Mientras los discursos dominantes de este siglo mediático pretenden atomizarlos en redes virtuales de consumidores on line o, a lo sumo, abrirles el espacio público de los shoppings para que cumplan el papel de floggers, la presencia de miles de jóvenes en los homenajes a Néstor Kirchner llamó la atención al punto de que comenzó a hablarse del renacer del interés por la política en esa franja de la población.
Jóvenes que aportan su nueva impronta en el rescate de viejas banderas políticas, por dentro o no de las estructuras partidarias, dialogan con otros que luchan por respuestas a sus necesidades concretas y cotidianas. En la universidad o en la calle, con una mirada barrial o latinoamericana.
Para la concejala Norma López, referente local del Frente para la Victoria (a nivel provincial, del Movimiento Santafesino por la Justicia Social), “la participación política de los jóvenes excede al kirchnerismo, aunque aparece muy ligada a él”. Entre las formas que adopta esa militancia, López menciona un “fuerte anclaje territorial orientado como trabajo social”.
Se trata de una juventud “tanto de sectores humildes como de clase media, a la que el kirchnerismo supo interpelar”. Y no sólo peronista, sino “de otras formaciones políticas o incluso inorgánicas”, que con frecuencia se vinculan a través de redes sociales como twitter, facebook y los blogs.
El desafío, admite, incluso frente a “esos jóvenes que irrumpieron en el 2001, muchos de ellos nuevos pobres con otra forma de plantear sus derechos y reivindicaciones, es cómo ofrecerles un marco orgánico que dé continuidad a su participación”.
Afuera, adentro. En los 70 los jóvenes activistas se “proletarizaban” en fábricas o militaban en barrios y villas. Hoy los chicos hablan del “territorio”.
Claudia Fleitas (32) tenía 23 años en 2001, cuando empezó a militar en el Movimiento Popular Libertador San Martín Frente Transversal y hoy sostiene un trabajo “básicamente territorial” en dos barrios: Molino Blanco y Arroyito. Con 170 jóvenes formaron una murga —devenida luego “la comparsa más grande de Rosario”, dice orgullosa— y también el grupo de cumbia El Bloque, integrado sólo por hijos de familias numerosas.
“Dar contención”, “abrir espacios culturales y de juego”, “recomponer vínculos”, “acercar a las mamás”, figuran entre las metas de esta militancia “social y política” que, según Claudia, “más que crecer, ya atraviesa un proceso de maduración”. Esos objetivos remiten a su iniciación como militante en un “movimiento de resistencia al neoliberalismo de Menem, que desintegró la familia y nos dejó a los jóvenes a merced del alcohol y la droga en las esquinas, con papás que no pudieron zafar del alcohol y la violencia”.
Esta acción territorial y originada por fuera de los partidos hoy parece una tendencia. Juan Monteverde (25) es de los que aprendieron a militar militando, en función de las experiencias que la agrupación Giros fue recabando en el barrio Nuevo Alberdi, donde los primigenios proyectos culturales y de contención social dieron luego lugar a una lucha directa contra los proyectos inmobiliarios “privatizadores” que, para la agrupación, generan y profundizan la exclusión.
Juan valora “la militancia autónoma, por fuera de los partidos”, como algo propio de la juventud. “Cuando uno no tiene los compromisos de una vida más consolidada se puede concebir la política como otra forma de vida que no implique sólo seguir a un líder o trabajar en una campaña, sino trazarse objetivos de transformación social. Luchar por cuestiones que nos trascienden como individuos y como generación”.
En el territorio de Empalme Graneros, desde hace tres meses Julia Marchetti (23) y otros 17 pibes trabajan cuatro veces por semana en la Biblioteca Popular Liliana Angelozzi (Génova y Garzón). Allí concurren chicos del barrio a talleres expresivos y apoyo escolar, pero las metas van más allá: “tender lazos sociales”, “fortalecer vínculos con el otro”, “construir una sociedad que nos haga mejores a todos”.
Y la territorialidad parece suficiente para contener ese trabajo, ya que Julia se presenta como “apartidaria”, pese a que su mamá —cuyo nombre lleva la biblioteca— militó en el mismo barrio, desde la JP.
Cuándo. Puede que la multitudinaria presencia de jóvenes en la plaza de Mayo para despedir a Kirchner haya hecho visible lo que ya existía. O puede que su muerte haya acelerado los tiempos en el traspaso de mandos a otra generación. Para Eduardo Toniolli (33), dirigente del Movimiento Evita y de Hijos, la muerte del ex presidente “reveló algo que ya existía porque siempre estuvo: aun en pleno auge del neoliberalismo menemista había militancia joven, en aquel momento en forma de resistencia”.
Vuelto en 1985 del exilio junto con su madre, la diputada provincial Alicia Gutiérrez, este hijo de desaparecido comenzó a militar en la secundaria, en los 90, cuando “se institucionalizó el neoliberalismo y no sabíamos qué queríamos, pero sí lo que no queríamos”.
“Hijo de 2001”, Monteverde evoca sus comienzos en Giros como “pibes boyando inorgánicamente” que se habían juntado al no sentirse contenidos por estructuras partidarias clásicas. “Buscábamos lo autónomo: no teníamos experiencia previa, no nos conformaba nada, pero la opción fue armar algo. Giros nació como una negación”, recuerda el joven que admite haber sido politizado por su padre, militante del PC.
Para Julia, aun cuando no logre “explicar muy bien la conexión”, la puesta en marcha de los Juicios por la Verdad abrió “una nueva puerta” para la militancia social. “Quizás es porque no estamos cómodos con esta realidad y pensamos que con una militancia política, no necesariamente partidaria, es posible cambiarla”.
A Noelia Mejías (19) el impulso hacia la militancia le llegó con la crisis entre el gobierno y las entidades ruralistas. “No siempre me interesó la política. Tenía opiniones, pero no hacía nada. En 2008 tuve un click, una parte de la sociedad salió a defender intereses que no son los de todos y quise que supieran que estaban equivocados. Quise sentirme parte”, cuenta Noe, estudiante de trabajo social e integrante del Movimiento Evita.
Toniolli también ve un mojón en el conflicto de 2008. “Muchos jóvenes con vocación de transformar vieron que quienes siempre fueron los dueños de todo en el país salieron a poner la cara contra un gobierno que pretendía romper con eso”.
Algo es seguro, al margen de las intenciones de Kirchner, es innegable su figura en este proceso.
Sin ser “K”, Monteverde rescata del fallecido ex presidente que la política pueda ser “algo más cercano y no cuestión de extraterrestres”.
Para el militante de Giros, las leyes que impulsó esta gestión potenciaron la política con debates sociales. “Hoy muchos tuvieron que empezar a discutir, y la política ya se discute en todo. El desafío es ver qué política vamos a discutir. La palabra está, hay que discutir el sentido”.
Opositor
El presidente de la Federación Universitaria R, Laureano Sanmartino (Franja Morada), no es tan optimista. Dice que “hay participación política entre los jóvenes, pero no tan pronunciada como se pretende”, y que el kirchnerismo “no la alienta”, lo que se ve en la UNR, donde “el 95 % de las agrupaciones son opositoras”.



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