El acto arrancó tarde y con menos público que otros años, pero con el desfile recobró todo su color. Unas pocas banderas políticas fueron a bancar a Boudou, que aun así cosechó unos silbidos.
Hacia las 10, hora en que estaba anunciado el inicio del acto, el clima en el Monumento era mucho más frío que lo que marcaba el termómetro: se veía poca gente y ante el palco de las autoridades sólo dos o tres agrupaciones políticas parecían dispuestas a darle aguante a Boudou: La Cámpora, Kolina (Corriente Liberación e Integración Nacional, sector que responde a Alicia Kirchner) y el Partido Intransigente.
Sobre la escalinata izquierda del Monumento y por la bajada de Santa Fe, un público sin identificación resistió a la militancia cantando: "Que bajen las banderas, queremos ver el acto".
Con alguna que otra marcha militar como música de fondo y un simpático reparto de "helados del bicentenario", de color celeste y blanco, la previa se extendió demasiado: recién a las 12.10 llegó el vicepresidente y 5 minutos después arrancó el acto.
Tras una invocación religiosa del arzobispo José Luis Mollaghan, las tres principales autoridades del acto se sucedieron en el uso de la palabra.
En su discurso Fein rescató la capacidad de autofundación de Rosario y su condición de cuna de la bandera, el gran legado de Belgrano, además mencionó el "derecho irrenunciable" por Malvinas y calificó de "maravilloso" el "proyecto colectivo" de Alta en el Cielo.
Bonfatti, después, hizo una encendida semblanza de Belgrano y elogió el espíritu de la "bandera más larga del mundo" como muestra de lo que es posible lograr cuando se trabaja en común. También llamó a devolver a la enseña "un sentido emancipatorio" mientras flamee "sobre Malvinas" y en cada uno de los lugares donde cotidianamente se construye el país.
A su turno, Boudou pareció comenzar su discurso resistiendo los chiflidos con una invitación a celebrar "lo que nos une y no lo que nos separa", para pasar a desgranar la actuación de la presidenta en los foros internacionales de los últimos días, tanto en el comité de descolonización de la ONU como ante el G-20.
Y, sobre todo, hizo una cerrada defensa del modelo y de las acciones de gobierno de los últimos nueve años, en la era K, conquistas a las que pidió no minimizar y a las que llamó a defender frente a un contexto internacional "muy difícil".
Luego llegó el momento que la mayoría esperaba: el comienzo del desfile cívico-militar, en el que como era previsible tuvieron especial protagonismo los veteranos de Malvinas llegados de todo el país y la última pasada de Alta en el Cielo, que ingresó mientras Rubén Goldín cantaba "Aurora" a capella. Después, todo fue emoción y las miles de personas que parecían faltar como público aparecieron, orgullosas, como guardianes de la bandera.





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