres y mujeres, que pedían una identificación y revisaban los bolsos, de manera organizada y civilizada.

En medio de una multitud festiva, esta cronista varias veces debió mostrar su pasaporte y abrir su cartera. "¡Welcome to Egypt!" , saludaban los guardianes de civil, que mucha gente se preguntaba si eran militantes del grupo islámico Hermandad Musulmana, el mayor grupo opositor de ese país (ver Pág. 3).

Las mujeres, con velo y sin velo, muchas con bebes, tenían la ventaja de usar un corredor especial, para evitar ser aplastadas por la marea humana. Los hombres levantaban su cédula de identidad para poder sortear los controles civiles. Se repartían papelitos que advertían: "Mantengan el orden y cuidado con los provocadores". El gran temor, de hecho, era que en el marco de semejante multitud pudiera suceder algo -quizás deliberado- que funcionara como chispa para la represión y un baño de sangre.

"La gente ya no tiene miedo, es histórico, nadie teme gritar que Mubarak es un dictador que se tiene que ir, que tiene que ser procesado y colgado", dijo a La Nacion Magdy Fellatey, un guía de turismo, exultante por la nueva era que se abre.

"Estoy orgullosa de esta generación de jóvenes que se atrevió a salir a la calle, algo que nunca hizo nuestra generación, que debe avergonzarse", decía Habiba Yaloub, una mujer de 60 años.

Si bien fuentes egipcias dijeron que en la última semana de protestas hubo unos 125 muertos, fuentes de las Naciones Unidas en Ginebra estimaron que la cifra asciende a más del doble, a 300, que habría más de un centenar de detenidos y que los heridos serían más de 3000.

Lugar simbólico

Aunque en teoría la marcha del millón iba a salir desde la plaza Tahrir para recorrer unos 10 kilómetros y culminar en el Palacio Presidencial de Mubarak, en el barrio de Heliópolis, finalmente no hubo cortejo. "No podemos irnos de esta plaza, símbolo de esta revolución, antes de que se vaya del país Mubarak", explicó a La Nacion Abdel Hissa, estudiante de medicina. "Ya no tememos un baño de sangre porque el ejército está con nosotros, pero no podemos dejar este lugar simbólico si antes no conseguimos nuestro objetivo", agregó.

Mientras se iba llenando la plaza, frente al Ministerio de Relaciones Exteriores, que se levanta a la vera del Nilo y es custodiado por tanques y alambres de púas, hubo una contra-manifestación a favor de Mubarak. La multitud, que era ínfima en comparación con la de la plaza Tahrir, también agitaba banderas y pancartas, y gritaba a los cronistas: "Mubarak good, yes Mubarak". También se informó de algunos incidentes anoche en Alejandría.

"El es nuestro héroe", clamó Alish Araw, un profesor de la Universidad de Al-Azhar. "Queremos estabilidad, no queremos terminar como Irak. Queremos que el cambio sea pacífico, que Mubarak se quede hasta las elecciones de septiembre", agregó, en un concepto que repetían otros hombres y mujeres que mostraban su terror al vacío de poder que dejaría la salida del "rais" y que se iban peleando con quienes avanzaban hacia la plaza Tahrir para reclamar su cabeza.

El premio Nobel de la Paz y ex director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Mohammed el-Baradei, que aspira a liderar una transición, volvió a llamar a Mubarak a dar un paso al costado y lanzó un ultimátum. "Si hoy Mubarak no entiende la lección, tiene tiempo hasta el viernes para dejar el país y permitirnos iniciar un diálogo entre las fuerzas políticas egipcias", dijo El-Baradei, que ayer recibió en su casa a la embajadora norteamericana.

Mientras vuelos especiales de diversos países seguían repatriando extranjeros asustados ante la situación de parálisis y descontrol del país, fuentes locales hablaban de la presencia de un enviado especial de Estados Unidos que habría mantenido reuniones con Mubarak, para convencerlo, tal como se confirmó más tarde, de no presentarse a la reelección.

Pero no fue suficiente, tal como quedó demostrado en la indignada reacción de la gente, que se disponía anoche a mantener la resistencia en las calles hasta la salida de "el Faraón".

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