La ira contra el fallo de Ferguson se extiende a 170 ciudades

La ira contra el fallo de Ferguson se extiende a 170 ciudades

En una nueva jornada de furia por el caso, hubo protestas en 37 estados; la policía detuvo a más de 400 personas

El masivo despliegue de la Guardia Nacional logró llevar ayer algo de calma a Ferguson, que de todas formas vivió una noche agitada, tensa, con algunos disturbios. Pero la furia y la polémica por el fallo que reabrió la tensión racial en Estados Unidos multiplicaron las protestas en el país, justo en la víspera del Día de Acción de Gracias: hubo manifestaciones en más de 170 ciudades de 37 estados.

De costa a costa, la televisión, las redes sociales y los portales de Internet mostraban protestas que parecían calcadas. En su mayoría fueron pacíficas -aunque hubo decenas de detenidos- y se venían carteles, remeras o pancartas con un mismo mensaje: "Manos arriba, no disparen". Ése fue el grito de repudio al fallo de un gran jurado que decidió no presentar cargos contra el oficial Darren Wilson, que mató al joven negro Michael Brown el 9 de agosto.

En Nueva York, decenas de manifestantes cortaron anteanoche el tránsito en una de las principales arterias de la ciudad, la autopista Franklin D. Roosevelt, que recorre la costa este de Manhattan. "¡Mike Brown!", gritaban los manifestantes.

En Los Angeles, otros bloquearon una autopista. La policía de la ciudad arrestó a 183 personas, la cifra más alta de las que se conocieron ayer. En total, más de 400 personas fueron detenidas en distintas localidades. Otras grandes ciudades, como Washington, Chicago y Boston, se sumaban al repudio nacional. Además, hubo arrestos en Ferguson, Portland, Atlanta, Nueva York y Oakland.

Un día después de que se conociera la decisión del gran jurado de Missouri que lo absolvió, Wilson, de 28 años, ofreció una entrevista a la cadena ABC, la primera desde el incidente. Dijo que nunca quiso matar a Brown, que no hubo nada que pudiera haber hecho diferente y que tenía la conciencia tranquila porque "hizo bien" su trabajo.

Wilson brindó su versión del incidente. Mientras conducía su patrullero, vio a Brown con un amigo caminando por la calle. Unos minutos antes había recibido un reporte sobre un robo de cigarrillos y pensó que podían ser los ladrones. Les dijo que subieran a la vereda. En ese momento, dijo que Brown se acercó al patrullero, se metió a través de la ventana, forcejeó con él e intentó sacarle el arma. Luego, salió corriendo y Wilson fue tras él. Brown cargó contra el policía "con cara de loco", dijo Wilson.

"Pensé: «Tengo que matarlo. Si no, me va a matar cuando me agarre»", dijo en la entrevista. Los padres de Brown se mostraron indignados con sus palabras. "No creo una sola palabra de lo que dice", dijo su madre, Lesley McSpadden. "Conozco a mi hijo, demasiado bien. Él nunca haría algo parecido", agregó.

El Día de Acción de Gracias, el festivo más popular de Estados Unidos, en el cual es tradición que las familias se reúnan a comer pavo, prometía este año un tono distinto.

"Rezaremos para que el próximo Día de Acción no estemos sentados con nuestra nación al borde de todo tipo de disturbios. Estados Unidos tiene que lidiar con estos problemas", dijo ayer el reverendo Al Sharpton, uno de los líderes afroamericanos más populares del país, en una conferencia de prensa en Nueva York.

Sharpton apareció con los padres de Brown y junto a familiares de Akay Gurley, un joven negro de 28 años baleado en Brooklyn por un policía. "Es un momento difícil para esta familia. Es el primer año con un asiento vacío en la mesa", dijo Sharpton. "Espero que Estados Unidos entienda, cualquiera sea su opinión sobre los casos y sobre los procedimientos, que éstos son seres humanos reales", agregó.

La protesta prometía golpear también a la otra gran tradición norteamericana que sigue al Día de Acción de Gracias: las ofertas masivas del llamado "Viernes Negro".

En Twitter cobró vida y comenzó a ganar tracción una campaña que llevó la etiquetas #BoycottBlackFriday y #HandsUpDontSpend ("Las manos en alto no gastan") para convencer a la gente a desistir de las jugosas ofertas en plena protesta.

Fue un regreso a los años más duros del movimiento por los derechos civiles. A fines de 1955, la comunidad afroamericana lanzó un boicot contra los ómnibus en Montgomery, Alabama, epicentro de la discriminación racial de esa época en la que se obligaba a los negros a sentarse en zonas reservadas para ellos. La campaña comenzó con el arresto a Rosa Parks, ícono de la lucha por la igualdad, que se negó a ceder su asiento en un ómnibus. Una de las fotos más famosas de Barack Obama lo muestra sentado dentro del ómnibus del Museo Rosa Parks.

Ayer, en Twitter circulaba una foto de las protestas de esa época, pero con un retoque: la pancarta de un hombre negro vestido con traje, sombrero y anteojos decía #BoycottBlackFriday y #HandsUpDontSpend.

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