Bussi salvó a José Alperovich de la “colimba” en plena dictadura

Bussi salvó a José Alperovich de la “colimba” en plena dictadura
Un pedido personal de León Alperovich. El padre del gobernador fue un generoso aportante al “Fondo Patriótico Azucarero” de los militares. Jugosos entretelones.

“Recuerdo siempre con un gran aprecio a León Alperovich, un hombre muy trabajador, un ser excepcional”, señala Antonio Bussi en el libro “Mi padre el general”, que editó recientemente su hijo José Luis.

Los aportes de Alperovich al Fondo Patriótico Azucarero sirvieron para establecer una relación muy afectuosa, que incluyó intercambios de favores, como la excepción a la “colimba” para el hoy gobernador José Alperovich, en 1977.

Así se relata en la biografía prohibida de Alperovich.

Veamos este picante fragmento del libro “El Zar Tucumano”:

León Alperovich echó raíces en Tucumán cuando tenía 22 años. De origen lituano, llegó a la provincia después de haber peregrinado por Las Palmeras, un pueblo santafecino cercano a Ceres y a unos 75 kilómetros de Rafaela.

León abandonó su hogar desde joven, peleado con su padre por un problema doméstico. “O matás ese animal, o te vas de la casa”, lo ultimó su padre.

León, fiel a sus convicciones, ya que había criado a ese potrillo y tenía una amorosa debilidad por los animales, desobedeció a su padre y buscó refugio en un tambo cercano. Luego trabajó de distintos oficios en la zona. Entre otras cosas, León se dedicó a la venta ambulante de pescados junto con su amigo Salomón Rojkés. Como una ironía del destino, los hijos de ambos, unos 30 años después, se casaron y son hoy el matrimonio tucumano más poderoso.

El desembarco de León en Tucumán fue el 18 de marzo de 1948. Se instaló inicialmente en la ciudad de Concepción, al sur, pero al año siguiente se mudó a la capital, según se precisa en la investigación "León Alperovich. Trayectoria y obra de un pionero", producida por Elisa Cohen de Chervonagura y Guido Mossé.

“León fue ingenioso en los negocios. Era duro negociar con él. Creció de la nada a tener una fortuna que hoy ostentan los hijos y los nietos, y que tiene como objetivo seguir creciendo”, describió Jaime Salamon, el presidente de la Kehilá (comunidad judía) de Tucumán.

Humilde y trabajador, León construyó a fuerza de voluntad su perfil empresario. Sus logros no fueron un regalo, sino que fueron la conquista a la que le precede un historial de sacrificios. De vendedor ambulante y comerciante textil, le dio origen a la concesionaria de autos, devenida hoy en una empresa familiar que diversificó su oferta mucho más allá de los vehículos.

León Alperovich inauguró en 1960 la primera concesionaria, que por entonces comercializaba únicamente vehículos Dodge. Se lo solía ver en la construcción del local siguiendo de cerca la evolución de la obra, pese a los dolores de espaldas que lo aquejaban.

Siempre se preocupó para que sus hijos tomaran la posta. Desde que eran jóvenes les predicó el legado empresarial. Tanto es así, que intercedió en persona ante Antonio Domingo Bussi para evitar que su hijo José, a los 21 años, fuera parte del servicio militar, por entonces obligatorio, según recordó la historiadora Marta Ezcurra, vieja amiga y ex vecina del padre del gobernador.

Esto sucedió en 1976, en plena dictadura militar, con el general Bussi a cargo de la gobernación.

Ya por esa época, León comenzaba a delegar trabajo en sus hijos, como una suerte de adoctrinamiento.

Ubicó a José al mando de la concesionaria mientras él se dedicaba al nuevo rubro: el Hotel República. A León se lo veía barrer la vereda del edificio por las tardes y, a veces, cargar de frutas y verduras el auto para abastecer el bar del hotel. No confiaba en sus empleados. Yendo él mismo a hacer las compras se aseguraba de conseguir el mejor precio y, sobretodo, que los empleados no se quedaran con los vueltos. Le gustaba estar en todos los detalles. Controlaba todo.

“Mi padre es una persona muy inteligente. Tuvo una crianza muy difícil y creció por la dedicación al trabajo y por la honestidad, que es lo que nos inculcó siempre”, dijo Sara Alperovich, hermana del gobernador.

León no tardó en volver a la concesionaria, al ver que su hijo dividía su tiempo en atender la empresa familiar y sus primeros pasos en la política. León se mantuvo firme para no desviar el objetivo del grupo económico más importante de la provincia.

José Alperovich heredó de su padre la habilidad para los negocios. “Es rico porque su papá es rico. En tiempos del corralito y el corralón se hablaba que tenía sumas millonarias en dólares en plazo fijo en el Banco Empresario y de algunas centenas de departamentos en San Miguel de Tucumán. El papá hizo una fortuna importante y no me consta que él la haya incrementado”, comentó el diputado nacional oficialista Alfredo Carlos Dato, ex presidente de la Corte Suprema de la provincia.

Salamon, en cambio, se permitió la duda sobre el incremento del patrimonio.

“Seguramente la fortuna creció desde que está en el gobierno. Pero no fue solamente por eso. La familia se planteó un objetivo: crecer. Por eso venden todas las marcas de autos, o te das vuelta y te ofrecen un departamento o un campo”, planteó el prosecretario de la Delegación de Asociaciones Israelitas (DAIA) y referente de la comunidad en Tucumán.

La astucia empresarial de la familia Alperovich se reflejó en 2008, cuando el mundo fue sacudido por una crisis económica que decretó la quiebra de varios gigantes, como Lehman Brothers, la compañía americana de servicios financieros que lucía imbatible en Wall Street.

En octubre de ese año, el ex titular del Banco Central Martín Redrado, enfrentado con el kirchnerismo, dio a conocer un listado de personas y empresas que habían comprado dólares a montones como un rapto especulativo por la crisis que amenazaba con acentuarse. En las anotaciones de Redrado figuraban los inversores Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Alberto Rodríguez Saá, entre otros. También aparecían el Gobierno de Tucumán y León Alperovich, que habían comprado 1.944.327 y 2.000.000 de dólares, respectivamente, según publicó el semanario Perfil.

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