La inesperada embestida que, en la última semana, terminó de profundizar el llamado “kirchnerismo puro” en pos de la utilización de las llamadas “listas colectoras” en las elecciones de octubre, no sólo revela el escaso apego por la coherencia de parte del espacio político que impulsó, cuando creyó que le convenía, una reforma legal destinada en buena medida a terminar con ese mecanismo: también desafía a la lógica electoral, al poner en tensión a los principales aliados de la Presidenta en el territorio clave de cualquier comicio en la Argentina, la provincia de Buenos Aires.
Como todo el mundo a esta altura sabe, las listas colectoras son aquellas que permiten que un candidato sólo candidato a Presidente encabece boletas de distintos postulantes a Gobernador o intendentes. En el caso de Buenos Aires, esa posibilidad tiene nombre y apellido: Martín Sabbatella, el diputado nacional no peronista que recibió el respaldo abierto del Gobierno para encarnar una candidatura alternativa a la de Daniel Scioli en la provincia, que también tribute a la eventual (aún lo es) postulación de Cristina Fernández de Kirchner. Para hacerlo, el kirchnerismo no parece dudar en desandar en la reglamentación el espíritu de la ley de Reforma Política, que Néstor Kirchner hizo votar cuando creyó, luego de la derrota de 2009, que las colectoras eran un mecanismo agotado.
Para entender la profundidad de la pelea hay que tener en cuenta una cuestión más: con esa ley se pueden habilitar las colectoras hasta el nivel de Gobernador, pero por “debajo”, en los tramos de la boleta que van desde los candidatos a intendente hasta los consejeros escolares, entra a tallar una ley melliza, pero provincial, que Kirchner también hizo votar a gusto y piaccere (aunque debió vencer fuertes resistencias, encabezadas por Alberto Balestrini), a fines de 2009. Y aunque en principio podría pensarse a esta norma como una suerte de “dique de contención” que impida la generalización de las colectoras, fuentes con amplia experiencia en los vericuetos legales de la política explican, en estricto off, que si las colectoras se habilitan “arriba”, será imposible que se prohíban “abajo”.
Los intendentes del Conurbano, claro, no necesitan que nadie se los explique: por eso pusieron el grito en el cielo no bien quedó claro que el Gobierno nacional apoya la colectora de Sabbatella, aunque nadie haya hablado aún de lo que ocurrirá en provincia. Para decirlo en otros términos: para el ultra kirchnerismo, la ley es un detalle que se subordina a la voluntad (y las necesidades) políticas de cada coyuntura. Tal vez sea eso lo que quiso decir el apoderado legal del partido, Jorge Landau, cuando hace unos días, al avalar las colectoras, describió su trabajo en términos “revestir” legalmente las decisiones políticas de sus jefes. Malabares de un técnico que, horas antes, había sentenciado: “Las colectoras están prohibidas”. Landau no tiene la culpa: él dice lo que sus jefes le ordenan.
LÓGICAS
Pero esas ideas y vueltas, aunque significativas, no despejan la incógnita principal: ¿cuál es la lógica detrás del aval a un candidato que en las últimas elecciones obtuvo el 5,56% de los votos, si ese respaldo supone poner en juego la alianza con Scioli, que encabeza todas las encuestas de la provincia, que en 2007 –la última vez que encabezó una boleta-, obtuvo el 48,1%? ¿Cuál, el beneficio (conviene el análisis en esos términos porque en política electoral los razonamiento que apelan a la “defensa del modelo” pero se desentienden de la necesaria acumulación de fuerzas para lograrlo son mera retórica) de enemistarse con los intendentes cuya falta de apoyo, según el propio discurso que el kirchnerismo repitió al infinito, fue clave para la derrota del oficialismo frente a Francisco De Narváez?
Un intento de respuesta tiene que ver con los actores políticos que ganaron en poder de decisión tras la muerte de Kirchner: ¿es el Secretario Legal y Técnico, Carlos Zanini, junto a los jóvenes K, el responsable de dar aire a opciones cercanas en lo ideológico pero sin peso electoral real? Insidiosos, cerca de Scioli apuntan que en las célebres peleas de Kirchner y Cristina con su jefe (cuando era Secretario Deportes, cuando la actual Presidenta lo vapuleó en el Senado y la vez de las “manos atadas”) siempre el fallecido ex presidente se encargó de que la sangre no llegue al río. Pero Kirchner ya no está. Para apuntalar esa lectura, señalan el torpe accionar en el caso de Gerónimo Venegas, tan desatinado que terminó favoreciendo, en términos de imagen, al duhaldismo y provocando un duro mensaje de Hugo Moyano a la Casa Rosada.
