El Chueco versus el Celso

Crónica detallada del juego de cartas que decidieron librar el gobernador de Mendoza y el delegado presidencial para imponer el candidato a gobernador por el PJ.
Como en las antiguas cortes versallescas, aunque sin sus sutilezas dialécticas donde el lenguaje era una espada filosa para ganar las gentilezas del rey o la reina de Francia, el PJ local ha resuelto su primer dilema electoral en las cortes mazzónicas, esos sitios ocultos y discretos donde se habla con los silencios y con los gestos, porque allí todas las palabras que se dicen no valen nada o quieren decir lo contrario.

Igual que en el truco, ese juego donde gana el que miente más, el que mejor cara de piedra pone y el que es capaz de descubrir en la mirada del contrincante las vacilaciones y dudas que ocultan la suya. Y Mazzón es, de lejos, el mejor jugador de truco de la política argentina. Acaba de demostrarlo en Mendoza, su tierra natal y su mayor objeto de deseo insatisfecho, porque es el único lugar del país donde tiene más fracasos que triunfos.

Por eso debe estar feliz luego de haber anunciado ayer, a la diestra del gobernador Jaque, el acuerdo alcanzado. Y de haberlo anunciado no desde las catacumbas donde suele ejercer su poder, sino recibiendo gozoso en su rostro los flashes periodísticos, como un triunfador que ya no tiene que ocultar nada.

Nadie es profeta en su tierra pero el “Chueco” hoy es virrey en la suya. Virrey de la reina Cristina, que fue su as de espadas para ganar la partida de truco, porque el PJ local cuenta nada más que con esa carta para el desafío de octubre. Los demás son todos cuatro de copas a los que sólo el arrastre de la dama y la capacidad truquera de Mazzón para hacer creer que tiene las cartas que no tiene, podrán convertir en la opción triunfadora.

Las cartas de Jaque. Celso Jaque puso esta vez las mismas ganas de pelear que cuando apostó a su gobernación, cuando nadie creía seriamente en él, ni siquiera el propio Mazzón quien lo apoyó a fin de no quedar atado al pacto Kirchner-Cobos, o sea para perder por poco y desde allí negociar. Pero Jaque ganó bien, con el apoyo de Mazzón, pero más por sí mismo que por Mazzón. Dos años después, el “Chueco” puso a un hombre suyo encabezando las listas legislativas del PJ y perdió por paliza. Además el Gobernador supo ser un fiel K desde mucho antes que Mazzón supiera que alguna vez debería servir a los Kirchner.

Con todo eso en la mano, el primer mandatario mendocino se animó a truquear con el mejor jugador de truco del país, pero esta vez no le fue bien. Las cartas del Chueco eran infinitamente superiores.

Las cartas del Chueco. Precisamente porque el pacto Kirchner-Cobos perdió en Mendoza en 2007 frente a la dupla Jaque-Mazzón, es que esta vez Cristina le dio piedra libre al “Chueco” para que interviniera en Mendoza. Ella no estaba dispuesta a enfrentarse internamente con él, como hizo su marido cuatro años atrás. Y a ella meterse en el barro de los PJ provinciales no es algo que la desvive como a Néstor.

Por lo tanto, Mazzón vino a Mendoza con un poder delegado un millón de veces mayor que el que tuvo nunca. Y lo aprovechó lapidariamente, pero no golosamente. Vale decir, hizo uso pero no abuso de su poder, sabiendo que tenía que bajar al candidato de Jaque pero no a cambio de poner alguien suyo.

Habrá que ver si en la próxima etapa de este juego, Cristina actúa con igual habilidad al elegir a “sus” diputados nacionales para que al menos ellos puedan ser llamados “Diputados Nacionales por Mendoza” y no “Diputados Nacionales por Cristina”.

Pero eso será otra historia y otra nota.

Cómo Jaque jugó sus cartas. Con algo de desmesura e ingenuidad a juzgar por la correlación de fuerzas, Jaque apostó a un mandato más en la tierra de la -por ahora- saludable no reelección. Buscó continuarse a través del hombre que más se jugó por él, quien no temió ensuciarse en las peleas más duras mientras todos los demás ministros sólo peleaban hasta donde su imagen no se hiriera demasiado. Cazabán soy yo fue ayer para Lafalla y también lo fue ahora para Jaque.

