La decisión de Cristina modificó lo que gran parte del justicialismo chaqueño esperaba, que era tenerlo a Capitanich en la provincia en los próximos días. Entre los más aliviados respiran Bacileff Ivanoff y sus hombres cercanos.
En las últimas horas se confirmó que Jorge Capitanich continuará al frente de la Jefatura de Gabinete por pedido de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Se configura así el escenario más temido por los peronistas chaqueños en medio de la compleja coyuntura que atraviesan desde que el actual gobernador sustituto, Juan Carlos Bacileff Ivanoff, administra la provincia con un estilo personalista que dispersó a la militancia hacia distintas facciones sin una conducción provincial clara.
El regreso de Coqui era la gran esperanza de los referentes del PJ después de un año y dos meses de gestión «chiyista» cuyo principal efecto fue el divorcio entre el Gobierno provincial y los sectores independientes. Si bien no está descartada la idea de un retorno al poder chaqueño en un plazo prudencial, el jefe de Gabinete tiene una misión encomendada por la Presidenta que no podrá encarar si deja su despacho de la Casa Rosada.
Capitanich se transformó en un ariete político y mediático de Cristina Fernández de Kirchner, a quien ha sabido defender con la energía que la jefa de Estado demandaba de otros funcionarios cuyos estilos no evolucionaron hacia el rol que finalmente ocupó el gobernador chaqueño en uso de licencia: el de un interlocutor sin pruritos para enfrentarse con el imperio periodístico más poderoso de Sudamérica para dejar sentada la posición de un Gobierno que se considera atacado por las corporaciones económicas como consecuencia de sus políticas de contención social.
En ese esquema Capitanich se vuelve un funcionario clave, máxime a partir de la extraña muerte del fiscal Alberto Nisman, que tiñó de dudas el horizonte político y obligó al gobierno nacional a abroquelarse para no dar muestras de debilidad. Y la partida de un ministro de la talla del chaqueño representa justamente un mensaje de abdicación que la Presidenta no está dispuesta a transmitir en el año electoral.
Está claro que para CFK es más gravitante Capitanich en la Jefatura de Gabinete que en el Gobierno chaqueño, aunque ello implique un serio riesgo de que el PJ pierda el comando de una provincia que hace siete años y fracción forma parte del conjunto de distritos controlados por el Frente Para la Victoria.
Estará entonces en la responsabilidad de los peronistas chaqueños construir un plan B para defender el Gobierno sin la presencia full time del gobernador de licencia. Está claro que Bacileff Ivanoff no ofrece garantías y es un contrapeso con el que resulta complicado desplazarse en el terreno proselitista, pero por el momento no hay otro camino. Capitanich se queda en Buenos Aires y los popes del peronismo local tendrán que poner las barbas en remojo en un escenario distinto al anhelado, con un Coqui devenido en conductor a control remoto y presencias parciales, con todas las desventajas que ello implica.




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