Pero teniendo en cuenta que la Presidenta avaló el accionar en un acto en el que elogió a Sabbatella, hay que pensar en otras opciones. La que surge más evidente tiene que ver con la necesidad de sumar votos como fuere (es decir, aún arriesgando aliados clave) para evitar la temida segunda vuelta. Aunque, por supuesto, eso supone admitir que Cristina no está tan bien en las encuestas como se dice, aunque no se conozca ningún trabajo serio que de alguna señal de alarma contundente al oficialismo. El propio Artemio López, consultor asumidamente oficialista, asegura que la colectora beneficia más a Sabbatella (que podría duplicar sus votos y alcanzar el 10%) que a Cristina, que no recibiría más que 2 puntos extra a través de esa ventanilla y por lo tanto no la necesitaría. Salvo que tema al ballotage.
Como fuere, el impacto no será igual en las intendencias. En distritos vecinos a Morón, como Tres de Febrero o Merlo, operadores de los intendentes, Hugo Curto y Raúl Othacehé, confesaron a DIB que una candidatura local del sabbatellismo podría hasta poner en peligro la conservación del Gobierno. O, al menos, dar vuelta los números en el Concejo Deliberante. La situación, con sus más y sus menos, se repite en muchas comunas, lo que termina de explicar la reacción de los jefes comunales. Por el lado de Scioli, sus espadas políticas razonan que el impacto no será enorme: “los votantes de Sabbatella no son votantes naturales de Daniel, no perdemos demasiado por ahí, aunque como señal lo que nos hacen es pésimo”, argumentan.
Puede ser, pero cabe otra opción: ¿qué pasará si Francisco De Narváez, que no venía bien en las encuestas, comienza a repuntar en un escenario con el oficialismo dividiendo votos a nivel provincial?
JUGADAS
Por ahora, todas las miradas apuntan a Scioli, que esta mañana llega de Italia. ¿Qué hará el Gobernador? Su jefe de Gabinete, Alberto Pérez, rechazó hace cuatro días la opción de adelantar los comicios provinciales, una opción que todavía tiene a mano el Gobernador, que nunca firmó el decreto que establece el calendario electoral. Ese paso significaría una ruptura total, cosa que Scioli, aseguran, no tiene previsto hacer. “Muchachos, hay que esperar hasta mayo, ahí se define todo”, dicen que dijo, desde Europa, el Gobernador. Mientras tanto, deberá hacer malabares para esquivar la presión de los intendentes, que quieren convertirlo en el abanderado de su resistencia. La reunión del PJ en Sierra de los Padres, el viernes, será un escenario importante en este sentido, y el acto que Scioli debe compartir con Cristina el jueves, también.
Por lo pronto, cerca del Gobernador imaginan otras respuestas. Una: habilitar colectoras solo en los distritos vecinalistas, aunque eso choca con la limitación señalada párrafos arriba. Otra, más contundente: prevén que la jugada K los habilitará a tener más injerencia en la definición de la candidatura a vicegobernador y a legisladores provinciales. En el primer ítem, ya pusieron en marcha una estrategia: multiplicar los nombres del riñón sciolista, para aumentar las chances de que sea uno de ellos el que se quede con esa postulación. Por eso, a los anotados ministros de Desarrollo Social y Educación suman el del titular de Producción, Martín Ferré. “Es el candidato de los sub 20, tiene 35 años y el apoyo generacional de funcionarios de nivel de subsecretarios, tanto provinciales como algunos nacionales y estuvo muy cerca del Gobernador desde el principio”, se entusiasman en su entorno. (DIB)
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UNA RESPUESTA PARADOJAL
Los intendentes que bufan por la falta de coherencia del poder nacional en el caso de las colectoras, impulsan por estas horas una respuesta práctica que tiene mucho de paradojal: el proyecto de ley (rechazado en pleno por la oposición provincial) que busca elevar el piso necesario de votos para que, en la elección interna, la minoría accedo al reparto del lugares en la boleta que se presenta, luego, en la general.
En principio, criticar como una marcha atrás la vuelta al pasado en un caso (las colectoras) y proponerlo en otro (el sistema D´Hont), suena bastante paradojal. Sin embargo, hay algunas explicaciones: la primera, el intento de bloquear “armados” ultra K en las comunas y los distritos, que amenacen desde “dentro” la supremacía de los cacicazgos locales y regionales que hoy juegan con el kirchnerismo.
Pero también tiene otro objetivo: prevenir el desembarco en los distritos de postulantes que respondan al llamado “Grupo de los 8”, de intendentes críticos del oficialismo, pero de filiación peronista. La jugada se da en momentos en que Sergio Mazza apura el lanzamiento de su candidatura a Gobernador para marzo próximo y cuando algunos de sus aliados, como Pablo Bruera, de La Plata, aseguran que pelearán en la interna del PJ.













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