Para imponerlo lanzó al ruedo todos los candidatos muletos que pudo a fin de confundir la cancha e imponer al único que quería imponer. Hasta estuvo dispuesto a sacrificar su candidatura a diputado con tal que lo prosiguiera el “Chiqui”.

Fue una épica de lo imposible porque Cazabán ya había sido bajado mucho antes de que se bajara. Lo bajó el ala derecha (Artemio López, vale decir Mazzón) y el ala izquierda (vale decir “Tiempo Argentino”) del kirchnerismo. En realidad, lo bajaron Cristina, Mazzón, el cristinismo y casi todo el peronismo mendocino.

El problema es que todos esos juntos no tenían candidato. Omar Félix no goza de la simpatía de Verbitsky y es tan enemigo de Cazabán que para bajar a uno había que bajar al otro. Rubén Miranda es demasiado lasherino (el recuerdo de la derrota de Amstutz no ha cicatrizado). Guillermo Carmona tiene un perfil muy progre para la conservadora Mendoza. El conservador Eduardo Sancho no pudo lograr más apoyo que el del conservador y campestre ministro Domínguez de Agricultura. Adolfo Bermejo se bajó solo. Raúl Mercau y el “Paco” Pérez habían sido puestos de mentiritas.

Por lo tanto, o era Cazabán, o era la interna. El problema es que Cristina le había dado carta libre a Mazzón en todo menos en dos cosas: no podía ser Cazabán y no podía haber internas.

Cómo Mazzón jugó sus cartas. Por eso Mazzón inició una operación de pinzas para sitiar a Cazabán y a Jaque. Primero que nada, dejó trascender mediáticamente que “Paco” Pérez era un candidato posible. Un candidato de Jaque, no de él, pero menos conflictivo que Cazabán porque no se pelea con nadie y no lo conoce casi nadie.

Pero el “Chueco” no quería poner un candidato de Jaque, aunque fuera de Jaque. O sea, tenía que lograr que dejara de ser de Jaque. Para eso lo convocó a una foto donde puso juntos a todos los candidatos a gobernador menos a Cazabán. Una foto que se hizo contra Cazabán y sin autorización de Jaque. Una foto para dinamitar a Cazabán y ganarle la partida a Jaque. Una foto que Mazzón le sacó al “Paco” Pérez (a los demás candidatos los puso de adorno) para que él, siendo un hombre de Jaque, ya no fuera un hombre de Jaque, aunque lo siguiera formalmente siendo. Una trampa imposible de evadir.

Las cartas del “Paco”. Es posible que Jaque se haya sentido dolido por el acto de “autonomía” de Pérez, pero el “Paco” le debe haber retrucado al gobernador que no se queje ya que él lo quiso utilizar de muleto mientras que él no siente ningún muleto. Pero esas son todas suposiciones, lo único cierto es que, como dijimos en una nota anterior, en la decisión del “Paco” Pérez de sacarse la foto pedida por Mazzón, pudo haber habido cualquier intención, menos ingenuidad o ignorancia.

El premio consuelo para Jaque. El candidato a gobernador del PJ le garantiza a Jaque lo único que Mazzón y Cristina estaban dispuestos a garantizarle: que no se elegiría a nadie que criticara su gestión y que se lo apoyaría fervientemente para que termine su gestión. Vale decir, que nadie se entrometerá con Jaque hasta el 10 de diciembre, pero que luego de esa fecha a Jaque sólo le darían las gracias por los servicios prestados excepto, quizá, una diputación o lo que su majestad la reina quiera. Punto.

El Paco y el Cleto. Mientras se van decantando las consecuencias de la decisión del justicialismo, el “Paco” ya debe estar mirándose en el espejo de Julio Cobos, pero no en el Cobos actual, sino en aquel ministro de Obras Públicas que Iglesias sacó de su galera porque no tenía otro a quien poner y que le terminó ganando a los peronistas cuando éstos eran los favoritos. El “Paco” debe estar pensando: Yo soy tan poco conocido como Cobos lo era en ese entonces, pero él estuvo de ministro de Obras apenas unos meses, y yo ya llevo un montón.

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