El nivel de empleo en el sector se mantuvo durante este año en la capital provincial. En el interior fue otro el panorama. Se apuesta a que las grandes obras, como el gasoducto del NEA, tomen mano de obra local. Expectativas por los anuncios oficiales para 2017.
César Cassina es delegado normalizador de la Unión Obrera de la Construcción para el centro-norte de la provincia. Desde 2014, está al frente del gremio que parece sentir, antes que ningún otro, los efectos de los vaivenes económicos.
A poco de concluir un año complejo, con índices de desempleo, inflación y pobreza que pusieron a prueba la resistencia de trabajadores de todo el país y también de los 7.000 que corresponden a la región que representa, asegura que “en la ciudad de Santa Fe se mantuvo la demanda laboral en el sector privado y compensó la retracción en obra pública”. Aunque aclaró que es “una situación excepcional con respecto a la región”.
Cassina recibió a El Litoral en la sede gremial de calle Ituzaingó al 2000, la misma donde funciona la bolsa de trabajo y el aula para que aquellos obreros que no pudieron terminar la secundaria completen sus estudios en el marco del programa Vuelvo a Estudiar. También sobre estos temas, sobre las posibilidades de que se requiera mano de obra especializada para acompañar el cambio de perfil de esta ciudad y del proyecto de incorporar mujeres a las capacitaciones que ofrece el gremio en acuerdo con otras instituciones, trata esta nota.
—¿Cuál fue el panorama laboral del sector en un año tan crítico?
—En la ciudad de Santa Fe pasa algo particular: al haber mucha inversión inmobiliaria en edificación, se produjo una contención por falta de trabajo en obra pública. Si bien hay obra pública, notamos que tal vez no tiene la demanda de mano de obra que debería tener, obviamente por una cuestión de recursos. Esa desocupación local se fue equilibrando con la inversión privada. Eso ha hecho que no tengamos desempleo en la ciudad. En el norte de la provincia, no es lo mismo, allá no hay una inversión privada de la misma magnitud. Sí, tenemos obras importantes que dependen de fondos nacionales como las dos líneas del gasoducto del Noreste Argentino.
Más allá de que un 30% de esas obras es con mano de obra calificada de la empresa, para el resto se pidió que se tome a gente de los pueblos que atraviesa para darle posibilidad a las familias del interior de paliar su situación. En el departamento Castellanos, se dio trabajo a entre 500 y 900 personas. También en el tramo entre el departamento San Justo hasta el límite con Chaco, siempre priorizando la mano de obra local. Hoy, la obra está en Florencia y se procura contención en esa localidad.
—Desde que asumió como delegado normalizador, ¿cómo evolucionó la actividad del sector?
—El nivel de ocupación local se mantuvo, hoy se siente que la inversión privada también se vio afectada. Si bien toda la ciudadanía tiene muchas expectativas de que esto mejore y salgamos adelante, todos notamos que nuestros ingresos no rinden lo que rendían antes. Eso afecta también a las personas que querían comprar su casa, o que venían ahorrando para comprar un departamento para sus hijos, sobre todo del interior donde hay gente con buenos ingresos por la actividad agraria, que normalmente compraba un departamento en la ciudad para que los chicos vengan a estudiar.
Pero el campo también sintió los ajustes y, si bien se ve que hay mucho desarrollo inmobiliario, si uno pregunta, ha caído la venta. También notamos que el gobierno de la provincia no sólo salió a anunciar obras, sino a ponerlas en marcha con un ritmo medianamente bajo, pero hay un frente de trabajo. Se destrabaron las obras de viviendas, ya tenemos en marcha el obrador de las unidades que construirá Tecsa para inundados, los planes Procrear se mantuvieron con dos grupos de empresas (UTE) y tanto el gobierno local como el provincial salieron a hacer planificación de desagües y mejoramiento en la zona norte. Eso hace que haya un desarrollo tal que hace remontar a la obra pública.
—¿La construcción sigue siendo el motor de la economía? Es uno de los primeros indicadores que tenemos en cuenta a la hora de evaluar su funcionamiento.
—Históricamente, la construcción es el primer indicador que se tiene en cuenta cuando la economía del país empieza a funcionar o no. ¿Por qué? Cuando el país se reactiva no sólo lo notamos por la demanda de mano de obra, sino también en la venta de insumos que mueve
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