Las candidaturas Y el modelo político

Las candidaturas se constituyeron, a esta altura del año, en el principal tema de conversación de periodistas y políticos. Existe una especie de intriga y ansiedad desmesurada por conocer los nombres de las personas que aspirarán a cubrir cargos ejecutivos y legislativos.
Todo se reduce, forzosamente, a lograr dispersar esa incertidumbre lo antes posible, valiéndose para ello de cualquier indicio que surja de sectores interesados. Un amague, un gesto, una pintada o declaración fuera de lo común automáticamente se transforma en disparador de un sin fin de especulaciones. Así está hoy la cuestión: expectante de cualquier movimiento que aparezca en el tablero de juego.

Vale aclarar, que esa ansiedad es una cualidad que le pertenece exclusivamente a los círculos políticos-partidarios, porque el resto de la sociedad (donde reside el elector mayoritario) aún no se mostró interesado por participar de esa esas discusiones febriles.

En este contexto, es entendible escuchar declaraciones de dirigentes políticos que expresan sus deseos de acceder a cargos ejecutivos, parlamentarios, promover frentes aliados, desmerecer acciones o, según el caso, promover recambios según su propia conveniencia. Estamos, podría decirse, en una etapa de pre-instalación o expresión de aspiraciones donde cada candidato evita mostrar todas sus cartas, aunque sí se asegura dejar en claro que está dispuesto a dar batalla por acceder a un lugar de privilegio.

En medio de esta trama, vale la siguiente pregunta: ¿Cuál debería ser el mecanismo más apropiado y justo para resolver estos dilemas? Las internas, desde luego. Pero más a fondo aún: ¿Cómo deberían legitimarse las candidaturas en el actual contexto político? Este es el nudo de la cuestión que debe resolverse y que desvela a más de uno. Sin embargo, la particularidad del momento político que se vive y las informaciones que pueden recogerse de fuentes provinciales y nacionales, permiten inferir cual será ese método de elección en las filas del justicialismo.

En primer lugar, debe partirse de un dato irrefutable: Si no sucede nada extraordinario, Cristina Fernández de Kirchner estará en la conversación por la Presidencia de la Nación el próximo mes de octubre con serias y ciertas probabilidades, según mediciones encargadas por propios y ajenos, de repetir. Esto significaría cuatro años más de gestión kirchnerista y profundización del modelo. Ahora bien: ¿Qué significa “profundizar” el modelo? Para algunos inexpertos simplemente es un slogan de campañaen cambio para los que conocen el núcleo duro K, significará avanzar, gracias al respaldo popular, en nuevos cambios políticos, sociales, económicos y culturales. Significará redoblar la disputa con los grupos concentrados, con los sectores opositores y con todo aquel que crea, por ejemplo, que los Derechos Humanos son cosas del pasado. Será, sin dudas, un paso más para la validación de los movimientos sociales y sindicales y la reafirmación de un nuevo esquema de distribución de poder en Argentina. Así de sencillo.

Esta realidad será, por lo tanto, definitoria de las candidaturas nacionales. Es decir, si el propósito es profundizar el modelo, el paso siguiente es saber elegir cuáles serán los soldados que, en distintos territorios y cargos, demuestren garantías y compromiso con esa realidad, para evitar -como sucedió en el 2009- que algunos crucen la trinchera de batalla abandonando las tropas oficialistas en el momento que mayor debilidad.

En esta etapa, ya no alcanzará con una sonrisa o buenas intenciones, será necesario que los candidatos demuestren real afinidad con la insignia K. Por eso es que será la Propia presidenta de la Nación, la que aprobará o desaprobará las postulaciones para acceder a la gobernación, y bancadas en el Senado y Congreso de la Nación. Si alguno se negara a aceptar la decisión de la Casa Rosada, la respuesta sería sencilla: Será objeto de una lista paralela que sí cuente con el sello oficialista.

En el caso de Jujuy, solo resta pensar un momento para saber qué dirigentes responden a esas cualidades y, por ende, saber que corren con mayores ventajas para cubrir con determinados cargos.

En cambio aquellos que alguna vez osaron actuar en contra del “modelo”, apoyando -en las sombras- sectores no-oficialistas o simplemente “descubrieron” el kirchnerismo muy tarde, estarán destinados a disputar cargos locales o municipales.

Todo parece indicar que este será el método de elección de soldados que usará el gobierno nacional y que, en Jujuy, hará propio el círculo de conducción del PJ. Pareciera que se acabó el tiempo de las dudas o los huevos en dos canastas. Los comicios de este año, serán a todo o nada por una razón sencilla: Correr con una amplia ventaja de triunfo es una carta que en política muy pocos están dispuestos a dilapidar, mucho más cuando a la primera de cambio algunos dirigentes y sectores están acostumbrados a abandonar el barco.

Pero a no equivocarse, no alcanzará con hacer morisquetas para demostrar la pertenencia kirchnerista. Será necesario, porque el tiempo político así lo exige, exponer experiencia y militancia. Ya se puede ver a algunos dirigentes locales que piensan que con una foto o conexión satelital alcanza para aprobar el examen. Esos juegos, también del pasado, poco sirven en la política de hoy por una razón contundente: Gracias a Néstor Kirchner, guste o no su dirección, la ideología volvió a copar la escena y son pocos -tristemente- los que en la actualidad puedan discutir ideas de fondo, muchos menos mostrar pergaminos bien ganados en la calle.

Comentá la nota