Los días de Chiyo: entregado y con la indiferencia de su propio partido

Los días de Chiyo: entregado y con la indiferencia de su propio partido

El gobernador suplente no muestra ningún atisbo de reacción ante su suerte que parece echada desde ya hace más de un mes. Enojado y molesto, se encierra horas en su despacho; sigue acosado por las protestas sociales.

Entregado, sin capacidad de reacción, enojado hasta con el sabor del café que cada mañana le sirven los mozos de la Casa de Gobierno. Así pasa sus días el gobernador interino de la provincia, Juan Carlos Bacileff Ivanoff, acosado por las protestas sociales y merecedor de la indiferencia de un Partido Justicialista que espera más que nunca el regreso de Jorge Capitanich.

Fuentes gubernamentales revelaron a LA VOZ DEL CHACO que a medida que se acortan los plazos para el retorno de Capitanich al poder provincial, Bacileff aumenta su mal humor consciente de que el gobernador titular tomará decisiones en franca oposición con la impronta que le imprimió al Ejecutivo en el año y dos meses que lleva como reemplazante de Coqui.

La decisión de Bacileff es mantenerse en la retaguardia, guarecido en el confort del despacho oficial que deberá entregarle su inmediato superior cuando la realidad de un peronismo coquidependiente baje el martillo de un final anunciado para Chiyo: no funcionó como el puntal político que debía constituir un gobernador del PJ a la hora de fortalecer la propuesta electoral del oficialismo, sino todo lo contrario.

Sin capacidad de conducción, los precandidatos a la Gobernación se reprodujeron a diestra y siniestra como consecuencia de la zona liberada en que Bacileff convirtió al Ejecutivo chaqueño, más preocupado por el futuro personal de su hijo Darío que por el destino de un Gobierno que podría perderse como consecuencias de su arribismo.

Bacileff es consciente de que su obsesión por el poder entendido como una mercadería que se puede contar y almacenar dilapidó la construcción política integradora de Capitanich, quien deberá volver al Chaco para ordenar la administración en función de las necesidades de campaña de un peronismo que hasta hoy adolece de un favorito para las elecciones de este año.

Mientras el radicalismo se arma en torno de Aída Ayala, el justicialismo alberga funcionarios que hacen su juego anárquicamente, con estrategias personalistas que chocan entre sí al punto de desnudar una realidad fragmentada que se percibe hasta en los criterios estéticos diferentes de cada spot televisivo. Mientras Domingo Peppo se viste con un toque juvenil e informal, Gustavo Martínez aparece de saco sentado en un sofá.

Capitanich observa estas desinteligencias desde la cosmovisión porteña y sabe que sólo si se pone al hombro la campaña el PJ podría recuperar el terreno perdido en manos de un gobernador suplente que probó con todo el catálogo de las medidas coercitivas: represión de la protesta social, bloqueo de los acuerdos sindicales, internas fratricidas en el PJ y nada de diálogo.

En esas condiciones se entiende su ostracismo. Nada peor para un político en el ocaso de su vida pública que comprender su propio fracaso. En el caso de Bacileff, el cuadro es peor aún porque desde la poltrona de gobernador puede advertir que las consecuencias de sus actos podrían desembocar en una derrota para el peronismo al que dice honrar.

La frutilla del postre es la actitud de su hijo. Darío Bacileff Ivanoff accedió a la diputación no por méritos militantes, sino por exigencias de su padre vicegobernador, y luego pudo escalar con el mismo pasaporte hasta la Presidencia de la Cámara de Diputados, pero una vez allí quedó claro que sus condiciones como político son tan modestas que ni siquiera tuvo la habilidad de tejer alianzas internas con los referentes del PJ.

La orden que en su momento dio Bacileff padre para que la cara de Darío apareciera hasta en la sopa de los chaqueños, demuestra una deficiencia de torpeza intrínseca, pues nada más negativo para un político beneficiado por el nepotismo que el exhibicionismo burdo, sin propuestas ni contenidos que no sean los digitados por una oficina de prensa (ni siquiera de marketing).

El encierro de Juan Carlos Bacileff Ivanoff quizás sea, después de tamaños desaciertos, su único camino para la supervivencia entendida como el resultado de la caridad de un Capitanich que, una vez reintegrado al frente del Poder Ejecutivo, demolerá literalmente las paredes levantadas por su segundo para recomponer el contrato social vulnerado en catorce meses de diálogo cero con los gremios, las organizaciones intermedias y la desorientada militancia peronista.

El Bacileff que sí se muestra

El mes pasado, el gobernador interino decidió alejarse por completo de las vidrieras públicas, pero el apellido Bacileff siguió como protagonista de acontecimientos institucionales a través de su hijo, quien representó a su padre incluso en la firma del acuerdo de refinanciación con la Presidenta en la Casa Rosada.

Pero eso no es todo. A pesar de que para la gran mayoría de los peronistas chaqueños el joven Darío tiene tantas chances de ser candidato a gobernador como su padre de ser reelecto, sus colaboradores recibieron en los últimos días la orden de relanzar la campaña de instalación que durante el año pasado se pudo observar en cortos televisivos, spots radiales y una fuerte presencia en la cartelería callejera.

Lo singular de esta nueva oleada de publicidad chiyista es que las gigantografías, afiches y ploters que se habrían confeccionado recientemente muestran sólo la efigie sonriente de Bacileff hijo, sin la compañía de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Los más entendidos en la materia aseguran que tal decisión tiene que ver con una intención del clan Bacileff de continuar en campaña pero lo más lejos posible de la figura presidencial, en un intento por capitalizar los bolsones de peronismo anti-K que aún no emigraron hacia el massismo o hacia el PRO.

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