Carrascosa apeló su condena ante la Corte Suprema

Carrascosa apeló su condena ante la Corte Suprema

Carlos Carrascosa, condenado a prisión perpetua por el crimen de su esposa María Marta García Belsunce en el country Carmel de Pilar en 2002, pidió su absolución ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

En lo que es la última instancia de apelación que le queda ante la Justicia argentina para revertir su condena, la defensa del viudo insistió con su inocencia, con la hipótesis de que su mujer fue asesinada por ladrones a los que ella sorprendió robando en su casa y con que tanto él como la familia fueron víctimas de la ineficiencia del fiscal del caso, Diego Molina Pico.

El recurso extraordinario -al que tuvo acceso Télam-, fue presentado el viernes pasado ante el máximo tribunal del país por el abogado Fernando Díaz Cantón, luego de que el 10 de este mes la Suprema Corte de Justicia bonaerense rechazara, por cuestiones formales, no revisar la cuestión de fondo y confirmar la prisión perpetua impuesta en 2009 para el viudo por Casación bonaerense.

En su pedido, Díaz Cantón solicita que "dado la prolongada prisión injusta que padece el Sr. Carrascosa", la propia Corte Suprema vaya a la cuestión de fondo, analice la prueba y lo absuelva "en forma total" no sólo por el homicidio, sino también por el encubrimiento por el que fue sentenciado en 2007 tras un juicio ante el Tribunal Oral Criminal 6 de San Isidro.

Subsidiariamente, el abogado pide que la Corte nacional le ordene a la Suprema Corte bonaerense revisar el fallo condenatorio que, tras tres años de espera, ellos rechazaron analizar.

En su presentación, Díaz Cantón critica a la Corte bonaerense al afirmar que cometieron un "exceso de rigor formal constitutivo de arbitrariedad".

Al analizar la cuestión de fondo y criticar la prueba por la que Carrascosa está condenado a perpetua, Díaz Cantón presenta 14 puntos, algunos con fundamentos nuevos y otros ya reiterados por las distintas defensas de la familia en los dos juicios orales que hubo por el caso.

En primer lugar, da por probado que el real horario en el que aquella tarde del 27 de octubre de 2002 Carrascosa llegó a su casa fue alrededor de las 19, tal como contó el vigilador José Ortiz -denunciado por falso testimonio en la causa-, y cuando, según la defensa, María Marta ya estaba muerta.

"Si esto fuera cierto, todos coinciden en que no hay modo de situar a Carrascosa en la escena del crimen al momento de su comisión", afirma el letrado en el escrito.

El abogado también cuestiona que estén referidas a acciones de encubrimiento las frases "Tenela", "Tocala", "Cerrá la puer..." y "Dale... vamo...", que se escuchan de fondo a la grabación de la llamada de Carrascosa a la ambulancia y que se le atribuyen a Guillermo Bártoli y una mujer que no pudo ser identificada.

"Lo que en realidad sugieren estas expresiones, tomadas en el contexto general, y que no ha sido desacreditado por prueba de cargo alguna, es la desesperada realización de maniobras de resucitación que estaban practicando sobre el cuerpo de María Marta", sostiene el letrado.

En un argumento inédito hasta ahora en el expediente, Díaz Cantón tomó como "una prueba científica de que Carrascosa no cometió el homicidio", el testimonio que brindó en el último juicio del 2011 el médico forense que hizo la autopsia de la víctima.

El forense Héctor Moreyra explicó que a María Marta le habían provocado en sus costillas "una o dos fracturas" de carácter "no vitales" con las maniobras de reanimación y que para ello es necesario que haya pasado "al menos una hora" entre el momento del deceso y los trabajos de resucitación.

Tomando los horarios del arribo de los conocidos y médicos que practicaron esas maniobras, y teniendo en cuenta ese lapso de una hora marcado por el forense, Díaz Cantón afirma que el horario del crimen tiene que haber sido "antes de las 18.30, es decir, aproximadamente media hora antes de que llegara Carrascosa".

El defensor también resaltó en la apelación el testimonio de otros médicos de la autopsia que afirmaron que ellos recién se dieron cuenta de que la víctima tenía cinco balazos en la cabeza cuando abrieron el cráneo y encontraron las balas.

En otro de los puntos, el defensor acusó al fiscal Molina Pico de "adoptar una actitud de enorme disgusto con la familia" porque se "irritó" al darse cuenta de que había cometido un grave error al no haber ordenado la autopsia en el mismo momento en el que concurrió al velatorio.

Por último, el defensor apoya la hipótesis de un homicidio en ocasión de robo, menciona que "cámaras" y "alarmas perimetrales" fueron desactivadas ese día y toma como principal evidencia los ADN de dos hombres y una mujer encontrados en pequeñas manchas de sangre halladas en una alfombra, el baño, las paredes del dormitorio y la antesala de la casa del crimen.

"Esa sangre no corresponde ni a la víctima, ni al viudo, ni a ninguno de los familiares ni demás personas imputadas. Estos rastros de sangre corresponden a las personas que sostuvieron una lucha con la víctima previo a dispararle (los asesinos)", sostiene el letrado.

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