La mayoría tiene entre 13 y 17 años y suele escaparse de su casa por peleas con su familia. Aparecen a los pocos días. Advierten por el crecimiento de jóvenes integrantes de tribus urbanas que se van de su casa.
Maximiliano (16) llegó de la escuela y tomó la decisión de irse de su casa. Por seis días, su desaparición tuvo en vilo a la ciudad hasta que al final lo encontraron en Coronel Vidal. Había escapado por problemas con su familia.
El caso de Franco (16) fue similar. Después de discutir con su padres se escapó de su vivienda. Tras cinco días, lo hallaron en Santa Clara.
El drama de estas dos familias que buscaban con desesperación a sus hijos es habitual en Mar de Plata: cada dos días y medio se hace una denuncia por la desaparición de un menor.
Según cifras oficiales de la Secretaría de Seguridad a las que accedió LA CAPITAL, desde abril del 2014 hasta el mismo mes de este año en la ciudad se denunciaron 253 desapariciones de personas de su hogar. El 56% de esos casos (141) fueron menores de entre 0 y 17 años.
La cifra representa que cada dos días y medio, la Policía recibió un pedido de averiguación de paradero.
La mayoría de los casos involucran a adolescentes de entre 13 y 17 años (124). Muchos de ellos tiene un factor en común: los chicos abandonaron sus casas porque se pelearon por los padres. Pero no solo ese: también suelen aparecer antes de la semana.
El proceso de búsqueda de los menores desaparecidos está a cargo de la justicia y la policía. Pero desde mediados del año pasado, la Municipalidad tomó un rol activo cuando un chico no vuelve a su casa. "Con el intendente Gustavo Pulti consideramos fundamental la protección a la niñez y adolescencia. Por eso hemos fortalecido esta Dirección en lo que se refiere a búsqueda de chicos y jóvenes, dando contención a la familia e interactuando con la policía y la justicia", explicó el secretario de Seguridad, Rodolfo Iriart.
Cuando un menor no aparece, lo primero que tiene que hacer la familia es ir a la comisaría. "Hay que radicar la denuncia en la jurisdicción policial más cercana o al 911", explica Gastón Herrera, director general de la oficina de Protección Integral a la Víctima. Y, enseguida, agrega: "El año pasado logramos que viniera a la ciudad la Dirección Provincial del Registro de Personas Desaparecidas quien, entre otras herramientas, aclaró que hay que derribar el mito de que hay que esperar 24 o 48 horas para hacer la denuncia. Muchas veces el mito fue impulsado por la propia policía para no tomar la denuncia. Pero debe quedar en claro que no es así".
Una vez que la familia realiza la denuncia, se pone en marcha un protocolo de búsqueda en el que participa la justicia, la policía y distintas áreas de la Municipalidad.
Bajo la consigna de "averiguación de paradero" comienzan a barajarse las hipótesis que desembocaron en la desaparición del menor.
- ¿Cómo funciona el protocolo de búsqueda?, le consultó este medio a Herrera.
- Automáticamente, la jurisdicción policial notifica a la Departamental a través del parte urgente y a su vez ésta notifica a la Secretaría de Seguridad Municipal. También se le da intervención a la Dirección de Asistencia a la Víctima para poder contener a la familia en ese momento de angustia y a su vez se le da rápidamente conocimiento a Defensa Civil, Tránsito, Inspección General para buscar a la persona desaparecida. Por supuesto que además participa la Dirección General de Niñez y Adolescencia, que es quien se ocupan de los niños en situación de calle.
- ¿Se trabaja en coordinación con la policía y la justicia?
- Trabajamos en conjunto con la bonaerense y los servicios de calle de la jurisdicción. Además este año, la Departamental, a cargo de Darío Torres, creó un equipo especial que está conformado por seis personas para que trabajemos de manera mancomunada en la búsqueda de estos pibes.
- ¿Cómo comienza la búsqueda de un menor desaparecido?
- En principio empezamos a conversar con la mamá, con el papá y los hermanos. Luego lo hacemos en la escuela y todo el ámbito cercano de las amistades. Ahí se comienza a definir si el joven desapareció por haber sido víctima de algún delito y por lo tanto fue retirado de manera forzosa de su casa o si en realidad se fue por un acto de rebeldía al estar enojado con su familia.
Problemas familiares
"En la mayoría de los casos tenemos una dificultad en la familia. En papás que están separados y trabajan todo el día pero cuando intentan ponerles límites a los chicos empieza el problema. Muchas veces el joven suele ponerse rebelde y en determinado momento toma la decisión de irse de la casa", explica Herrera. Y agrega: "En los casos que intervino la Municipalidad encontramos situaciones familiares complejas pero no hechos graves de violencia".
Una vez que el chico buscado aparece, se pasa a la siguiente fase del protocolo. "Con los menores de 18 años solemos tener respuesta rápida y se los encuentra. Es por eso que ni bien lo hallamos le damos aviso al 102, a Niñez y hacemos intervenir a la psicóloga. También los adolescentes van a cuerpo médico a ser revisados y luego la justicia analiza el caso para ver si corresponde la restitución a los padres. Hasta ahora tenemos la posibilidad de entregarles los chicos a los padres salvo en un caso que se lo entregó a la tía", cuenta Herrera.
Luego de que se comprueba el buen estado del joven y se define si regresará con su familia, el trabajo de la Municipalidad continúa. "Seguimos asistiéndolos psicológicamente desde nuestra área con intervención de Niñez para poder recomponer los lazos en esa familia y evitar que esa decisión la tome de nuevo porque la calle lo único que le puede deparar, sobre todo en la noche, no son cosas buenas", sostiene Herrera.
Las tribus urbanas
En los últimos meses, los investigadores de desapariciones de menores notaron una coincidencia: siete jóvenes que había escapado de su casa pertenecían a una misma "tribu urbana" que suele juntarse en el centro de la ciudad.
La Policía los halló a todos y encontró otra similitud: habían estado ocultos en la vivienda de otro integrantes de la su "tribu". "Hemos visto que en estos casos, los adolescentes se toman irse de su casa como un desafío, como una muestra de independencia de sus padres que está más allá de la rebeldía. Es una manera de decirles que van a hacer lo que quieren y que ya se creen mayores", detalla Herrera.
Y cuenta la metodología: "Los chicos que huyen de este grupo son amparados por compañeros de su tribu que son los que la terminan cobijando en la casas. En esto casos hay que destacar la desprolijidad de los padres de los chicos que ven a otro joven en su casa y no les dan aviso ni a la policía, ni a la familia ni a la Municipalidad".
El director general de la oficina de Protección Integral a la Víctima aseguró que se está trabajando para coordinar una mesa interinstitucional para abordar a este grupo de jóvenes "para ver cómo se puede trabajar para cambiarles la mentalidad". "Si no vamos a estar buscando un pibe todos los días", advirtió.


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