Conflicto social y descontrol

Por Ricardo Roa

Ayer hizo su presentación formal y real en la Ciudad la fase superior del piqueterismo.

La avenida 9 de Julio fue bloqueada más de 8 horas y frente al mismo Obelisco con alambres y autos, seguramente porque no había activistas suficientes. Eran de empresas tercerizadas de Telefónica. Creer o reventar: el trabajo de la Policía consistió en desviar el tránsito y cuidar que nadie se metiera con el alambrado (ver: Un grupo de tercerizados bloqueó con autos ocho horas la 9 de Julio).

Hace mucho que lo normal es la anormalidad: las calles son cortadas por cualquiera y por cualquier causa, ante una Policía que acompaña esos hechos cruzada de brazos. Cuando la temperatura superaba los 35 grados y había problemas para conseguir nafta, la avenida más ancha era bloqueada por el piquete más chico . Y si alguien lograba pasar hacia el Sur, había otro corte esperándolo frente al ministerio de Alicia Kirchner. Para el Norte, estaban choferes de micro tapando Retiro. Demasiado, incluso para gente acostumbrada a tener mucha paciencia .

La nueva fase del piqueterismo no es una anécdota. Está asociada a las ocupaciones masivas como las del parque de Villa Soldati o de canchas de fútbol en Lugano o de todo espacio público que esté a mano. Y no se trata sólo de una catástrofe para circular sino de algo bastante más profundo: el conflicto social más el descontrol, en una escalada donde todo parece posible .

Esto es lo que escamotea el Gobierno, como se vio en el lanzamiento de Boudou a la jefatura de la Ciudad: un novedoso aporte político del liberalismo al progresismo kirchnerista. Lo ungieron De Vido, Kunkel y Moyano, quien aclaró que el ministro “no es de izquierda”, como si alguien pudiera pensar otra cosa. E s difícil que esos tres mosqueteros le sumen votos. Por ahora, lo que Boudou suma son causas judiciales

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