"Canguro" Gómez, dirigente por vocación

La Escuela de Ciegos, el Taller Amor y Fe, el Club Banco Pampa, el Sóftbol, el Ciclismo, el Judo, el Básquet y la Liga Cultural, lo contaron como directivo. "Siempre con la intención de dar una mano".
En una ciudad todavía chica como es Santa Rosa, alguna de su gente es un poco más conocida que otra, por distintas circunstancias. Están los que resultan distinguidos entre el resto a lo mejor por tener que desempeñarse -a partir de su tarea cotidiana- en un lugar de exposición pública, o porque se destacan en determinada actividad, ya sea vinculada a la política, a lo social, lo deportivo o lo que fuere. Pero es cierto que hay personas que gozan de una cierta popularidad de modo tal que "todo el mundo" sabe quiénes son. Este es el caso de este hombre: "Canguro" Gómez.

Basta verlo caminar por las calles para advertir que va saludando aquí y allá, siempre con un tono respetuoso; a veces con un chascarrillo para alguno un poco más conocido, y disfrutando de una popularidad que deviene, fundamentalmente, de sus años atendiendo público en el Banco de La Pampa, pero también por su relación con muchos otros sectores de la comunidad. Porque Daniel Orlando Gómez (61) ha sido siempre, así lo he visto, sobre todo una persona amable y servicial.

"Canguro" desde que una vez, en la primaria, con sus compañeritos de grado se divertían saltando en una especie de "cajón" de arena."Nos vio el vicedirector, Lastiri, y como practicábamos salto en largo me puso ese sobrenombre y quedó".

Sentados a una mesa de La Capital, va desgranando recuerdos. "Sí, la primaria en la Escuela 2, y el secundario en el Domingo Savio... De la primaria seguimos juntos hasta terminar el secundario con Patucho Álvarez, Jorge Altolaguirre, Juan Carlos Scovenna, Ricardo Flórez... Viví toda mi vida don de todavía lo hago, en O' Higgins 61, así que siempre el colegio me quedó muy cerquita", menciona.

Familia de bancario.

Hijo de Reyes Gómez, empleado toda su vida en el Banco Hipotecario -carrera que iba a culminar como gerente en Río Gallegos-, y de Haydeé Espósito, tenía una hermana, Liliana, fallecida hace un par de años. Daniel se casó con Olga Castagnino -la conozco bastante porque es hija de Adolfo, el dueño del bar en el que solíamos parar y jugar al billar hace algunos años, en Don Bosco y Villegas- y tiene dos hijos: Lucas (31), bioingeniero; y Santiago (25) estudiando veterinaria en General Pico.

"La verdad que era buen alumno, y aparte de hacer algo de fútbol en Independiente, y un poco en Sarmiento llevado por Reynaldo Caumo; cuando muchacho me dediqué un tiempo al atletismo, en la época de Juan Carlos Lavand, Juan Pedro Torroba y otros; y lo que hacía era salto en largo. Aunque por un tiempo el profesor Romero me entusiasmó para hacer salto en alto", sigue Canguro.

Sobre su adolescencia -y un poco más- rememora las salidas de los viernes o sábados "con Tito Batisttoni y Tili Forastiero, dos grandes amigos, cuando la cita era en Kascote", el boliche de moda en aquellos tiempos y donde obviamente participó de innumerables anécdotas, algunas de las cuales no las cuenta... quizás por aquello de que "las perdidas que las cuenten otros". Y alguno habría de encargarse de eso, claro.

El dirigente.

Espíritu inquieto y emprendedor, Daniel iba a tener una característica que lo haría una persona valiosa, en distintos ámbitos de la vida ciudadana. "Siempre fui un poco metido, con la intención de ayudar". Por eso se habría de convertir en dirigente de distintas actividades, sociales y deportivas. Porque participaría en lo gremial, en la Asociación Bancaria, y más tarde en diversas disciplinas deportivas, a veces vinculados con el Club Banco Pampa -hoy Médanos-, y también en otras instituciones.

Sin proponérselo, por esa energía particular que lo impulsaba, por el ánimo dispuesto, se hizo dirigente. Podría decirse que, además de eficiente empleado bancario por más de cuatro décadas, Canguro -dicho así sin comillas, porque es parte indisoluble de su apellido, casi como un nombre más-empezó a incursionar en la vida institucional de diferentes entidades.

Recuerda con especial cariño su paso por la Escuela de Ciegos y Disminuidos Visuales, en la que estuvo desde sus inicios. "Es una obra muy linda que inició fundamentalmente Emilse Gutiérrez, con un grupo que después integraron entre otros Susana Valle, Adriana Mendía y Alicia Macera". Habría de funcionar en principio en calle Pellegrini, donde hoy está la Fundación Banco de La Pampa; trasladaría luego su sede a la Escuela 1 -allí fue presidida por el desaparecido periodista deportivo Néstor Roldán-; hasta llegar a la sede propia en calle Leguizamón, entre Pasteur y Lope de Vega, "gracias al Club de Leones", reconoce. No quiere dejar de nombrar a Marta Longui y Juanita Gauna, algunas de los tantas colaboradoras de la institución. "Aunque seguro me voy a olvidar de muchos", se justifica.

El Club Banco Pampa.

Daniel también prestaría su colaboración al Taller Protegido "Amor y Fe"; y más tarde a una entidad que lo marcó en su existencia: el Club Banco de La Pampa. "Empezó a trascender a través de sus colonias de vacaciones, a cargo de Juan Carlos Gavazza, Omar Lastiri y el profe Allegrini, entre otros". Canguro pone énfasis en remarcar la actuación de muchos compañeros, y menciona a Marito Baldomé -"una persona con dotes para conducir, que tiene buen tacto para llevar las cosas", lo define-, y también a Baudaux, Cabot, Juan Iviglia, Lozano y Cantero.

