Mientras se adoptó una decisión aplaudida en la vieja Costanera para acabar con los locales que se ubican entre la baranda y el pelo del agua del río, se permitió levantar construcciones precarias en el recientemente inaugurado tramo Sur de la costa. Alguien debe darse cuenta de tan garrafal error.
Pero el año empezó con una contradicción inimaginable a la luz de la oportunidad que se tenía de seguir aplicando esa política en la flamante Costanera Sur que construyó el Gobierno de Arturo Colombi. Fue cuando se permitió que se levantaran construcciones precarias en la playa de la Costanera Juan Pablo II, que lejos de embellecer el lugar, lo afearon y hasta, podría decirse, desentonan con el hermoso paisaje que, naturalmente, aprovechó la nueva obra.
PARADOR. La playa no iba a habilitarse, pero finalmente sí se lo hizo. Mamarracho.
En este caso se trata de dos paradores, pero realmente de una calidad paupérrima y mal construidos, incluidos los alambrados perimetrales que se levantaron para evitar el ingreso a la playa por parte de los que no abonen la entrada.
El valor del lugar se vio reducido por estas decisiones y alguien de la Comuna debe darse cuenta y reaccionar a tiempo. No sea cosa que con el correr de los años los que construyeron allí también se sientan con derecho a reclamar al Estado municipal, como ya lo hicieron, por lucros cesantes o derechos adquiridos, llevando todo a una lamentable pérdida de los espacios públicos, pero también de los fondos de los contribuyentes que tienen que terminar pagando por lo que se autorizó sin tener en cuenta las consecuencias por parte de las autoridades.
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