Con una actitud si se quiere prudente, Brasil decidió avanzar rápido en sus negocios con Cuba. Especialmente en aquellos terrenos en los que no hay veto posible de los EE.UU. por el empleo de "componentes sensibles". Una misión liderada por el ministro de Desarrollo e Industria Miguel Jorge, a quien acompañaron las principales constructoras brasileñas, dejó un saldo notable. Se firmó un acuerdo por 300 millones de dólares, en préstamo al gobierno liderado hoy por Raúl Castro, que implicará la remodelación y ampliación del puerto de Mariel, a 45 kilómetros de La Habana.
La firma del préstamo de 300 millones de dólares para la reconstrucción del puerto está vinculada a la posibilidad de Cuba de exportar petróleo y derivados. Esto es, a las facilidades que ofrezcan a las multinacionales del petróleo, Petrobras incluida. Lo notable es que se trata del puerto de Mariel, de donde surgió el nombre de Marielitos, como se llamó a los cubanos que en 1980 partieron desde allí hacia EE.UU.. Tiempo después, Washington acusó a Fidel Castro de enviar a EE.UU. la "escoria" cubana.
En una conferencia de prensa ofrecida al final del viaje, el ministro Jorge sostuvo que la misión que acaba de dirigir en Cuba "se inserta fuertemente " en la estrategia brasileña de aproximación a los países del Caribe, de América Latina y de Africa.
De acuerdo con el colaborador del presidente, de lo que se trata es de penetrar en otros sectores, no primarios sino de punta, como informática y comunicaciones. No hay chances de avanzar en esos terrenos si EE.UU. no levanta definitivamente el embargo, tal como Obama comentó a Lula en conversaciones telefónicas.


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