El conflicto desatado en el Parque Indoamericano derivó en críticas hacia el Jefe de Gobierno. Los vecinos de las nuevas torres de la avenida Castañares se quejan porque el IVC demora la entrega de departamentos. “Una vivienda vacía es una tentación”, señalan. Además, cuestionan que la Metropolitana los dejó “solos” en el enfrentamiento con los ocupas.
El recuerdo del terror vivido anoche los mantiene alerta. Los mayores no durmieron ni un minuto luego de una pelea casi cuerpo a cuerpo con otros –igual de humildes, igual de trabajadores- por un techo para su familia. Los más chicos tampoco pegaron un ojo: los piedrazos y el tortuoso sonido de los tiros hicieron que muchos se tiraran debajo de la cama. Otros prefirieron dormir dentro de la bañadera.
Uno de los nuevos complejos se levanta sobre la avenida Castañares, límite entre Soldati y Parque Avellaneda, frente a la zona edificada del Parque Indoamericano. Son trece edificios que fueron construidos a través de cooperativas con préstamos del Instituto de Vivienda de la Ciudad. Diez años atrás, las cooperativas- que en algunos casos agrupan a trabajadores municipales o miembros de la Prefectura, por ejemplo- presentaron sus proyectos y el IVC aprobó la iniciativa. Terminado el complejo, los propietarios se comprometieron a pagar durante 30 años cuotas que rozan los mil pesos.
Las torres fueron ayer el botín por el que pelearon los propietarios y quienes están ocupando gran parte del Parque. Cerca de las 18, los ocupantes quisieron dividirse parcelas en la zona parquizada. Algunos comenzaron también a “rondar” sobre Castañares con la intención de ingresar a los nuevos edificios o a los que todavía están en construcción.
Los vecinos comenzaron a organizarse para “defender” lo suyo, según dijeron a LPO. Taparon con maderas las puertas de blíndex de los edificios y las ventanas. Algunos reconocieron que también prepararon piedras y palos. LPO recorrió algunos departamentos y en tres observó un par de cachiporras también. No obstante, los vecinos aseguraron que nada tienen que ver con Eva Ferraro, la titular del Centro de Gestión y Participación 8 que ayer convocó a una marcha en contra de los ocupas.
“Ella se paseó por los edificios convocando pero nadie le dio bolilla. Trajo gente desde Liniers y esa zona. Nosotros no respondemos a ella, no tenemos nada que ver con barrabravas”, perjuró Miguel Ángel.
El anochecer fue el momento más tenso. “Las piedras eran del tamaño de un ladrillo. Los vidrios son buenos y por eso no estallaron, sino hubiese habido muchos heridos. Estaban a tres metros de la puerta y no había nadie para cuidarnos, ni un solo policía. Estábamos a la buena de Dios”, agregó el vecino.
La bronca contra el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, es doble. Por un lado le reclaman la falta de seguridad anoche. “Es un cobarde, un cagón. No se animó a mandar a la Metropolitana, para qué la tiene”, se escuchó en uno de los paliers. El Gobierno nacional también caía en las críticas. Hoy, una custodia mínima –dos o tres policías por cada 200 metros y dos patrulleros- hacía que los vecinos se sintieran “protegidos”.
Sin embargo, la irritabilidad viene de la mano de la ineficacia del IVC. Algunos departamentos deberían haber sido entregados a sus propietarios, por lo menos, hace tres meses. La burocracia hizo que algún trámite se demorara y algunos edificios que tendrían que estar habitados, están vacíos. Una bomba de tiempo en una ciudad en la que techo vale la vida.
“Esto no pasaba si todos estábamos viviendo acá. Nadie se va a meter donde hay una familia pero un departamento vacío es una tentación para esta gente”, razona Abel. Ayer vivía en Villa Celina, en La Matanza, hoy le dieron la llave en la oficina del IVC sobre Castañares.
LPO fue testigo de cómo varias familias iban llegando en la mañana con sus pertenencias. “Bienvenida, vecina”, era la frase más escuchada mientras la lluvia apaciguaba los ánimos. De todos modos, el discurso xenófobo iniciado por las autoridades macristas hacia los ocupas también se oyó en continuado.
“No tenemos nada contra ellos. Los bolivianos vienen los domingos a jugar a la pelota y hasta le damos agua. Pero así no son las cosas, nosotros trabajamos. Si no tienen dónde vivir, que se vayan a su país. Ayer, se peleaban por la parte donde están los juegos. Si un argentino va a Estados Unidos y toma un parque, enseguida lo cagan a palos”, interpretó Orlando que desde hace un mes se trasladó desde Monte Grande a su nuevo hogar.
Mate, galletitas, empanadas, pizza y un brindis con la Policía por “la seguridad” coronaron el mediodía.

Comentá la nota