Elisa Carrió no piensa en alianzas. No por ahora, al menos. Si había alguna posibilidad de acercamiento con Ricardo Alfonsín, esa posibilidad se alejó el día que el candidato radical dejó trascender que aceptaría llevar a Francisco de Narváez en su boleta y, sobre todo, cuando echó a rodar la idea de impulsar a Alfonso Prat Gay –uno de los dirigentes más mimados por la diputada– como eventual ministro de Economía.
A fines de mayo, Carrió viajará a Berlín, Alemania , para mantener una reunión con parlamentarios, funcionarios del Gobierno y empresarios. “Es una manera de intercambiar opiniones pero a la vez de demostrar que Lilita es candidata a presidenta y que tiene un plan serio para la Argentina, por más que muchas veces la quieran bajar de la competencia”, dijo uno de los integrantes de la Mesa Nacional.
Carrió sostiene en privado que los habituales roces de la oposición la benefician. “Al final se están bajando todos y yo voy a quedar perfilada para disputar el poder con el oficialismo”, razona, según tres de sus confidentes. Carrió dice ver un escenario parecido al de 2007 . “Todos nos querían bajar pero fuimos la segunda fuerza nacional”, recuerda. Y se ilusiona: “Esta vez vamos a ganar nosotros”.






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