Aída Ayala se fortalece gracias a la oposición interna de Angel Rozas

Aída Ayala se fortalece gracias a la oposición interna de Angel Rozas

La precandidatura de la jefa comunal de la ciudad más importante de la provincia se apoya en su gestión y en el electorado independiente.

Lo nuevo en política puede ser un gobernante que lleva doce años al frente de la ciudad más grande de la provincia. Pese a los tres mandatos consecutivos, Aída Ayala se afirma en ese rol impulsada por los electores independientes que apoyan su gestión resistenciana y gana consenso en medio de una batalla interna con Angel Rozas que, impensadamente, la favorece.

La ingeniera que mal que les pese a los radicales de prosapia es la candidata natural a la Gobernación por esa fuerza se mantuvo en una posición de autonomía pese a las fuertes presiones que ejerció el exgobernador Rozas. El pinedense buscó -y busca- por todos los medios infiltrar la formación electoral encabezada por Aída con cuadros de Convergencia con la esperanza de que acaparar por lo menos una parte del poder el 10 de diciembre.

Pero Ayala midió a la sociedad chaqueña no sólo a través de las encuestas, sino con la sensibilidad que le proporciona el contacto directo con sectores sociales que le dejaron en claro algo central en su campaña: si crece como viene haciéndolo en los últimos tiempos es gracias a su independencia de criterios a la hora diseñar su propuesta electoral en la que predominan valores intrínsecos que la gente interpreta como señales de una nueva etapa donde la gestión se impone por sobre el aparato partidario.

Acertada o no la sociedad chaqueña, esa percepción colectiva impulsa a Ayala a cortarse sola en la interna de la UCR, aunque los de Convergencia vengan degollando. El motivo es la diferenciación que logró la intendenta gracias a un perfil netamente ejecutivo, donde no hubo lugar para la partidización. En otras palabras, el comité no se mudó a la Municipalidad de Resistencia como ocurría en la administración de Angel Rozas, quien mantuvo un modelo de uniformidad radical que generó resentimientos no sólo en el peronismo, sino en la sociedad que vio al exgobernador como un caudillo más.

El modelo caudillista no es ninguna novedad, cede bajo la presión de la hiperconectividad de relaciones digitalizadas donde la instantaneidad de una coincidencia masiva forma opinión a escala viral. Es el fruto de la interacción entre ciudadanos que son capaces de cambiar el sentido de su voto por simples señales como puede ser el vocabulario o los gestos públicos de un candidato. En ese terreno Ayala fue capaz de mostrarse como lo nuevo porque no pintó de rojo y blanco la sede municipal ni se calzó la boina blanca para caminar los barrios.

Rozas le critica justamente eso: su falta de fervor partidario en un contexto donde los reproches del ex gobernador son paradójicamente el combustible que instala con fuerza la imagen de Aída en el electorado independiente. Allí, en ese 50% de la población que no vota sellos, sino propuestas o personas, la figura de la jefa comunal adquiere visos de favorita porque en el ejercicio de la función pública se concentró en el papel institucional sin gastar energías en los entramados partidarios que el caudillo pinedense tejió al punto de eternizarse en el control de la UCR chaqueña.

Por todo eso, la jefa comunal representa lo nuevo en un horizonte político acotado a los personalismos de Capitanich y de Rozas. En cierto modo, el gobernador interino Juan Carlos Bacileff Ivanoff intentó enfrentar ese liderazgo perenne de Coqui en el peronismo, pero con una estrategia que lo convirtió en el elefante de la cristalería. Chiyo rompió todo aquello que lo rodeaba en un año de ejercicio del poder, mientras que la intendenta capitalina forjó su imagen con paciencia y sin quemar etapas. Los resultados están a la vista.

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA.

La llamada Dama de Hierro de la política chaqueña parece dispuesta a seguir con aquello de a Dios rogando y con el mazo dando. Nunca cierra el diálogo, pero sabe hasta dónde puede conceder sin poner en riesgo su autoridad y su perfil de mujer fuerte que se ha forjado un sello propio. Aída entiende que hay cuestiones de forma que pasan a ser de fondo según como las vea el electorado chaqueño y en esto de su relación con las viejas estructuras no tiene retorno. Sabe que su crecimiento depende de que sepa demostrar que es capaz de plantarse y está convencida de que a la hora de la verdad, la vieja guardia está obligada a ceder para no poner en riesgo los territorios que conserva el radicalismo. Ningún seguidor de Angel, con algo para perder se va a inmolar por el viejo caudillo que además no es ningún improvisado y sabe los límites que en política existen. Es consciente de que el radicalismo chaqueño no le perdona poner en riesgo la posibilidad de un triunfo que está a la vuelta de la esquina con un peronismo disporizado, con un gobernador a cargo que es un elefante en una cristalería y con un Capitanich que da signos de agotamiento en su relación con la política chaqueña, cómodo como está en las alfombras del poder nacional. No pocos son los que se preguntan si así como a Cristina le cierra más lo de Macri que lo de Scioli y así como a Carlos Menem le cerraba más lo de Fernando De la Rúa, que acaso el propio Capitanich preferiría un triunfo de Aída que le reserve el papel de jefe de la oposición. En el contexto de la realidad del peronismo chaqueño corre con el serio riesgo de quedarse sin el pan y sin la torta. Si gana un justicialista le quedará la duda de hasta dónde seguirá conservando la Jefatura del peronismo chaqueño, algo de por sí difícil, sea quien sea el gobernador.

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