Por Jorge RosalesUn año atrás, cuando la campaña electoral entraba en su fase final, el Gobierno inyectó millones de pesos en áreas pobres del conurbano bonaerense con el objetivo de seducir a cientos de miles de votantes. Los aplausos y el agradecimiento de los beneficiarios de la ayuda oficial generaron en el kirchnerismo la impresión de que las elecciones estaban ganadas. Error. La dignidad pudo más que las necesidades y el voto fue a las urnas de la oposición.
La idea de que se puede manipular al electorado abriendo una caja millonaria para financiar bienes de consumo de la esquiva clase media y media baja los llevará a cometer el mismo error. El divorcio entre el kirchnerismo y la clase media es estructural, y a estas alturas no hay plata que pueda torcer esa realidad.
La clase media, la misma que en 2007 no voto por Cristina Kirchner y en 2009 lo hizo en contra de los candidatos del kirchnerismo en los grandes centros urbanos, exprimirá hasta donde pueda el vastísimo menú de ofertas de consumo, y a la hora de votar dejará a los LCD, a los autos y las viviendas en la puerta del cuarto oscuro.
Ese sector de la sociedad, al que el kirchnerismo pretende atraer para que lo voten en 2011, utilizará todos esos instrumentos financieros fogoneados desde el Estado para fugar de la inflación, el flagelo que a los pobres los deja sin chances y los castiga sin piedad.
Según una reciente encuesta de Julio Aurelio, la inflación, la corrupción y la inseguridad constituyen las tres mayores preocupaciones de los argentinos. Ese trabajo se hizo fundamentalmente en los grandes centros urbanos, donde reside el electorado al que el kirchnerismo pretende atraer.
A pesar de que la mitad de los consultados dijeron que su situación económica familiar era buena, casi el 70% consideró negativa la realidad económica del país. Un cuadro de la Argentina real que no ayuda a las expectativas del kirchnerismo.
La evaluación negativa de la gestión del Gobierno y de la administración de Cristina Kirchner crece más cuando el foco se posa en la Capital Federal y en las capitales de provincia, donde habita la clase media.
La clase media se escandaliza con las denuncias de corrupción, con la falta de transparencia, la presión sobre la Justicia o con los aprietes del secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Por eso, el Gobierno se equivoca si cree que podrá seducir a ese sector alentando la compra en cuotas.
Hay bienes que no tienen precio. O mejor dicho, no hay billetera que alcance cuando el divorcio es definitivo.



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