Cano, Amaya y Alfaro: el acuerdo que se necesita para poder ganarles a los millonarios Alperovich, Manzur y Jaldo

Cano, Amaya y Alfaro: el acuerdo que se necesita para poder ganarles a los millonarios Alperovich, Manzur y Jaldo

Por Tomás Luciani

Aunque muchos no estén enterados, en estos días se está definiendo el rumbo político de Tucumán para la década que viene.

¿Los tucumanos querrán seguir prolongando la etapa oscura del alperovichismo? ¿O preferirán dar vuelta la página?

¿Cuándo tendremos un gobernador que piense en el futuro de Tucumán y no en su bolsillo?

¿Cuál es el camino para que nuestra provincia recupere sus instituciones democráticas? ¿Cuándo volveremos a tener una Legislatura en lugar de una escribanía? 

¿Cuánto habrá que esperar por una Justicia independiente del Poder Ejecutivo? 

Estas preguntas cruciales deberían estar pasando por la cabeza de José Cano y de Domingo Amaya, las dos opositores que se distinguen en las encuestas, y que son reconocidos por amplias franjas de la ciudadanía como personas decentes, capaces, bien intencionadas y con suficiente sabiduría política como para insertar a Tucumán en la senda del futuro.

Enfrente, los testaferros de José Alperovich -Juan Manzur y Osvaldo Jaldo- se relamen pensando en seguir acumulando millones en su patrimonio, usufructuando la miseria de miles de tucumanos a través del clientelismo.

Una mayoría de tucumanos rechaza la monarquía. Pero Alperovich trabaja fuerte para dividir y seguir reinando.

El Zar necesita que entre José Cano y Domingo Amaya prevalezcan los intereses menores, las ópticas partidistas, los egoísmos políticos, por sobre las miradas estratégicas.

Alperovich está seguro de que si no existe una conjunción electoral entre canistas y amayistas, el próximo gobernador será "el turco rico" (como lo llama Jorge Asís a Manzur).

Cano y Amaya son los mejor posicionados ante la sociedad, pero si van por separado difícilmente puedan prevalecer ante el impresionante aparato electoral alperovichista, ni generarse condiciones de gobernabilidad en una provincia compleja, entrecruzada por fuertes intereses.

Ambos requieren de una plataforma ancha, no solo para ganar sino también para afirmarse en el poder y producir las transformaciones estructurales que reclama Tucumán desde hace décadas. 

Tampoco sirve una victoria ajustada, sin mayoría legislativa, sin fuerza política para responder a las expectativas de cambio, lo que podría terminar significando para el ganador un pasaporte al infierno. 

Por eso, es imprescindible un acuerdo. Para gobernar con eficacia habrá que acumular muchas bancas y muchas personas con fogueo en el manejo del Estado. 

En el primer terreno podría prevalecer el aporte del radicalismo, mientras que en el segundo seguramente tendrá mayor preeminencia el amayismo.

En el caso de llegarse a una fórmula Cano-Amaya, el postulante a la Municipalidad de la Capital podría ser Germán Alfaro, conocedor como pocos de la ciudad, y el hombre de mayor confianza del actual intendente.

Las listas conjuntas se extenderían a todo el interior, generando fuertes chances de ganar en los municipios más importantes.

Un frente de esa naturaleza provocaría profundos realineamientos políticos en la provincia, dividiendo al justicialismo y generando una fórmula opositora imbatible.

Queda para Cano y Amaya la responsabilidad de responder al desafío, o eludirlo. 

La alternativa es un nuevo y prolongado ciclo de alperovichismo, sinónimo de destrucción institucional y moral de Tucumán.

Comentá la nota