Tanto el PSOE como Podemos confirmaron que votarán en contra de la continuidad del presidente, que se aferra al cargo; no hay salida a la vista, y nadie descarta que deban repetirse los comicios
Por Martín Rodríguez Yebra
DRID.- Malherido, casi sin oxígeno político, Mariano Rajoy se aferraba anoche a una negociación en apariencia imposible para mantenerse como presidente del gobierno de España después de las desconcertantes elecciones del domingo, en las que obtuvo un triunfo famélico.
Las dos principales fuerzas de la oposición -el socialismo y los indignados de Podemos- lo habían sentenciado a primera hora de la mañana cuando anunciaron su decisión de votar no a Rajoy en la sesión parlamentaria que se convoque para investir al próximo presidente.
Si cumplen su palabra, no hay cuenta que permita al actual líder del Partido Popular (PP) sumar los 176 votos que dan la mayoría necesaria para iniciar una nueva administración. Pero nadie se atreve aún a ofrecer una alternativa que conjure el pánico al desgobierno.
España amaneció sumida en la confusión y pasó el día a la espera de qué haría de Rajoy ante la puerta de salida que le abrieron sus rivales. El presidente, un hombre que rinde culto al arte de resistir, apareció en público a las 20 después de encabezar una cumbre de catarsis con la cúpula de su formación.
"El PP ha ganado las elecciones y tiene un mandato para intentar la confianza del Parlamento. España necesita un gobierno estable que dé certidumbres. A eso me dedicaré en los próximos días, con generosidad y altura de miras", enfatizó. Dijo que llamará a las fuerzas que comparten los valores constitucionales, en alusión al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Ciudadanos.
Y agregó en tono dramático, impropio en él: "Sería tremendo para el país, lo peor, que se llegara a una situación en la que no pudiera formarse gobierno. España no puede permitirse un período de incertidumbre e indefinición que dé al traste con la recuperación económica".
La prensa le preguntó tres veces si estaría dispuesto a retirarse para que otro dirigente del PP negociara con la oposición. Los espantó con una de sus muletillas clásicas: "No voy a adelantar acontecimientos".
La hipótesis del reemplazo se cristalizaba como una opción real al caos que deja el fin del bipartidismo. El secretario de Organización del PSOE, César Luena, no la descartó al anunciar el rechazo terminante de su partido a una investidura de Rajoy.
Los socialistas tienen el manejo de la situación, pese a su decepcionante desempeño electoral. Salieron segundos, con 22% (7 puntos por debajo del PP), en su peor resultado desde el regreso de la democracia. Pero sus 90 diputados valen para bloquear o autorizar la nominación del próximo presidente. El PP apela a la "estatura de Estado" del PSOE y de su líder, Pedro Sánchez. Sólo con abstenerse en la votación de investidura desbloquearía la situación.
A la presión se sumó el candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, cuarto en las elecciones (13,9%). "Los españoles piden responsabilidad. Hay que dejar que empiece la Legislatura."
La posibilidad de un pacto entre los históricos rivales conservadores y socialdemócratas resultaba inimaginable tiempo atrás. Ayer en los despachos del poder se teorizaba sobre cómo gestionarlo. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEO) aportó su empujón. "Es algo habitual en Europa y daría previsibilidad al país", dijo su presidente, Juan Rosell. Los mercados también hablaron: la Bolsa de Madrid retrocedió 3,62%.
En ámbitos económicos se da por hecho que Rajoy tiene mínimas opciones de sobrevivir. Leían su voluntad de anunciar una ronda de negociaciones como una forma de mantener una relativa calma durante las Fiestas y maniobrar una compleja y larga operación sucesoria en el PP.
Pese a todo, el presidente se mostró inflexible ante la dirigencia del partido. Pidió insistir en que las elecciones las ganaron ellos y que les toca seguir en el poder. Hasta anunció que piensa presentarse al congreso que debe elegir el año que viene al próximo secretario general del PP. Lo hizo en respuesta a una intervención de su mentor y actual rival, José María Aznar. Una ventaja para Rajoy es que ningún dirigente conservador quedó en pie tras las elecciones de ayer. Es cierto que ganaron en 39 de las 52 circunscripciones, pero la sangría de votos fue devastadora y unánime: casi 4 millones menos que en 2011.
El terror del PP, de los grandes factores económicos e incluso de la Unión Europea (UE) es que del bloqueo se salga con una coalición progresista entre los socialistas y los indignados. Juntos sacaron el 42% de los votos y tendrían bancas suficientes para reclamar una mayoría parlamentaria. Parece poco viable. Pablo Iglesias, líder de Podemos, antepuso a cualquier posible pacto el compromiso de que se acepte su propuesta de reforma constitucional y de convocar un referéndum en Cataluña sobre la independencia.
Todos los partidos asumieron también como posible el fracaso perfecto que implicaría una repetición de las elecciones. El 13 de enero debe asumir el nuevo Congreso. Si en dos meses no hay acuerdo para votar a un presidente, habrá que disolver las Cortes y llamar a votar otra vez: un escenario que, salvo a Podemos, les resulta aterrador a todos los actores de este drama.
¿A qué país se parecerá España?
Varios Parlamentos europeos son multipartidarios
Italia
España votó un Parlamento fragmentado del que sólo puede salir un presidente en minoría, inestable y atado a varias fuerzas. Se discute incluso la hipótesis de formar un gobierno técnico para salir del bloqueo, como el que encabezó Mario Monti tras el fin de Berlusconi
Alemania
Una salida posible es la Gran Coalición entre conservadores y socialistas, similar a la que lidera Merkel. Implica un enorme cambio cultural para España. La versión atenuada sería que el PSOE se abstenga para facilitar la investidura de un presidente del PP
Portugal
El país vecino vivió un caos parecido este año. Ganó el líder conservador, pero no pudo formar gobierno. Entonces el socialismo pactó una coalición con la izquierda radical. El PSOE podría intentar una mayoría con Podemos, Izquierda Unida y partidos nacionalistas
Grecia
La alianza de conservadores y socialistas en plena crisis agigantó el descontento social contra la política tradicional. El gobierno del centroderechista Samarás se derrumbó y en las siguientes elecciones irrumpió la izquierda radical de Syriza. Podemos mira con gusto ese escenario
Dinamarca
Sería el plan "Borgen", en alusión a la serie danesa en la que los dos grandes partidos se quedan cortos en votos y el gobierno recae en una dirigente de centro con menos bancas, pero más libertad de negociación. Ciudadanos soñó con ese papel pese a sus flojos resultados
Bélgica
Tras los comicios de 2010 pasó 541 días sin gobierno, bloqueado por la fragmentación y las disputas entre valones y flamencos. El escenario nacional español difiere mucho del belga, pero el componente del separatismo en Cataluña embarra hoy los pactos poselectorales
Dudas en las calificadoras
La agencia de calificación Moody's considera que las elecciones en España aumentan la incertidumbre política y siembra dudas sobre la continuidad de las reformas y la reducción del déficit. La agencia dijo que tendrá en cuenta el resultado de las negociaciones a la hora de tomar una decisión sobre la calificación de la deuda.

Comentá la nota