Con los comicios internos en Iowa se lanza formalmente la carrera para reemplazar a Barack Obama. El magnate Donald Trump y Hillary Clinton dominan las encuestas, pero el rebelde demócrata Bernie Sanders y el republicano Ted Cruz los siguen de cerca.
Por Paula Lugones
La carrera para elegir al sucesor de Barack Obama comienza formalmente esta noche con los comicios internos en Iowa, un estado del medio-oeste, rural y mayoritariamente blanco, que es clave en la carrera por la Casa Blanca. En abierto desafío a los candidatos tradicionales, aunque aún falta para las presidenciales del 8 de noviembre, los aspirantes anti-sistema son los favoritos en el lanzamiento de la campaña estadounidense.
En el estado de Iowa, en el llamado “cinturón del maíz” y donde prácticamente no hay inmigrantes, se convocarán esta noche asambleas vecinales o “caucus”, en escuelas, iglesias y lugares públicos. Allí, electores registrados del partido republicano o demócrata se reunirán para debatir y luego votar a mano alzada o en un papelito a su candidato favorito. Así comienza un proceso de elecciones primarias en los 50 estados del país, que se extenderá por varios meses y que desembocará en las convenciones partidarias de fines de julio, donde será ungido el candidato ganador y éste presentará a su vice. Fruto de los “caucus” o elecciones primarias, cada estado enviará a sus delegados a esas convenciones que serán en Cleveland y en Filadelfia.
Con una fuerte presión sobre los candidatos “tradicionales”, todo indica que los “outsiders”, o los aspirantes que cuestionan el sistema, podrían ser los grandes protagonistas en Iowa, un comicio importante no sólo por ser el primero sino porque concita una gran atención mediática y también puede hundir o apuntalar a un candidato.
El multimillonario empresario Donald Trump, de 69 años, marcha favorito en ese estado y en la carrera republicana en general. Lo sigue por poco el senador Ted Cruz, de 45, un fiel exponente del ultraconservador Tea Party, que se enfrenta al ala tradicional del partido. Una victoria para Trump o Cruz en Iowa podría significar un empuje importante camino a las siguientes primarias: el 9 de febero en New Hampshire y luego el Carolina del Sur, el 20.
El estilo “políticamente incorrecto”, arrogante y xenófobo de Trump acapara todas las luces de los medios y seduce a uno de cada tres republicanos del país. Sus comentarios sobre que los inmigrantes mexicanos son violadores y el llamado a prohibir la entrada de musulmanes, aunque fueron repudiados en general, no hizo más que aumentar la popularidad del magnate. El mismo sintetizó su “efecto teflón” en otra polémica frase la semana pasada: “Podría disparar a gente en la 5ta avenida y no perdería votos”, se ufanó.
Si bien es un senador, Cruz también desafía el establishment del partido y es avalado por la poderosa derecha religiosa. De lejos miran los candidatos “tradicionales” republicanos, que no logran remontar en las encuestas, pero supuestamente son los preferidos de los grandes donantes. Estos son el senador Marco Rubio, el ex gobernador de Florida Jeb Bush, o el gobernador de New Jersey, Chris Christie. Ellos pugnan por un tercer lugar que los mantenga en carrera.
Del lado demócrata, las encuestas en Iowa indican que el senador por Vermont, Bernie Sanders, va cabeza a cabeza con Hillary. Cuando se esperaba que la ex primera dama ganara sencillamente la nominación, este senador de 74 años, que se define como “socialista democrático”, se ha convertido en la gran preocupación de los demócratas. Sanders dice que la desigualdad es el gran asunto moral, económico y político de la actualidad y reclama una reforma al “sistema corrupto del financiamiento electoral” que impida a los multimillonarios a gastar ilimitadamente para impulsar a sus candidatos. Propone acceso universal a la salud, duplicar el salario mínimo, controlar el capital financiero, universidades gratuitas, impuestos para los ricos y sacar a 27 millones de estadounidenses de la pobreza. Sus modelos son los países nórdicos.
Aunque la carrera es larga, una derrota en Iowa ante Sanders sería un fuerte golpe para Hillary. La ex primera dama es considerada, junto a Jeb Bush, un símbolo de la clase política estadounidense de las últimas décadas. Pero sobre todo porque ella ya vio cómo Obama le ganaba en ese estado en 2008 y luego finalmente conseguía la nominación demócrata.





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