Bielsa y Perotti van por el reutemismo

Como en un juego de truco que se consume lentamente en la noche, y con todos jugadores mintiendo una y otra vez sobre presuntas cartas fuertes que dicen tener, pero que no tienen, los cinco candidatos peronistas de la provincia de Santa Fe viven jornadas intensas, algo así como la supervivencia del más apto. O del que mejor logra infundir temor en el adversario.
   En verdad, de los cinco candidatos, a estas horas, hay dos virtuales, que dicen que están sentados a la mesa, pero ya no están, se fueron: Ricardo Spinozzi y Juan Carlos Mercier.

   Agustín Rossi, Rafael Bielsa y Omar Perotti siguen en carrera. El Chivo pisa sobre seguro y recién en las últimas horas se sabrá si pesca alguna pieza de buen porte —intendentes, candidato a senador— de ese lote sin encuadramiento que, como suele ocurrir, espera hasta el final para definirse.

   Bielsa arma y puja con la ayuda del eterno Juan Carlos Chueco Mazzón, un funcionario nacido en la provincia de Santa Fe, con despacho en la Casa Rosada desde los tiempos del menemismo, aunque sin interrupciones desde que Eduardo Duhalde lo devolvió a Balcarce 50, y tanto Néstor como Cristina Kirchner lo mantuvieron en su lugar. También son puntales en ese armado el psicólogo e intendente venadense José Luis Freyre, y el diputado nacional y presidente de la estratégica Comisión de Presupuesto, Gustavo Marconato.

   De esa sociedad surgen las más audaces puestas en escena, con la infaltable máquina de humo funcionando a pleno. Todo dependerá, en un futuro cercano, del arte que tengan los foguistas por darle, o no, densidad al humo bielsista, y así convertirlo en un armado político real, competitivo y ganador.

   Spinozzi, presidente del PJ de la provincial, por su parte, gastó unos cuantos pesos para colocar gigantografías con su imagen en las rutas de la provincia. Pero nunca logró despegar en las encuestas. Cuando aceptó que la situación era irreversible buscó mezclarse con el armado de Rafael Bielsa. Pero su mentor, y jefe político, Carlos Reutemann, al regreso de Estados Unidos, lo paró. Y todo quedó en estado gaseoso, al menos por estas horas.

   El truco gana en nerviosismo según pasan las horas. El último sábado, una veintena de dirigentes referenciados con el Tino Spinozzi se reunieron en Venado Tuerto para determinar el futuro, como informó La Capital. En ese plenario, el Tino le anunció al puñado de intendentes fieles que se bajaba de la candidatura. Aunque luego, claro, cayó en la cuenta de que lo conveniente era decir lo contrario en los medios de comunicación. Y así fue, anunció, trascartón, “sigo en carrera”. Candidato que no mide, y que se baja, después no tiene espaldas para negociar lugares en las otras listas. La máxima está en el capítulo I de manual de la negociación política (sobre todo cuando el poder propio tiende a cero). Hoy, en Venado Tuerto, en un nuevo plenario, otra vez el reutemismo buscará definir para dónde se encamina.

   La tensión en el espacio del ex Peronismo Federal se agudiza a medida que se acerca el día 21 de febrero a las doce de la noche. Descartada la posibilidad de jugar con un candidato propio — tampoco Mercier logró asomar— Lole cavila entre el silencio o bien orientar a los suyos para: o ir detrás de un candidato kirchnerista, aunque heterodoxo, como Bielsa, que a estas horas desespera por obtener un apoyo del gran elector peronista y así consolidar una posición competitiva en su disputa contra Rossi. O converger con Perotti, el rafaelino, más afín a su perfil político y de mayor confiabilidad para Reutemann, aunque tercero, por ahora, en las encuestas del espacio peronista.

   Con el sonoro acuerdo del pasado 5 de febrero, el peronismo logró orientar a sectores ideológicos distanciados hacia un mismo marco electoral. Ahora, con el reloj consumiéndose, las pocas horas que restan hasta el cierre de las listas, los sectores peronistas buscan imponerse mutuamente hegemonías territoriales, tendencias de votos, hipotéticos triunfos, para lograr tras de sí la mayor cantidad de adhesiones posibles. Se juega un gigantesco truco en toda la bota, donde no son pocos los que apenas tienen un cuatro de copas. Pero pondrán cara de tener el ancho de espada entre sus dedos, hasta el último instante. l

Comentá la nota