La corrupción del PP incomoda a Rajoy en el final de la campaña

La oposición evocó los escándalos de su gobierno en el último debate

Por Martín Rodríguez Yebra

MADRID.- La larga sombra de la corrupción en el Partido Popular (PP) sacó a Mariano Rajoy de la zona de confort en la que se había acomodado el tramo final de la campaña en la que se juega la reelección.

El presidente español, habitualmente impasible, lució aturdido y nervioso en el feroz debate televisado que le planteó anteayer su rival socialista, Pedro Sánchez, que lo acusó de no ser "un hombre decente" y le enrostró que debió haber renunciado cuando se destapó, hace tres años, la financiación ilegal en su partido. "Es usted ruin, mezquino y miserable", alcanzó a responder un Rajoy desencajado.

El impacto del ataque de Sánchez reinstaló cinco días antes de votar la figura oscura de Luis Bárcenas, el dirigente que fue preso en 2013 por haber montado una maquinaria de recaudación de dinero negro en la sede del PP. El mismo que, acorralado, confesó haber pagado sobresueldos durante años a los cabecillas del partido, entre ellos Rajoy. Y a quien el presidente le envió un SMS con la frase "Luis, sé fuerte" cuando la justicia ya había descubierto que tenía cuentas millonarias en Suiza.

El recuerdo del caso Bárcenas, el más escandaloso de los muchos que enlodaron al PP en los cuatro años que pasaron, potenció el rechazo de todas las fuerzas en competencia a apoyar una investidura de Rajoy en caso de que -como pronostican los sondeos- no consiga el domingo la mayoría absoluta de bancas.

"No vamos a colaborar a que Rajoy siga en el gobierno. Eso llevaría a que España no cambiara nunca", dijo ayer Albert Rivera, candidato de los liberales de Ciudadanos, la única formación a la que el PP confía tentar con un pacto poselectoral. Rajoy marcha primero en las encuestas, con entre 25 y 29%. Con esas cifras necesitaría alguna clase de ayuda de Rivera para retener el poder. Se da por hecho que el socialismo y que los indignados de Podemos bloquearán con todas sus fuerzas un nuevo turno de los conservadores.

En los actos del PP había ayer caras largas por el resultado del único debate del que Rajoy aceptó participar. Su campaña estaba diseñada para hablar de la incipiente recuperación económica y transmitir una imagen de "seriedad", en contraste con rivales de escasa experiencia.

El presidente evitó hacer comentarios sobre lo que pasó en los estudios de televisión. Habló por él la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal: "Sánchez se extralimitó y fue un maleducado. Usó la demagogia, la soberbia y la chulería".

Al gobierno le urge pasar página. La corrupción figura en el segundo lugar entre las preocupaciones de los españoles, detrás del desempleo. Si la disputa tuvo o no efecto en el resultado se sabrá únicamente con el escrutinio, ya que rige la veda de publicación de encuestas.

Todos los candidatos sacan cuentas en un escenario complicadísimo. El objetivo: cómo sumar los 176 diputados que se requieren para formar gobierno. Los pronósticos otorgaban el lunes al PP un rango de entre 109 y 127. El PSOE, Ciudadanos y Podemos se disputan el segundo lugar, con muchas menos bancas.

Algunas consultoras calculan que la suma de PP y Ciudadanos no llegaría a 176, lo que haría casi imposible la continuidad de Rajoy aunque fuera el más votado.

En su entorno explican que la apuesta es superar los 130 diputados, lo que legitimaría su triunfo. Rivera podría sentir la enorme presión de aceptar la primacía del PP y garantizar la gobernabilidad (bastaría con la abstención de su bloque en la sesión de investidura). Si sacara entre 120 y 130, el futuro de Rajoy quedaría en suspenso: Ciudadanos podría obligarlo a renunciar y a que su partido ofrezca otro nombre para liderar el gobierno.

Si no llega a 120 quedaría casi sentenciado. Se abrirían dos caminos: un acuerdo entre dos o más fuerzas de la actual oposición o una situación de bloqueo que en el corto plazo fuerce a nuevas elecciones.

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