Se reunirán con sus pares brasileños. A Brasil van unos 7.000 autos por semana.
Pero si bien los empresarios por ahora eligen mostrarse como si miraran desde la tribuna una negociación de la que no participan, los autos se les van acumulando. Cada semana, una terminal argentina despacha entre 500 y 1.800 vehículos, cada una, hacia Brasil.
La decisión del gobierno de Dilma Rousseff fue tomada el martes por la noche, hace hoy seis días. Eso significa que, además de las casi 3.000 unidades que ya estaban detenidas en la frontera en la noche del jueves, hay otras 4.000 unidades que están en camino o no pudieron ser despachadas. Y otras 7.000 unidades a las que el reloj les comenzará a correr en la noche del martes, y así mientras dure el conflicto. Tan imponente y compleja es la logística para abastecer a un mercado que este año está demandando casi 400.000 vehículos argentinos.
Contra lo que podría suponerse, miles de autos parados en las terminales no significa que ahora vayan a ser redireccionados hacia las concesionarias argentinas. Son vehículos equipados con motores que funcionan con alconafta y para una terminal resulta más costoso desarmarlos y reequiparlos que lo que están haciendo: dejarlos en un playón y esperar.
“El problema que se nos presenta no es necesariamente logístico. Eso se puede solucionar con el alquiler de predios. Pero se nos está generando una pérdida financiera”, se lamentó otro directivo. Detalló: así como las terminales se manejan con muy pocas reservas de autopartes (el sistema “just-in-time”), en lo financiero la lógica no es muy diferente.
Para este ejecutivo, un auto parado en la terminal es un activo sin vender.
Se gasta una cantidad de dinero en piezas, personal y la planta, que se recupera con la salida de ese auto. “Algunos tenemos espalda financiera, como para poder esperar algún tiempo a que este conflicto se resuelva. Pero la lógica de esta industria es que hay que vender un auto para poder fabricar el siguiente ”.

Comentá la nota