Dejará al trono de San Pedro el 28 de febrero y entonces se iniciará el proceso para designar a su sucesor. Hace 600 años que un Pontífice no convive con el que lo precedió, lo que deja abierta la especulación sobre cómo influirá en su designación y su "modelo".
Después de haber examinado reiteradamente mi conciencia frente a Dios, llegué a la certeza de que mis fuerzas, por la edad avanzada, ya no son las más aptas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino." Dejando a los italianos boquiabiertos y al mundo entero desconcertado, Benedicto XVI anunció con estas palabras que renunciará a su Pontificado el 28 de febrero a las 20 horas. A partir de ese momento exacto comenzará el período de "sede vacante", hasta la elección de un nuevo Papa, lo que abrirá un capítulo inédito en la historia moderna de la Iglesia Católica.
La noticia fue dada personalmente por el Papa a un grupo de cardenales luego de una ceremonia por la canonización en el Vaticano de 800 mártires italianos y dos beatas latinoamericanas. Las palabras pronunciadas por el Sumo Pontífice fueron leídas en latín y algunos de los prelados presentes, estupefactos ante el anuncio, pidieron que alguien les confirmara si habían comprendido correctamente sus dichos. Es que la renuncia, que ocurre por primera vez en la época moderna –en la historia de la Iglesia cinco pontífices renunciaron: San Clemente I, Papa Ponciano, Benedicto IX, San Celestino V y Gregorio XII, el último en dimitir, que lo hizo en 1415–, maravilló a todos, fuera y dentro de los muros vaticanos.
En el texto de renuncia, Joseph Ratzinger explicó: "En el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, disminuyó en mí de tal forma que tengo que reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado." Además, en su escrito, el Sumo Pontífice –quien vivió de cerca la larga enfermedad que padeció su predecesor, Juan Pablo II– dijo ser consciente "de la seriedad de este acto".
A pesar del estupor general que produjo la noticia, muchos vaticanistas aseguran que la decisión de Benedicto XVI no debería sorprender tanto. En noviembre de 2010, en el libro-entrevista con Peter Seewald, periodista y escritor alemán, titulado Luz en el Mundo, Ratzinger había declarado que "cuando un Papa alcanza la clara conciencia de no estar bien física, mental y espiritualmente para llevar adelante el encargo confiado, entonces tiene el derecho y, en algunas circunstancias también el deber, de dimitir".
En el verano de 2011, la hipótesis de dimisión comenzó a cobrar cuerpo y a circular con insistencia. Como una premonición, el periodista Antonio Socci escribió acerca de esta posibilidad en el matutino Libero: "El Papa no descarta la posibilidad de renunciar cuando esté por llegar a los 85 años, es decir, en abril del año que viene (por el 2012)." En aquel momento el artículo fue secamente desmentido por fuentes vaticanas.
Los rumores que indicaban que la abdicación –que el Papa se limita a "anunciar" porque no debe ser aceptada por nadie– no era una hipótesis imposible aumentaron durante el escándalo de Vatileaks, la fuga masiva de documentos sensibles de la Santa Sede que pusieron en evidencia las luchas de poder en el Vaticano. Muchos aseguran que la traición de Paolo Gabriele –el ex mayordomo del Papa que compartió la vida cotidiana del Sumo Pontífice desde que fue proclamado Benedicto XVI, el 19 de abril de 2005– fue un golpe del cual Ratzinger no pudo reponerse.
Sin embargo, durante una conferencia de prensa luego de la noticia, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, aseguró que este episodio nada tuvo que ver con la decisión del Papa ya que fueron "la caída de fuerzas de los últimos meses" y su "enorme sentido de la responsabilidad" los factores que determinaron su dimisión. Lombardi recordó que el Papa siempre dijo que, en tiempos difíciles –como la tormenta que causaron las denuncias por pedofilia en el clero–, "hay que soportar", y que una decisión así sólo puede tomarse en un "momento de serenidad" o cuando "simplemente uno no puede más".
El jesuita italiano desmintió que el Papa estuviera enfermo, dijo que Benedicto XVI tiene planeado escribir y seguir con sus "reflexiones y lecturas" y aseguró que espera que el cónclave de cardenales –que aún no fue convocado– elija al nuevo Sumo Pontífice en marzo.
Cuando comience el período de "sede vacante", Ratzinger, quien cumplirá 86 años el 16 de abril, se trasladará a la residencia de Castel Gandolfo –20 kilómetros al sur de Roma– y, una vez que haya un nuevo Papa, se retirará a un monasterio de clausura dentro de los muros vaticanos.
Muchos se preguntan cómo hará el próximo Pontífice para gobernar la Iglesia con Benedicto XVI aún vivo, una situación de poder bicéfalo de la que no hay antecedentes en la historia moderna de la Iglesia. A pesar de que muchos aseguran que el Papa alemán se refugiará en sus estudios, el riesgo es que sus reflexiones, sus fieles –dentro y fuera de la Iglesia– y su línea de pensamiento condicione el accionar del nuevo líder de los católicos. «
El idioma
Sorpresa
El Papa leyó su renuncia en latín, y muchos preguntaron si habían entendido bien.



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