Una comisión del Parlamento abre el proceso para el juicio político a Dilma

Una comisión del Parlamento abre el proceso para el juicio político a Dilma

Crisis política en Brasil. Fue por 38 votos a favor y 27 en contra. Determinó que hay condiciones para el impeachment. Ahora, la Cámara Baja deberá ratificar o rechazarlo. 

Por Eleonora Gosman

La presidenta Dilma Rousseff perdió la primera partida. Por 38 votos a favor y 27 en contra, ganó la postura que habilita el viernes próximo el comienzo de la votación por el “sí” o por el “no” al juicio político.

La sesión de la Comisión Especial, que permitió esta nueva fase del proceso del impeachment, transcurrió entre tumultos. A los gritos de “va a haber impeachment” y de “no habrá golpe”, el escrutinio final ocurrió a las 20,39 horas de ayer. Fue en medio de una terrible confusión, con peleas y agresiones verbales entre los propios legisladores, que no llegaron a las manos porque había televisación en vivo. Pero la imagen que dejaron a la sociedad brasileña no fue, precisamente, impecable.

Los gritos se sucedieron: “Fuera Cunha” por Eduardo C, el titular de la Cámara de Diputados, reo de la Justicia brasileña por denuncias de corrupción, y que comanda este proceso. A pesar de marcar una tendencia, los resultados en esta Comisión ya eran esperados. Y nada dice de lo que puede ocurrir el domingo próximo cuando los parlamentarios deberán enfrentar la votación definitiva, a favor o en contra, del alejamiento de la Jefa de Estado. 

Hasta el momento, los adversarios de Rousseff no consiguen los dos tercios necesarios de Diputados para imponer el plan “Temer presidente”, por el vicepresidente Michel T., quien sería el gran beneficiado en este proceso. 

A los 75 años de edad, este político tiene ahora la última chance de asumir como presidente del país, aun cuando las encuestas indican una muy baja popularidad (no supera el 6% de las intenciones de voto en una elección presidencial).    

Si finalmente prospera su eventual gobierno, gracias sobre todo a la ayuda inestimable del Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB), nacerá con una inevitable fragilidad: “Será consagrar una elección presidencial indirecta, con un programa no votado por voluntad popular”, declaró el diputado Aliel Machado de Red Solidaria, la agrupación fundada por Marina Silva.

      Pese a los números negativos que determinaron esta primera derrota de Dilma, fue muy claro durante el debate que precedió la votación la existencia de profunda divisiones en el campo centrista de las agrupaciones políticas. Mientras la izquierda y la derecha mantenían sus opciones a rajatabla, el centro se agrietaba entre aquellos que cuestionaban la legalidad del proceso y quienes apostaban a una segunda etapa para “juzgar”, ya en el plenario de Diputados, la conveniencia de destituir a la jefa de Estado.

Los del PSDB, la agrupación que comanda el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, no tuvieron fisuras. Son la tercera fuerza en el Parlamento. Para ellos era necesario votar por el alejamiento de Dilma dado que “la presidenta es inepta”. 

Una postura parecida tuvo el jefe del llamado bloque “ruralista”, para quien nada peor que un gobierno “que fomenta la invasión de tierras por el MST”, es decir, por el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra. Exactamente a 180 grados, el PT se pronunciaba contra el impeachment “por el derecho sagrado del pueblo brasileño de elegir sus presidentes”. 

 En medio de los debates surgió un elemento que conmocionó el ambiente. Se trataba de un audio del vicepresidente Michel Temer, donde enunció antes incluso de una decisión sobre el impeachment, que debe ocurrir el domingo próximo, su plan de gobierno, al que llamó de “unidad nacional”. 

Puso así en el escenario una postura que hasta los más fervorosos anti Dilma consideraron como un error. No pocos recordaron una historia ejemplar. Cuando el ex presidente Fernando Henrique Cardoso se postuló a intendente de San Pablo, con el apoyo inclusive del entonces líder del PT Lula da Silva, llegó a fotografiarse en el sillón del alcalde. Fue derrotado.

Todavía falta tiempo para la resolución  de una crisis brasileña que supera todos los estándares políticos conocidos. 

Ayer el Financial Times observó: “Más que la serie House of Cards, los hechos en Brasil se parecen a Walking Dead”. Una definición casi perfecta. En verdad, aun cuando Diputados apruebe el juicio político, lo que requerirá dos tercios de diputados (342 en total) , queda la fase del Senado. El juicio sobre el fondo de la cuestión pasa por ese cuerpo legislativo, que será en definitiva el que se expida si la presidenta puede o no seguir gobernando. Pero hay un problema: en el ínterin, Dilma debe alejarse de la presidencia y en su lugar debería asumir el vice Temer.

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