El presidente mexicano impide que el empresario ingrese al negocio de la televisión por cable. Las multas y referencias al Grupo Clarín.
El conflicto entre los dos hombres más poderosos de México salió a la luz durante la última visita del primer mandatario de ese país a los Estados Unidos. “Respeto mucho a Slim, pero soy la autoridad y necesito regular el mercado para evitar las prácticas monopólicas”, aseguró Calderón, al revelar una disputa que lleva dos años y tiene un trasfondo político y económico.
Slim, dueño de la empresa de telefonía Telmex, pugna por ser proveedor de televisión por cable, en un mercado dominado por el duopolio de Televisa y Televisión Azteca. Pero Calderón, que dejará el poder en 2012, se rehúsa a permitir que el dueño del Grupo Carso, de fluidos contactos con Cristina Fernández de Kirchner, irrumpa en ese negocio, favoreciendo a los dos canales de televisión más grandes del país azteca.
La disputa tiene paralelos muy llamativos con lo que sucede en la Argentina, en la pelea entre el Gobierno y el Grupo Clarín. En esa confrontación, el oficialismo cuestiona al conglomerado mediático por tener una posición monopólica en el mercado y por la adquisición irregular de Papel Prensa durante la dictadura.
En México, aunque no hay cuestionamientos vinculados a los derechos humanos, la embestida de Calderón contra Slim también se basó en argumentos antimonopólicos. Y aunque el jefe de Estado reconoció que el empresario es un hombre trabajador, honesto y que su negativa no era “nada personal”, las últimas decisiones del Ejecutivo, que multó con 1.016 millones de euros a Slim, apuntaron contra el hombre que ocupa el primer puesto en la lista de Forbes.
La disputa adquirió un cariz más polémico cuando los tribunales de justicia de primera instancia autorizaron a Telmex a brindar servicios de televisión por cable. Sin embargo, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes de México (SCT) consideró que la empresa de Slim no había cumplido con los requisitos para que su título de concesión sea modificado y le negó la posibilidad de ingresar a ese negocio.
En respuesta a la posición del Ejecutivo, Javier Mondragón Alarcón, vicepresidente jurídico de Telmex, aseguró que “la consecuencia de esa decisión era proteger a los competidores ineficientes, con la consecuencia de que los usuarios tengan que pagar más caro por servicios de televisión”.
Pero paradójicamente, quien advirtió a Calderón sobre lo endeble de su posición fue Cristina Kirchner. “Los políticos creen equivocadamente que todo es eterno”, le dijo la mandataria a Calderón, durante su última visita a ese país. La frase no hubiera tenido mayor importancia, de no mencionarse en un momento de extrema tirantez en las relaciones del gobierno mexicano con Slim y, sobre todo, en plena guerra entre el kirchnerismo y Clarín.
El enfrentamiento entre el jefe de Estado mexicano y Slim ya desgastó la imagen de Calderón y dividió a la opinión pública. Según una encuesta de Demotecnia difundida esta semana, seis de cada diez mexicanos quieren a Slim en el mundo de la televisión y tienen una imagen positiva del empresario que hace cuarenta años vive en la misma casa en el Distrito Federal, jamás se volvió a casar tras la muerte de su esposa y aspira a ganarle la pulseada al presidente de su país



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