Chile: lo procesan porque mató en 1973 a un oficial que liberó presos

Chile: lo procesan porque mató en 1973 a un oficial que liberó presos
A días del golpe, el mayor Mario Lavanderos Lataste, a cargo de la sección "Extranjería" en ese sitio de detención, dejó ir a militantes socialistas uruguayos y bolivianos. Un colega lo asesinó e hizo pasar el hecho como suicidio.

La justicia chilena procesó a un teniente coronel del Ejército que, tras el golpe militar de 1973, asesinó a otro oficial que había liberado a 68 prisioneros que estaban recluidos en el Estadio Nacional de Santiago.

La resolución, conocida ayer, del juez especial Mario Carroza, de la Corte de Apelaciones de Santiago, sometió a proceso al teniente coronel retirado David Reyes Farías, quien en octubre de 1973 asesinó de un balazo al mayor Mario Lavanderos Lataste y lo intentó hacer ver como un suicidio. Lavanderos estaba a cargo de la sección "Extranjería" del Estadio Nacional, que en los primeros meses de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) fue utilizado para encerrar a millares de partidarios del derrocado Salvador Allende.

De acuerdo con los antecedentes, el 16 de octubre, el mayor Lavanderos, que tenía 37 años, liberó a 55 ciudadanos uruguayos y 13 bolivianos, para entregarlos a la Embajada de Suecia como refugiados. La noche siguiente, fue increpado en la Academia de Guerra del Ejército por Reyes Farías, quien al cabo de una discusión le descerrajó un disparo al mayor, con el cañón de su pistola apoyado sobre el lado izquierdo del labio superior. El herido fue trasladado al hospital Militar de Santiago, y murió durante la madrugada siguiente.

Lavanderos había sido destinado a servir en esa sección, cinco días antes de su muerte, como remplazo del mayor Carlos Meirelles. En el Estadio Nacional fue testigo de los crímenes de lesa humanidad cometidos por los militares y la DINA. Según el relato del periodista chileno Abel Samir, del Círculo de Estocolmo, quien lo conoció y siguió la causa durante décadas, "lo más probable es que se haya impactado con lo visto allí, como les ocurrió a varios oficiales y suboficiales de similares características a las de Lavanderos".

Samir reflexionó en un artículo publicado por Argenpress que "no es extraño que Lavanderos fuese también un hombre de ideas de derecha, es decir, impregnado de la ideología burguesa. Ahora bien, una cosa es ser un hombre con ideas políticas de derecha o centroderecha, y otra cosa muy distinta es ser un hombre socialmente insensible y desalmado como existieron en esa época dentro de las FF AA. Su sensibilidad lo llevó a elaborar una lista de uruguayos presos en el Estadio que luego entregó al entonces embajador de Suecia Harald Edelstam, reconocido simpatizante de la Unidad Popular y muy activo en rescatar prisioneros políticos de las garras del fascismo chileno."

Samir da cuenta de que el propio Edelstam le hizo saber a Lavanderos que había una lista de prisioneros que serían fusilados. Esa noche, se acercó a la oficina de Lavanderos y comenzó a conversar con él, hasta que le dijo: "Mire, usted no se ve especialmente feliz con este trabajo. ¿Qué le parece si le ayudo un poco y lo alivio de la responsabilidad que se va a echar encima con esos 54 uruguayos?"

El 17 de octubre de 1973, Lavanderos y Reyes se quedaron solos en el casino de la Academia de Guerra. Hacia la madrugada, discutieron, y Reyes colocó su arma reglamentaria debajo del mentón de su colega y lo mató. Luego presentó el caso como un suicidio y el Ejército clausuró la investigación.

El informe de la Comisión Rettig certificó en 1991 las violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante la dictadura, e incluyó al mayor Mario Lavanderos Lataste como una de las 3200 víctimas. El proceso acaba de concluir, con la condena de Reyes. «

la evidencia estaba en el arma homicida

El 17 de octubre de 1973, Lavanderos se dirigió al casino de la Academia de Guerra donde se encontraban alojados oficiales que cumplían labores administrativas o de inteligencia. Allí estaban el teniente coronel David Reyes Farías, el mayor Moraga y el mayor Hormazábal. Estos últimos se retiraron muy temprano. Lavanderos y Reyes se quedaron un largo tiempo.

Alrededor de las 2:30 de la madrugada, el comandante Reyes ordenó al asistente mozo Pedro Rivera que se retirase a descansar. Cerca de las 3 se escuchó un disparo. Según declaró, el mozo vio al comandante Reyes tratando de colocarle una pistola en la mano de Lavanderos que yacía sobre la mesa en medio de un charco de sangre.

Se evidenció que la muerte de Lavanderos se produjo no por su arma (un revólver), que permanecía en su cinto, sino por el arma del comandante Reyes, una pistola Browning calibre 9 milímetros. Se le hizo la prueba de parafina al cadáver de Lavanderos pudiéndose evidenciar que no había restos de pólvora, y tampoco de alguna huella dactilar en la pistola, sólo las del comandante Reyes. Según Reyes, Lavanderos habría desenfundado el arma de Reyes para después dispararse. Las pruebas, aun contundentes, no sirvieron para enjuiciar al comandante Reyes como autor del disparo. Hasta ahora.

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