Fue su último discurso como gobernador ante la Legislatura. Binner, en lugar de repasar políticas, áreas y ministerios -objetivos, números y resultados- prefirió narrar las imágenes que, en su visión, han dejado estos tres años en la gente.
Binner no trazó el acostumbrado y meticuloso análisis de lo hecho hasta aquí y lo que se propone hacer en el año, en cada área y ministerio. Tampoco desentrañó -con cifras- si había cumplido sus objetivos y políticas de Estado.
En realidad, Binner dejó dos discursos. Uno, que pronunció a los legisladores, a la sociedad santafesina y a los dirigentes políticos locales, apoyado en imágenes y en no pocos giros literarios; y otro bastante más formal al que llamó un “informe-balance de gestión”, que se difundió por escrito y tiene el volumen habitual de los discursos a las Cámaras legislativas del 1º de Mayo.
El titular del Poder Ejecutivo se propuso mostrar lo que llamó una “memoria en movimiento” en vez de hacer el Debe y Haber de las “antiguas contabilidades”. Con símbolos y un tono más que emotivo, usó solo la columna del “Debe” y la oposición le criticó que no hubiera ninguna referencia al “Haber”.
Se permitió incluso una digresión: dijo que nunca antes en la función pública, al actuar como empleado, médico, concejal o intendente de Rosario, fue tan feliz como en estos tres años y cinco meses que lleva de gobernador.
Antes, había enumerado las imágenes de su propio balance, acaso interior, que conviene repasar.
Señaló que como en el mural de Guillermo Roux, ubicado a sus espaldas (“La Constitución guía al pueblo”), cada detalle, cada personaje responde a una visión global. Pidió que así se entiendan las imágenes que sintetizan su gestión, que a continuación se resumen.
Aplausos y colores
Para Binner, la Casa Gris “se llenó de colores, de gente, voces, pasos y música”, cuando ordenó retirar las vallas que la separaban de la plaza 25 de Mayo, en el primer acto de su gobierno.
Recordó que “hemos visto con emoción a los chicos de Villa Minetti bañándose en el canal, cuando concluimos el acueducto a cielo abierto que llegaba desde Tostado”, para proveer de agua a esa zona.
Describió los teatros “repletos de docentes que se titularizaban después de más de 20 años de espera, envueltos en banderas argentinas”, que “con sus hijos y sus padres” festejaron “tantos años de aula y el anhelado y merecido respeto”.
Elogió el orgullo de las mujeres que sostienen, en Tartagal, una biblioteca popular, y mencionó el brillo de los libros nuevos (los primeros de la provincia en 20 años) “en el antiguo galpón de La Forestal”.
“Cuando decimos que bajamos la mortalidad infantil a un dígito, no pensamos en la estadística; vemos caras de niñas y niños sonriendo y jugando, y así construimos presente y futuro”, destacó.
Mencionó a los jubilados, al 82% móvil y a “la complicidad que traen en los ojos por tener derechos, dignidad, afecto y esperanza”.
Binner arrancó muy fuertes aplausos cuando enumeró los 7 hospitales en construcción y 80 centros de salud. “Cuando llegan de toda Latinoamérica a estudiar nuestro modelo de salud (...) pienso que he sido fiel a lo que prometí como médico, a la universidad pública y a todos mis maestros”, remató.
Dijo que “cuando devolvimos sus tierras a los pueblos originarios, algo profundo había cambiado en nosotros. Era un acto de justicia y reparación que no cabía en las agendas oficiales”.
Afirmó que “cada escritura que entregamos en cualquier lugar de Santa Fe, es un hogar en el mundo, un lote, una casa y, sobre todo, la seguridad de ser alguien, de criar hijos y nietos, de trascender en la historia”.
Advirtió que “cuando la Justicia cambia, nada queda en su sitio”. Anheló por veredicto, mediación, solución y ayuda a las víctimas “tiempo”. Y mencionó los juicios de lesa humanidad, donde “la verdad aparece como una luz; abogados jóvenes enarbolan derechos humanos como pañuelos y la memoria restablece su enorme posibilidad de hacer otra Argentina”.
“Una nueva era”
“Tenemos muy presente la primera conexión de Internet entre la Escuela de Golondrina y la Escuela Juan Arzeno de Rosario. Sentimos que los más postergados entraban en una nueva era. Y así se multiplicó por la provincia la conexión con el mundo”, señaló.
Citó la ley de los comités mixtos de Salud y Seguridad en el Trabajo, que “hace que se salven vidas” y manifestó: “trabajo decente no es un slogan sino una forma de darle dignidad a la existencia”. Elogió que “nuestros empresarios” y “nuestros trabajadores” compartieran la misma mesa de diálogo, en la defensa de las empresas y los puestos de trabajo durante la crisis de 2008.
Derecho a la felicidad
Habló de la acción del Estado y de la sociedad por recuperar los edificios públicos y dijo que cada vez que éstos recobran su “fulgor patrimonial” invitan a pensar que la particular historia de la provincia “tiene que darnos lumbre y resistencia, para continuar construyendo desde Santa Fe un Proyecto de Nación”.
Celebró la bandera más larga del mundo y subrayó: “Santa Fe es tierra de creadores, de emprendedores, de trabajo, legalidad, lucha y esperanza. El país lo sabe, los santafesinos lo reconocen, es nuestro idioma y nuestro derrotero para seguir creciendo”.
“Durante nuestra gestión, se han descubierto en una casa en los suburbios de Puerto Gaboto restos del Fuerte de Sancti Spíritu, primera población española en Sudamérica. A su vez, proyectamos y estamos por comenzar a construir el Puerto de la Música, del genial Niemeyer en Rosario. Entre la excavación y la inclusión alrededor de la música, entre la historia, la producción y la innovación, está el arco de nuestro programa. Son símbolos vivos de lo que propusimos: incluir a todos los santafesinos en la participación, el trabajo, la salud, la justicia, la educación y la cultura”.
“Esa es la dimensión de nuestro proyecto social: de la garantía de derechos al derecho a la felicidad de todas las santafesinas y santafesinos”, concluyó.

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