«Binner no desalienta como Alfonsín»

El sociólogo e historiador Marcos Novaro afirma que el mayor problema de la alianza radical-peronista, que tiene su principal eje en provincia de Buenos Aires, es su postulante presidencial: Ricardo Alfonsín.
El sociólogo e historiador Marcos Novaro afirma que el mayor problema de la alianza radical-peronista, que tiene su principal eje en provincia de Buenos Aires, es su postulante presidencial: Ricardo Alfonsín. “Es muy mal candidato. Mientras la gente más lo conoce, más crece su imagen negativa”, dice este profesor de Teoría Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en una entrevista con LaCapital. Como contraste, lo pone a Hermes Binner, de quien dice que si bien “habla poco”, cuando lo hace “no desalienta” como el candidato de la UCR.

   El investigador de Conicet y director del Centro de Investigaciones Políticas (Cipol) descree que el oficialismo tenga las elecciones ganadas. Argumenta que el apoyo seguro de Cristina, del núcleo duro ideológico, no supera el 25%. Además, observa dificultades en la estrategia política, como el armado en Buenos Aires y Córdoba. También señala como hechos negativos para el gobierno el caso de corrupción que envuelve a Madres de Plaza de Mayo, la polémica en el Inadi y la distancia que intenta poner con Hugo Moyano.

  —¿Le causó alguna sorpresa la postulación de Cristina?

   —No, estaba recontrajugada. Me parece que fue dilatando las cosas de un modo bastante estratégico. Podía ser candidata cantada sin decirlo y sin pagar el costo de estar peleando por el poder. Cristina estaba en una situación ideal por la ventaja en las encuestas después de la muerte de Néstor Kirchner y la comunión que logró con la sociedad a partir de ello. Todos los demás (candidatos) están en el llano tirando cascotazos y ella flota por encima. Pero hacia el final comenzó a debilitarse esa posición porque algunos hechos se la empezaron a manchar.

   —¿Como cuáles?

   —Algunas situaciones por el lado del peronismo bonaerense y del cordobés. En esos dos distritos, el gobierno se ha manejado muy mal. Eso comenzó a generar ruido. Y se le sumó lo de Schoklender, más la pelea entre Morgado y Rachid en el Inadi. El lanzamiento quedó un poco deslucido por estas situaciones. Ahora hay que ver si eso marca un cambio de tendencia. El gobierno va a tratar de evitar ese cambio procurando que la campaña se reduzca al mínimo, que pase lo más desapercibida posible, como las elecciones distritales que se vienen. Al kirchnerismo le va a ir bastante mal en la ciudad de Buenos Aires, y peor en Santa Fe y Córdoba. Si ellos minimizan la campaña, le pueden dar continuidad a la ventaja que tienen.

   —¿Esa ventaja se reduciría con el clima que se puede crear con las elecciones en distritos adversos?

   —Creo que sí. Mientras a Cristina le fue bien en esa comunión espiritual con el pueblo tras la muerte de su esposo, la oposición pagó todos los costos habidos y por haber por los errores que acumuló y siguió cometiendo en la decantación de candidatos y de alianzas. Ese proceso ha sido muy costoso y le ha significado una pérdida de popularidad muy grande a casi todas sus figuras. El que menos perdió fue Binner, pero porque es el menos conocido y el que viene más de atrás. Alfonsín, Duhalde y Carrió tienen una consideración más negativa que Cristina.

   —¿Cree que el caso Schoklender puede hacer mella en el oficialismo?

