Cobos y Reutemann, el trauma kirchnerista

Por Jorge Rosales

Serán días de tensión, acusaciones y definiciones tajantes. El Gobierno y la oposición han ingresado en una dinámica en el debate por el DNU del Fondo del Bicentenario que, salvo una orden expresa de Néstor Kirchner, hoy permite vislumbrar un choque en el recinto, como ocurrió con la resolución 125 y con el control de la Cámara de Diputados, en diciembre pasado.

El kirchnerismo en el Congreso no puede garantizarle a la Casa Rosada el número para ratificar la creación del fondo que permitirá utilizar reservas del Banco Central para el pago de la deuda. Pero no quiere desnudar esa debilidad ante la sociedad.

En el Senado hay resignación kirchnerista. Miguel Angel Pichetto, una espada fiel del oficialismo, sabe que si no hay cambios puede terminar conduciendo a su bloque a una estruendosa derrota. Un revés de esas características condicionaría toda la agenda parlamentaria de este año, pero la voluntad de la Casa Rosada es confrontar. Matar o morir. Los legisladores deberían convencer a Kirchner para negociar una salida menos traumática, que les permita zafarse de la encerrona a la que los condujo la disputa por el uso de las reservas del Banco Central.

En la oposición, en particular en el radicalismo, se frotan las manos. Tienen la sensación de que en dos años podrían regresar a la Casa Rosada. Creen ver en el rechazo que provoca en amplios sectores de la sociedad la gestión de Cristina Kirchner una luz que les marca el camino hacia el poder. Para esto, la estrella de Cobos tendría que seguir echando luz.

De todos modos, el Gobierno ha advertido que puede erosionar la figura del vicepresidente, atacando sobre su doble condición de compañero de fórmula de Cristina Kirchner -y por lo tanto, su reemplazante natural- y de potencial candidato presidencial del principal partido de la oposición. Abusar de esa herramienta puede ser contraproducente para el Gobierno. La suerte de Cobos dependerá del propio Cobos, de su exposición y, sobre todo, de las posiciones que asuma frente a la Casa Rosada.

A pesar de los nubarrones del horizonte, el panorama se comienza a despejar. Ha quedado en claro que las definiciones de Carlos Reutemann sobre el kirchnerismo no eran palabras aisladas. La onda expansiva que provocaron pavimentó el camino para su regreso. Aunque no lo diga, su proyecto es presidencial. Los peronistas lo saben y muchos kirchneristas sólo esperan un guiño para cambiar de vereda.

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