Ayer se realizaron los alegatos en el juicio por el homicidio de Fabián Bregonzi, oportunidad en la que el fiscal solicitó la condena del imputado Sandro Alvarez por el delito de “homicidio en ocasión de robo” y el defensor pidió su sobreseimiento.
El juicio por el homicidio de Fabián Bregonzi llegó a la instancia final de alegatos, luego de haberse iniciado la semana pasada. Las partes comenzaron a efectuar sus conclusiones respecto a Sandro Álvarez, acusado del homicidio ocurrido en 2003.
El primero en realizar la presentación ante el Tribunal fue el fiscal Daniel Báez, quien alegó que se encuentra debidamente probado que el imputado Sandro Álvarez fue coautor del homicidio en ocasión de robo del cual fuera víctima Fabián Bregonzi en diciembre de 2003.
Según el fiscal, “Álvarez debe hacerse cargo de la totalidad del hecho con sus consecuencias penales. Resulta endeble su postura de negar su participación, no pudiendo desvirtuar sólo con sus dichos la prueba objetiva, como ser la huella dactilar palmar en el vehículo atacado y su ADN en los precintos. Y si bien no se puede probar que fuera él quien efectuó el disparo mortal, si se ha probado que tres días después de ocurrido el hecho portaba el arma utilizada para matar a Bregonzi”.
El abogado defensor, Patricio Romero, apeló en sus alegatos a demostrar la inocencia de Álvarez y apuntó a cuestionar las pericias realizadas en el caso, afirmando que “los indicios son insuficientes y la construcción lógica que realiza el Ministerio Público Fiscal posee cimientos débiles”.
Asimismo, argumentó que la pericia genética no fue concluyente porque las diferencias entre los seres humanos son mínimas, pese a que el porcentaje brindado por los peritos estuvo sobre un 95% de certeza.
Romero inició sus alegatos haciendo alusión al "indubio pro reo" (beneficio de la duda) y finalizó solicitando
el sobreseimiento de Álvarez "por no hallarse debidamente probado la suficiencia que el caso requiere".
Huellas, balas y ADN
Tal como se desprende de la investigación, la noche del 15 de diciembre de 2003, Fabián Bregonzi se encontraba dentro de su automóvil en Playa Paraná, en compañía de su novia Gabriela Edith Fernández. Siendo aproximadamente la medianoche, al menos cuatro sujetos encapuchados y con armas, intentaron abrir las puertas y romper los vidrios del vehículo, y ante el intento de huida de Bregonzi, dispararon contra este ocasionándole la muerte.
En el lugar del hecho la policía logró levantar huellas dactilares y palmares del exterior del vehículo, así como también secuestró un plomo encamisado y precintos, elementos que serían fundamentales años más tarde. “De la prueba debatida en el juicio, las que incriminan al imputado en la participación del hecho son las pericias papiloscópicas (huellas digitales), balística y de ADN”, afirmó Báez en su presentación.
“Las huellas digitales no dejan lugar a dudas de la presencia del imputado en el lugar del hecho –expresó el fiscal-. Casi nueve años esos rastros esperaron debidamente preservados hasta la reapertura del caso, y fue allí cuando el sistema AFIS determinó que el rastro palmar izquierdo se correspondía con el palmar izquierdo de la mano de Sandro Álvarez. Dicha pericia es concluyente y permite afirmar que el imputado estuvo en el lugar del hecho tomando contacto con el vehículo”.
De los rastros dejados por los autores, se secuestraron tres precintos con los que maniataron a la víctima. “Estos precintos resultan determinantes para probar la coautoría de Álvarez en el hecho, pues en los tres precintos hay ADN del imputado, en uno de ellos incluso con un porcentaje del 99,97%”, dijo.
Según Báez, “esta pericia resulta concluyente porque ya no sólo tenemos una huella de la palma izquierda de Sandro Álvarez en el vehículo sino que además podemos afirmar que manipuló los precintos dejando su ADN en los mismos”.
Por otro lado, el fiscal argumentó que “de los pocos rastros dejados por los delincuentes, dos de ellos la ciencia los ha utilizado y los utiliza como una prueba objetiva de identidad de una persona. Me refiero a las huellas digitales y al ADN. Por ello, entiendo que dos de las principales pruebas que permiten sostener la coautoría de Sandro Álvarez en el homicidio provienen de sí mismo, esto es, sus huellas dactilares y sus huellas genéticas”.
En el mismo sentido, apuntó que “en el curso del debate se ha demostrado que ninguno de los que cometieron el hecho, incluido Sandro Álvarez, desconocían la existencia del arma, pues camino a Playa Paraná efectuaron disparos con la misma, impactando incluso uno de ellos en una caseta ubicada en la entrada al camping municipal”.
Báez apuntó que además “quedó probado con certeza que 3 días después de cometido el homicidio, Sandro Álvarez portaba el arma de fuego con que ultimaron a Fabián Bregonzi y la quería esconder en el domicilio de su hermana, quien lo indicó en el debate.
Más adelante, Báez hizo alusión a que sobre el plomo secuestrado en dicho domicilio, la pericia balística efectuada por el licenciando en criminalística Pablo Leguizamón logró concluir en forma “categórica” que el disparo efectuado en el domicilio de la hermana de Sandro Álvarez y los que acabaron con la vida de Bregonzi “fueron disparados por la misma arma”.
Por último, con respecto a la autopsia práctica en los restos de la víctima, el fiscal indicó que la muerte se produjo por herida de arma de fuego y que el agresor se encontraba a la derecha de la víctima al momento de efectuar los disparos.
Según Báez, el médico forense Carlos Alsina indicó que uno de los impactos lesionó “el paquete vasculo-nervioso del lado derecho del cuello” y la tráquea a la altura de la nuez, y el otro penetró en el tórax, sin dejar posibilidad de sobrevida, “así hubiera tenido un cirujano al lado”.
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