En menos de 15 días de gestión, Arroyo ya enfrentó varias crisis, algunas heredadas y otras por mérito propio. A los golpes, logró resolverlas, pero deberá tomar nota a futuro.
“Acá el que se enoja pierde”, dice un refrán de la calle que tiene tantas aplicaciones como autores. Y la realidad del Municipio de General Pueyrredon también encaja en esa definición. Este martes, sentado en el sillón de su despacho, Carlos Arroyo miró por la ventana y vio el acampe de las familias cooperativistas que esperaban el pago de la plata adeudada. Alrededor suyo, silencio: los empleados municipales sostenían el paro por la falta de cobro del aguinaldo. Cuando pensaba que los problemas eran suficientes, un colaborador le informó que los recolectores de residuos no iban a trabajar esa noche porque tampoco cobraron el aguinaldo.
Muy lejos había quedado la explosiva salida de Julio Razona, el jueves anterior. Casi una anécdota pasó a ser el video en el que el intendente tildó de “hijo de puta” a Gustavo Pulti por la situación en la que le dejó el municipio. Arroyo lleva apenas 13 días como jefe político de Mar del Plata: tiene demasiados frentes de batalla para seguir sumando rivales. Las batallas, dice otro refrán popular, se dan de a una. Y –esto corre por cuenta del autor- con serenidad.
Ese panorama desolador que se veía 24 horas atrás, hoy miércoles, está encaminado: apareció la plata para el aguinaldo de los municipales y los recolectores y le pagó –una parte- a los cooperativistas. Sin basura en las calles y sin protestas sociales, Arroyo podrá pasar una Navidad más calma de lo que se presagiaba hace pocas horas. Sin embargo, la tensión vivida deberá dejarle algunas lecciones.
La guerra de José Reinaldo Cano y Gustavo Pulti es añosa y tiene tantos condimentos que ya no se los puede definir como rivales políticos. Ambos sienten un profundo desprecio personal por el otro y no se esfuerzan en disimularlo. Así, desde el 10 de diciembre a la fecha, el secretario de Hacienda arroyista hizo dos conferencias y decenas de entrevistas para contar números, cifras y desbarajustes que les dejó el líder de Acción Marplatense.
Es cierto que las finanzas de la Municipalidad están en rojo. Que Pulti abandonó la gestión sin terminar de pagar los sueldos y con deudas por todos lados. Pero también es cierto que la responsabilidad, ahora, es de la nueva gestión. Repetir una y otra vez cifras y denuncias que solo expertos entienden solo genera incertidumbre. No en el exintendente, sino en los trabajadores y las familias que dependen del municipio para cobrar.
A esa incertidumbre generada por el propio Cano, también se le suman algunos dardos innecesarios. Arroyo pidió disculpas por no poder pagarles a los municipales, a los guardavidas y a los cooperativistas. Pero al mismo tiempo más de un funcionario salió por los medios a cuestionar las medidas de fuerza.
Sostener que los reclamos son justos y entendibles y luego argumentar que un año atrás el aguinaldo se cobró el 24 de diciembre sin que se produzca una medida de fuerza, para dar a entender que “hay algo detrás” es apagar el incendio con nafta. Lo mismo ocurrió con el paro de los recolectores. Decir todo lo que se piensa en el momento en que urge solucionar los problemas no es la mejor estrategia.
Especialmente porque no es el único problema que enfrenta Arroyo por estas horas. También tiene otros que son propiedad exclusiva de su gestión. El caso de Julio Razona tuvo trascendencia nacional: el secretario de Seguridad que asumió y a los 7 días renunció fue noticia en los principales medios de la Argentina. Y, encima, Razona se fue con críticas a la gestión Pulti por presuntos hechos de corrupción, pero a la vez con severos cuestionamientos al actual intendente.
Primero, le reprochó que no le avisara que se iba a reunir con el ministro de Seguridad bonaerense en La Plata. Sin ser tan específico, para el abogado penalista fue poco serio ir a una reunión para hablar del Operativo Sol con el presidente del Ente de Turismo y no con el responsable de la seguridad.
El segundo cortocircuito se dio por el equipo de Razona. “No era del agrado del intendente”, explicó Alejandro Vicente, secretario de Gobierno. Designar funcionarios es una atribución de Arroyo, nadie lo niega. Pero él mismo les el decreto de nombramiento (o al menos hizo la mímica de que así fue) en el Teatro Colón y además sabía quiénes eran y qué hacían antes de desembarcar en el municipio. Arrepentirse 7 días después es una muestra de que el plan, al menos en materia de seguridad, se va gestando mientras pasan los días.
A todo esto, Arroyo no quiere dejar su lucha contra el empresario más poderoso de la ciudad: Florencio Aldrey Iglesias. Ya se ha dicho desde este mismo espacio. Es saludable la decisión del intendente de que el dueño del multimedios La Capital deje de tener privilegios. Pero difundir una intimación a Aldrey, con la Municipalidad paralizada, sin recolección de residuos y pidiendo en un video “que Dios nos ayude”, parece más un acto desesperado por desviar la atención que la decisión de un jefe comunal de enfrentarse al poder real de Mar del Plata.
Con esfuerzo y algunos golpes, Arroyo salió de la primera crisis que enfrentó menos de 15 días de gobierno. No debe relajarse: en menos de 15 días debe conseguir más de $100 millones para pagar los sueldos de diciembre. Estas horas deberán servirle de experiencia para elegir los momentos de atacar con tres puntas o replegarse en el fondo y esperar el momento acertado para contragolpear.





Comentá la nota