Los últimos 13 días han estado lejos de ser el camino de rosas imaginado cual paseo triunfal por el flamante intendente Carlos Arroyo. Las denuncias contra Pulti y la ciudad bajo conflicto.
El estupor se apoderó de muchos marplatenses y batanenses cuando la semana comenzó con una adjetivación sorpresiva (y de mal gusto) del actual jefe comunal en relación a su predecesor.
Arroyo no dudo en catalogar de “hijo de puta” a Gustavo Pulti porque éste le había dejado de “regalo” una deuda superior a los 700 millones de pesos. Tampoco se puso colorado cuando dijo que había “apretado” al gobierno provincial para pedirle “guita” frente al mismo grupo de cooperativistas que reclamaban frente al municipio.
Quizás el exabrupto de Arroyo refleje crudamente la actualidad de nuestra ciudad. La frase del intendente esconde una realidad indiscutible: los últimos meses de gestión de Gustavo Pulti fueron un claro ejemplo de “no gestión”.
Seguramente un intendente que se jactó de no usar un teléfono inteligente, no se percató de que lo estaban filmando cuando en un clima informal desnudaba crudamente el estado del municipio que le tocó recibir. En este caso nos debemos preguntar si nos quedamos con la cuestión de forma, llamativa hasta para los medios nacionales, o si optamos por reparar sobre el fondo del planteo. Podríamos afirmar que ambas cuestiones van de la mano.
Pulti repitió la fórmula del “doble o nada”, tal cual lo hizo durante toda su carrera que lo depositó en la intendencia. Campaña tras campaña el jefe comunal saliente no dudaba en redoblar la apuesta, cada dos años intentaba con suerte dispar imponerse en cada una de las contiendas electorales. Gran parte del “mundillo” político admiraba y destacaba esa temeridad. Los más de 700 millones de pasivo demostrarían que Pulti no titubeó a la hora de jugar “doble o nada” pero esta vez con las cuentas municipales.
Cada día se descubren nuevos “errores no forzados” de la administración saliente: listados infinitos de proveedores disconformes e ingresos de personal a planta permanente son solo dos ejemplos. Pese a ello dos bastiones de la anterior gestión integran el nuevo gabinete: Mario Dell Ollio y Fernando Telpuk, ambos denunciados durante la campaña electoral por conductas poco éticas por la misma fuerza política que ahora los convocó.
La nueva gestión quedó empantanada en su propio juego. Por un lado intentó ganar las primeras planas presagiando un futuro signado por sendos paseos judiciales para las autoridades salientes, pero se mostró incapaz de solucionar los conflictos planteados por los trabajadores municipales y los guardavidas.
La seguridad fue una de los “caballitos de batalla” de Arroyo, pero la resonante y sorpresiva renuncia de Razona echó por tierra el imaginario plan de seguridad de la gestión. La improvisación y la falta de cintura política quedaron al descubierto de la peor manera.
Mientras que Cambiemos se desangraba en la interna por el reparto de las comisiones del Concejo Deliberante y comenzaban a retumbar por esos pasillos los ecos de un nuevo aumento del Transporte Público de Pasajeros, la iniciativa más resonante del gobierno es intimar a que se cambie el nombre de un paseo cultural: una foto de un nuevo relato, sin siquiera la mística y la complejidad del construido por el tándem Nación, Provincia y Municipio hasta el 10 de diciembre.
La desafortunada frase de Arroyo deja en evidencia la actualidad política de nuestra ciudad. Por un lado el descuido de las formas y por otro la desidia en relacion al fondo de la cuestión.
Pulti perdió la oportunidad de convertirse, al menos por ahora, en un referente de una Mar del Plata adulta políticamente hablando. Los restos de su gestión hablan por sí solos, son muchas las preguntas por responder.
Arroyo se muestra atrapado en su propia teleraña (tejida en colaboración del inefable José Reinaldo Cano), con graves problemas a la hora de comunicar y con una gestión que explica muchos de los silencios de la campaña electoral.
Mientras tanto la ciudad deambula en una provincia “fundida”, marcada a fuego por la desocupación y con serios problemas de seguridad. Seguramente un “apriete” para conseguir “guita” resultará insuficiente para salir de esta situación, hará falta mucha gestión, la que le faltó a Pulti y la que todavía brilla por su ausencia en la gestión de Arroyo.




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