Conflicto policial: el día que estuvimos solos

Conflicto policial: el día que estuvimos solos
El Gobierno accedió al reclamo de los policías para frenar casi 24 horas de caos, terror y lágrimas.

¿Cuántos años retrocedimos los cordobeses en un día? ¿Cuánto más bajo puede caer una sociedad como la nuestra? ¿Cuánto más miseria puede tener una clase dirigente como la que construimos? En cualquier respuesta podría decirse que lo suficiente como para sentirse avergonzado.

17 horas pasaron desde que el saqueo al supermercado Cordiez de barrio SEP inauguró la más demencial noche que Córdoba recuerde en las últimas décadas, hasta que el conflicto llegó a su fin.

Este miércoles al mediodía, el Gobierno provincial firmó con los amotinados el acuerdo a través del cual se les otorgó a los policías ocho mil pesos para los agentes, nueve mil para quienes patrullan y otras mejoras salariales y laborales.

El acuerdo comenzó a tejerse a la 1.30 del miércoles, cuando De la Sota, recién llegado desde Panamá, tomó el teléfono y llamó al abogado de los acuartelados, Miguel Ortiz Pellegrini. Y terminó de cerrarse al mediodía.

De la Sota tenía bajo la manga 500 exoneraciones de policías autoacuartelados listas para firmar. La lista con los 500 nombres la solicitó apenas llegó al Centro Cívico, a eso de la 1 de la mañana del miércoles. Fue la carta más fuerte.

La otra: la plata que no tenía hasta un rato antes apareció.

Cuando se anunció el acuerdo, los funcionarios que no dieron la cara durante las 36 horas que duró el conflicto policial (desde que se inició el acuartelamiento hasta que y el caos copó las calles) se amontonaron detrás de la gruesa figura de De la Sota: la vicegobernadora Alicia Pregno, quien estuvo a cargo del Gobierno durante la crisis; Oscar González, el jefe de Gabinete; y Alejandra Monteoliva, la ministra de Seguridad. La escenografía se completaba con funcionarios, intendentes y aplaudidores.

En las calles había un muerto, Javier Alejandro Rodríguez; heridos, detenidos, toque de queda de hecho, saqueos y familias muertas de miedo.

Los funcionarios nacionales y provinciales se enredaron en una bajeza: en medio de la desolación, se acusaron de no llamar al número de celular correcto y de no pedir ayuda a tiempo.

El propio De la Sota admitió que el S.O.S. se disparó a las 21: hubo una serie de llamados ninguneados por las secretarias de Jorge Capitanich, el jefe de Gabinete de Cristina, y de Sergio Berni, el secretario de Seguridad de la Nación. Tarde.

Aunque los televisores repetían las imágenes de la segunda ciudad del país librada a su suerte, los funcionarios nacionales se hicieron los desentendidos: esperaron un fax para anunciar el envío de dos mil gendarmes que nunca llegaron.

En las calles había una sociedad devastada: una sociedad de hace 150 años, o más. En las calles no había Estado.

Con la plata en el bolsillo y la promesa de que no habrá sanciones, los policías salieron del cuartel: parecía la columna de un ejército libertador entrando a una ciudad sitiada. Pero no había vítores para ellos.

Opinión: "Tirate un cambio", por Juan Manuel González

Fue la peor noche de Córdoba en 14 años de gestión: un conflicto que asomaba desde hacía varias semanas dejó al desnudo –al estallar como estalló– que varias figuras del Gabinete de De la Sota están gastadas. Agotadas. Y él, obligado a retomar la iniciativa, necesitado de recomponer su relación con la sociedad que miraba con dolor y bronca su ciudad tras el paso del huracán.

El miércoles, en el Centro Cívico, se escuchaba la palabra “cambio” como la síntesis de este momento. Como la salida, quizá la única, a este momento: dar la vuelta y seguir. “Como hizo Cristina”

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