   —No es solamente Schoklender. Se suma el caso de los hijos de Herrera de Noble, las disidencias que se empieza a ver en el movimiento de derechos humanos y el modo de cooptación del kirchnerismo. Lo de Rachid es parte de lo mismo. El kirchnerismo cooptó a lo peor de estos organismos sociales, a los tipos más virulentos y poco confiables. El gobierno quiere meter preso rápido a Schoklender, y el problema ahí es que hubo tanta guita circulando, tanta gente involucrada que es muy difícil meter preso al ex apoderado de las Madres sin que eso no se convierta en una bola de nieve. Es como resolver el tema Moyano. El gobierno pensó que podía acorralarlo y destituirlo rápidamente. No es tan fácil, porque Moyano es muy hábil y además tiene recursos. Me da la sensación de que el kirchnerismo se maneja muy mal con sus aliados y han perdido el control de algunos de ellos. No es que Moyano y Bonafini quieran que Cristina pierda, pero objetivamente no están ahora en condiciones de ayudarla electoralmente.

   —¿Cuál es el sentido de las primarias si ningún candidato va a competir con otros de su mismo partido o alianza?

   —Es una oportunidad para que haya una especie de reacomodamiento de la distribución de poder entre el oficialismo y la oposición. En términos de preferencias, el gobierno no está tan fuerte. El voto a Cristina, el voto duro, convencido, es de alrededor del 23 o 24%. Si el gobierno saca menos del 40% en la interna, es un muy mal antecedente para la primera vuelta de octubre. Eso los está preocupando, por eso largan a correr la bola de que se podría suspender.

   —Pero también Carrió y Stolbizer se pronunciaron en contra de las primarias.

   —Sí, pero ahora el que puede ser más perjudicado es el kirchnerismo. Me da la impresión de que el gobierno podría utilizar el planteo judicial de algunos partidos minoritarios para tratar de deslegitimar esa elección.

   —Alfonsín está entusiasmado con esa interna, porque supone que va a salir segundo y después captaría el voto útil...

   —Esa es la expectativa de los radicales, que creen que pueden forzar una segunda vuelta tras la elección de octubre. Pero a la UCR le va a ir muy mal en la ciudad de Buenos Aires. Y si les va bien en Santa Fe es porque a Binner le va a ir mejor. Eso puede reproducirse en Córdoba si Juez le gana a De la Sota o sale segundo. El terreno donde pueden recuperar es en provincia de Buenos Aires y el interior profundo del país. Pero la situación no va a estar tan fácil para que la UCR salga segunda. El problema que tiene la alianza radical-peronista es Alfonsín, que es un candidato muy malo. Mientras la gente más lo conoce, más crece su imagen negativa. Alfonsín interviene, habla y la gente dice: “A este tipo no lo voto”.

   —¿Y la candidatura de Hermes Binner?

   —Hay que ver cómo procesan el desplante de Solanas, que creo que fue producto de un exceso de confianza de los socialistas. Ellos se avinieron a abrazarse con Solanas y, ante ese hecho, él se creyó el dueño de la situación para poner y sacar candidatos. Solanas va a salir tercero lejos en la elección porteña y por lo tanto se pincha su figura. Creo que buena parte de la gente que acompaña a Solanas se va a ir con el Frente Amplio Progresista. Ahora hay que ver cómo Binner se convierte en una candidato nacional, pero tiene una ventaja sobre Alfonsín, que es que habla y no desalienta, aunque Binner habla poco...

   —Por la forma de hablar, algunos analistas porteños trazan un paralelo entre Binner y De la Rúa. ¿Lo ve así?

   —Binner se parece a muchos políticos tradicionales y a algunos nuevos, porque Binner, con su estilo de hablar de la gestión y de un discurso muy poco político, es bastante parecido a Macri y a De Narváez. Lo que lo pone en una condición de que puede recoger voto progresista, pero también independiente, de centro y hasta de derecha. La idea de un tipo honesto, trabajador, que se preocupa de la gestión es algo que le puede gustar mucho al votante porteño de Macri. Eso, bien trabajado, es una gran ventaja. Al mismo tiempo puede atraer parte del voto progresista de clase media desencantada con el kirchnerismo. Binner tiene muchas posibilidades y hay que ver si eso se convierte en un crecimiento electoral. l

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