Nuestra provincia junto a Formosa concentran el 90% de las cabezas de ganado del país. Argentina es la cuarta nación en América Latina en producción bubalina. Asistirán al evento referentes de unos cuarenta países de los cinco continente.
En Congreso está organizado por la Federación Internacional de Búfalos (IBF, por sus siglas en inglés) y la Asociación Argentina de Criadores de Búfalos (AACB). El mismo tiene un amplio programa científico que versará sobre los campos de reproducción; genética; producción de carne y leche, y sus industrializaciones; nutrición y alimentación; biotecnología; sanidad; búfalos para trabajo; manejo; sistemas de producción; regulaciones comerciales; economía; demanda; marketing; mercados; desarrollos regionales; y bienestar animal.
En la actualidad, Argentina posee la cuarta población de búfalos de América, unas 100.000 cabezas, detrás de Brasil, Venezuela y Colombia. En nuestro país, Corrientes y Formosa concentran el 90% de estos animales. La diferencia es que nuestra provincia posee el doble de productores.
Se estima que asistirán al evento casi un millar de personas entre productores y técnicos, los cuales provienen de unos 40 países de los cinco continentes.
Paralelamente al Congreso se llevará a cabo una exposición técnica donde las empresas relacionadas con la actividad tienen la oportunidad de promover sus productos y múltiples oportunidades para contactos personales.
Producción no tradicional
La cría de búfalos en Argentina tiene muy pocos años de trayectoria. Sin embargo se impone como una muy buena alternativa productiva para lugares que, por sus características geográficas, no son aptos para la cría de otras especies. Las cualidades de la leche, la carne y otros derivados bubalinos brindan gran potencialidad a la producción de esta especie.
En Argentina se lo introdujo a principios del siglo XX para ser utilizado como fuente de leche y para intentar cruzarlo con bovinos y generar animales de mayor rusticidad. Sin embargo, debido a la diferente cantidad de cromosomas entre una especie y la otra, los resultados fueron negativos y los rodeos de búfalos fueron abandonados.
En la década del ’70 resurgió el interés por el búfalo -principalmente destinado a la producción láctea y a pastorear campos de pobre calidad forrajera y con bañados- y se importaron alrededor de 2.000 cabezas de Brasil e Italia. En 1983 se creó la Asociación Argentina de Criadores de Búfalos y en 1985 se abren los registros genealógicos de la especie.
La existencia de búfalos en nuestro país es de 100.000 animales, distribuidos en Corrientes y Formosa (90%), y Santa Fe, Misiones, Chaco, Entre Ríos y Buenos Aires (el 10% restante). Argentina ha mejorado su nivel genético permanentemente, de las tres principales razas que se crían localmente: Mediterráneo, Murrah y Jafarabadi.
Características principales de un "todo terreno"
El búfalo tiene la cabeza de perfil convexilíneo, cuernos largos en forma de guadaña dirigidos hacia atrás, con anillos transversales que aparecen a los tres años y medio. El cuello es largo, poco musculoso, cruz poco elevada, tórax de sección ojival, relativamente profundo. El cuerpo es musculoso, recubierto de cuero grueso y liso pigmentado, de joven está recubierto por una especie de felpa que se pierde a medida que crece. De adulto presenta un pelo corto y ralo de color oscuro a negro.
Poseen el doble de la fuerza de un buey de su mismo peso, y en lugares anegadizos se lo emplea como montura y para tracción de botes, además de su utilización para labores agrícolas y transporte de cargas.
La textura y palatabilidad de su carne no difiere en forma apreciable de la del vacuno. Su estructura es prácticamente idéntica, no hay diferencias en distribución ni estructura de músculos, aunque si es diferente la distribución y cantidad de grasa, la que se presenta en cantidad mínima y siempre subcutánea o en las cavidades entre los órganos. Hay muy poca grasa entre los músculos y ninguna dentro de los mismos.
El tejido conectivo está más desarrollado que en los vacunos, como así también las vainas que envuelven los músculos. La ausencia de grasa intramuscular determina que la carne sea absolutamente magra.
Comentá la nota