Integró la directiva muchos años, y allí se vinculó al sóftbol, una de las primeras actividades que se practicaron en el club. Y tira los nombres de Lelo Pérez, Tili Forastiero, Guillermo Ramos, Sergio Barrachia, Sergio Capozzi, Juan Carlos Pérez; y un poco más acá en el tiempo la llegada de Lucas Mata, Mariano Mayoral y los Acosta...".

Luego se acercaría al ciclismo y se convertiría en delegado por el club ante la Federación Pampeana; y allí habría de conocer a un verdadero personaje del deporte: Don Julio Ciaffoni. "Vaya si lo era, difícil, cabrón, pero un apasionado. Empecé mi amistad con él con una pelea y después lo acompañé en muchas vueltas de La Pampa. Era polémico y un poco autoritario, pero hacía... así como lo veías era una persona muy culta, que había leído los clásicos y le gustaba la poesía. ¿Quién diría, no?".

Más tarde, acompañando a Eduardo Filgueira Lima se vinculó al Judo. "Trabajamos mucho y la voz cantante era Mechi Mario -fallecida en una tragedia (incendio en Casa de Gobierno)-; cuando se destacaban su hijo Tin Maccione, Carlitos Crespo, Gustavo Fernández Mendía, Millán y Giordano".

Pero no sólo eso, porque la Asociación Santarroseña de Básquet iba a contar con su concurso, y se haría cargo del Tribunal de Disciplina. "Era la época de Tabernero, Raúl Aguerre y Aníbal Velázquez, entre otros dirigentes", los nombra.

La familia, lo que viene.

"¿La familia? Y sí, es el refugio que uno tiene para llevar sus penas y alegrías, el espacio de contención. Mis padres me educaron en un ámbito de respeto, y pretendo lo mismo con mis hijos. Ahora si tengo que hablar de momentos de tristeza obviamente debo referirme a la muerte de mis padres, y de mi hermana, Liliana...". Lo miro, la barba casi blanca prolijamente recortada, la corbata que es parte del uniforme de bancario, y el gesto ahora adusto. Se saca lentamente los lentes que utiliza para leer y no puede evitarlo: un par de lágrimas ruedan por sus mejillas. "Sabés qué pasa... todavía no me cayó la ficha por lo de Liliana", se quiebra.

"¿Vos decís que me conocen mucho? Y sí, un poco por la actividad en el banco, atendiendo gente, y además porque anduve en varias instituciones. El día que me jubile, seguro, voy a seguir haciendo algo. Hoy soy apolítico, pero el día de mañana... quien te dice".

Cabe admitir, hace falta mucha gente que se comprometa, porque al cabo un dirigente es eso: compromiso. Por más que desde afuera los que se anotan en la crítica fácil crean que es un figurón que está en un determinado lugar por un rédito personal. En realidad, casi siempre, suelen ser esforzadas personas que dedican de su tiempo para llevar adelante una actividad, de cualquier índole de que trate.

Para la jubilación todavía falta, pero desde ya te anotamos para que, entonces, vuelvas al sóftbol, Canguro. Harías mucha falta, como tantos otros que verdaderamente sientan vocación por ser dirigentes.

Reconocimiento merecido.

Alguna vez el Círculo de Periodistas Deportivos Pampeanos, en una fiesta del Caldén de Plata que se hizo en Realicó, le entregó a Daniel Gómez una plaqueta por su condición de "Mejor dirigente en varias disciplinas deportivas". Admite que fue "una gran alegría, pero entiendo que hay que ser reconocido y saber que uno solo no puede hacer nada. Tiene que haber un equipo atrás, con más gente comprometida para que la gente funcione", relativiza.

Expresa algún reproche en relación a aquel equipo de fútbol de Banco de La Pampa -en el que se destacaban entre otros Estergidio Pérez, Daniel Petrucci, y Tito Mansilla- que jugó "muy buen fútbol en nuestra zona. Pasados muchos años persiste una injusticia: tuvimos la gran alegría de ser campeones en un torneo de los más largos que se jugó, con 39 fechas, y nunca recibimos el trofeo por parte de la Liga Cultural: somos los eternos campeones sin corona", se queja.

Señala que el afecto recibido "de jugadores que se formaron en el club, o de otros que vistieron nuestra camiseta, es una de las cosas más linda que me dejó el fútbol".

Daniel fue, entre 1995 y 1999 Director del BLP por el Personal. "Ahora, 14 años después, participé de una elección y fui electo por la Caja de Previsión de los Empleados. Empatamos en 320 votos con Sergio Draque y por sorteo me tocó a mí. Ahora estamos esperando una resolución del Banco Central para saber si me ratifican", dice aparentemente sin preocupaciones. "La verdad es que fue una alegría, porque tanto tiempo después, con mucho personal nuevo, que casi no me conoce, me votaron. Y eso está bueno", termina.

Alguna perdida siempre hay.

Cuentan los que lo conocieron de joven que Canguro "se las aguantaba. Así como lo ves de flaquito a veces se prendía en una pelea, pero un día en 'Kascote' la pasó mal. Salimos y cuando quisimos acordar Daniel estaba en el piso. No hubo tarjetas, fue nocaut. Él no te la va a contar, pero ese día se metió con un camionero y el hombre pegaba fuerte".

Se ríe el amigo contando la anécdota de Daniel. Y cuenta otra travesura que el perfil de Canguro hace difícil de creer. "Algún sábado le robábamos un Chevrolet 51que tenía el padre y nos íbamos de parranda. Pero nunca nada grave", trata de atenuar.

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