Colectivos: la mala frecuencia lidera ranking de las quejas de los usuarios

Colectivos: la mala frecuencia lidera ranking de las quejas de los usuarios

El defensor de los Vecinos, Javier Rodríguez, indicó que el 90% de las denuncias que reciben se debe a la espera eterna que padecen. En diferentes puntos de la ciudad, los pasajeros aseguran también que varios choferes estacionan en sus casas para comer y ellos deben aguardar en el móvil alrededor de 20 minutos

Mientras las empresas de transporte urbano de pasajeros continúan sin dar respuesta a los usuarios, crecen las denuncias de quienes utilizan el servicio por la mala frecuencia.

El defensor de los Vecinos, Javier Rodríguez, aseguró que "el 90 por ciento de las denuncias que reciben son por la mala frecuencia de los colectivos" y agregó que "también persisten las quejas por los escasos móviles adaptados para las personas discapacitadas, como por la instalación de garitas que sirvan de refugio para los usuarios".

Vecinos del barrio José María Ponce destacaron que "en la zona no hay ninguna garita para la gente, cuando tienen que esperar más de media hora hasta que aparezca un colectivo" y agregaron que "en los días de sol intenso se tiene que buscar la sombra de los árboles o de las casas para esperar el móvil, y mal que mal, se manejan así. Pero cuando llueve es imposible salir del barrio, porque no hay lugares para protegerse".

Por otra parte, advirtieron que varios choferes de la zona se detienen en sus casas y bajan a almorzar, "mientras nosotros tenemos que quedarnos a esperar en el colectivo cerca de 20 minutos", y enfatizaron que "esto es una locura, y la gente tiene que saber esto para entender el motivo de las demoras de los colectivos".

LÍNEAS 104 Y 108

Mario, un estudiante que utiliza con frecuencia la Línea 104, manifestó: "Ultimamente tengo que esperar el colectivo una hora antes de ir a la facultad, porque las veces que salí con un tiempo de 30 minutos, siempre llegaba tarde".

También la Línea 108 es motivo constante de quejas, porque los usuarios afirman que la espera se hace eterna y cuando por fin aparece uno,  viene "escupiendo" gente; mientras que otro viene atrás y lo sigue casi de inmediato y sin pasajeros, prácticamente vacío.

De la mala frecuencia EL LIBERTADOR ya informó en varias ediciones y lo ratificó en agosto, cuando un estudiante se acercó a la Redacción cansado de los abusos que tanto él como miles de pasajeros padecen por parte de las empresas.

Correa, la frecuencia se debe solucionar de manera urgente y resaltó que "hay gente mayor de edad que espera más de 45 minutos" y advirtió que "no es lo mismo esperar en la zona del centro que en una parada del Pirayuí a las nueve de la noche". Ayer sucedió un caso ejemplificador en las Mil Viviendas, como se informa en la Sección Policiales.

En la avenida Vera, nadie sabe donde son las paradas del 108

En ciudades ordenadas, serias y turísticas, más aún en el centro, las paradas de colectivos urbanos tienen señalización; pues bien, Corrientes no es de esos casos.

Por la banda Norte de la avenida Juan de Vera y en su dirección pertinente de Este hacia el puerto, paralela a Vías Navegables, Escuela Técnica, Aduana, etcétera, no existe señalética alguna que indique donde deben detenerse, en el caso que aquí ocupa, los coches de la Línea 108. Si se toca el timbre al pasar el acceso al parque Mitre de modo habitual para descenso, se detiene en el Museo, excepto algún que otro chofer que lo hace un poco más adelante, llámese una cuadra más, donde en ciertas horas bajan especialmente alumnos.

Otros pasajeros necesitan descender en la parada que debería estar frente a la que se encuentra en la plazoleta Stella Maris, en la estación de servicio abandonada. La mayoría de los conductores de los colectivos lo hacen, tal vez por lástima o generosidad, porque otros siguen su camino hasta el puerto, por afirmar que allí no es parada. Y tal vez sea cierto, el cordón está pintado de rojo.

Lo que deberá reverse pues es que habitualmente no debe haber tanta distancia de una parada a otra. La mano del hombre no aparece, las garitas que debían instalar las empresas tampoco, quizá con la ayuda de Dios se podría saber.

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