Para el manual de la "política de superficie" era el paso cantado. Después del retroceso electoral había que pedir una audiencia a Juan Schiaretti. Mostrarse normal y distinto al desencajado de la denuncia permanente le es imprescindible para no resignarse anticipadamente a la complicada carrera del 2011.
Sólo un gesto podría modificar la duda generalizada en la percepción de motivos. Sólo uno podría sugerir que hay real valoración de la responsabilidad y no sólo pose en este repentino interés por los temas que afectan a Córdoba. Sólo un paso lo liberaría a Juez de la sospecha que irá a verlo a Schiaretti nada más que para amortiguar el desagaste del estilo desafiante y casi petitero de su política de denuncias monomediáticas y bochornosamente irrelevantes. Ese paso es, como ya se dijo, pedir también la audiencia con carácter de urgencia a Giacomino. Y hasta exponer en el mismo formulario de solicitud los motivos: evaluar medidas para salir de la crisis de desfinanciamiento que sufre la Municipalidad. Allí podría Juez ofrecer su visión y sus propuestas para trabajar un asunto más próximo a todos. Cuenta con 13 concejales y el viceintendente que le responden. Cae de madura la importancia de esta ampliación de las audiencias. No sólo porque la coparticipación federal, el financimiento de las provincias o las retenciones agropecuarias, son temas en los que Juez ni Schiaretti tienen chances reales de corregir por sí mismos, sino además, y fundamentalmente, porque en los más domésticos asuntos comunales que nos agobian, su rol -el de Juez- fue determinante en la génesis. Esta actitud, la de involucrarse para aportar ideas, puntos de vista y hasta para oponerse a los de Giacomino en la crisis de financiamiento de la Municipalidad, le daría crediblidad a Juez y a su propósito de recuperación. Sólo así podría aparecer como algo diferente a un discurseador barrial sobre chismes incomprobables de la política. De lo contrario, será únicamente oportunismo y cosmética.



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