Se trata de Nelson Jobim, quien era el titular del Ministerio de Defensa y cuestionó en público a la jefa de ministros y a su par de Relaciones Institucionales. El funcionario también había mantenido un cruce con la Presidenta por la apertura de archivos militares de la Dictadura. Asumiría Celso Amorim, canciller durante el Gobierno de Lula
La relación entre Rousseff y Jobim nunca fue la mejor. Tal es así que las diferencias se remontan al gobierno del ex presidente Lula da Silva, cuando ambos formaban parte del Gabinete. Rousseff, ex presa política durante el régimen militar de 1964-1985, impulsó la creación de una Comisión de la Verdad mientras se desempeñó como ministra de Energía y luego como Jefa del Estado Mayor. Jobim, en cambio, se opuso, al igual que las Fuerzas Armadas.
Pero éste no fue el único -y último- desencuentro entre ambos. La brecha se agrandó cuando, para sorpresa de muchos, Jobim contó que, en las elecciones presidenciales del año pasado -en las que Dilma se impuso y logró así reemplazar a Lula- votó al opositor socialdemócrata José Serra.
La gota que rebalsó el vaso fueron las declaraciones a la revista Piauí, en las que criticó a la jefa de ministros, Gleisi Hoffman, ("No conoce Brasilia", afirmó) y a la ministra de Relaciones Institucionales, Idele Salvatti, de quien sostuvo que "es debilucha".
Salvatti replicó a rápido a Jobim, aunque con mesura. "El ministro (Jobim) debería contenerse un poquito, creo que ha hecho declaraciones innecesarias", afirmó quien es considerada una de las funcionarias más próximas a Rousseff.
La reacción de Rousseff fue contundente. La presidenta apuntó fuerte contra Jobim, quien se encuentra actualmente de paso en la Amazonia. "Si pudiera le buscaría un cargo a Jobim en la Amazonia y lo dejaría allá", dijo Dilma a uno de sus colaboradores. Pero no se quedó ahí. Enseguida se conoció que la mandataria se comunicó personalmente con el funcionario, quien estaba en el cargo desde 2007, para pedirle su renuncia y delinear una salida elegante.
La situación se tornó muy difícil para Jobim, a quien hasta Lula Da Silva le salió al cruce. "Hay cosas inentendibles, eso de hablar de otros ministros... es más fácil hablar bien de la gente, es mucho más tranquilo. Pero es un problema de la presidenta Dilma, yo no voy a hablar desde aquí", afirmó el ex mandatario desde Bogotá.
Ya con el escándalo desatado y en un intento por rebajar la tensión, Jobim desmintió haber realizado esas declaraciones. Fue demasiado tarde. La indiferencia de Rousseff a su retractación fue la señal de que no había retorno. Así, sin margen de maniobra, presentó su renuncia.


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